Además de su alto nivel futbolístico, su colorido carnaval y su exuberante y apasionado estilo de vida, Brasil se reconoce por albergar la mayor concentración de ecosistemas tropicales en áreas protegidas del mundo.

Aunque se trata de un hecho plausible, los resultados de una reciente investigación sugieren que no hay mucho que celebrar, ya que una parte sustancial de esos reservorios naturales es vulnerable a los efectos del cambio climático global antropogénico en curso.

Vulnerabilidad analizada

Para calcular el nivel de vulnerabilidad de las áreas protegidas (AP), el equipo de investigación, conformado por científicos de varias instituciones brasileñas, relacionó numéricamente las proyecciones de cambio climático para cada AP y datos espacialmente explícitos sobre el tamaño y la integridad de la vegetación dentro del área y en la zona de amortiguamiento (10 km alrededor) de cada área analizada.

De las 993 regiones evaluadas, 17 fueron clasificadas como “altamente susceptibles” a los efectos del cambio climático.

El estudio analizó la vulnerabilidad al cambio climático de 993 áreas protegidas en todo Brasil, cubriendo todas las áreas de más de 50 kilómetros cuadrados (km²), incluidos parques nacionales, estaciones ecológicas, reservas de desarrollo sostenible y territorios indígenas.

El equipo calculó la capacidad de recuperación de estas unidades y comparó estos resultados con el cambio climático proyectado para ellas, con base en los indicadores proporcionados por las instituciones gubernamentales y estudios previos.

El impacto probable del cambio climático y la capacidad de adaptación local (resiliencia) se midieron sobre la base de datos sobre la integridad de la vegetación nativa en y alrededor de las áreas protegidas, así como el nivel de aislamiento y tamaño. También se consideraron las estimaciones de los peligros ambientales relacionados con el clima producidas por estudios anteriores.

Áreas importantes

Este análisis reveló que, de las 993 regiones evaluadas, 258 fueron calificadas como “medianamente vulnerables” y 17 como “altamente susceptibles” a los efectos del cambio climático.

Las 17 áreas clasificadas como de alta vulnerabilidad al cambio climático junto con baja resiliencia suman un total de 20.611 km² y están ubicadas en los siguientes biomas: selva atlántica (7), cerrado (6) y Amazonas (4). Las 258 áreas con vulnerabilidad media se consideraron moderadas en términos de peligro y resiliencia.

Existe una falta de discusión sobre cómo las poblaciones indígenas pueden o deben adaptarse al cambio climático para que ellos y su forma de vida puedan continuar existiendo.

En referencia a estos hallazgos, el investigador Carlos A. Joly, académico en el Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de Campiñas en Sao Paulo y coautor del estudio, alertó:

“Las áreas protegidas son importantes para mitigar los impactos del cambio climático. Representan una gran reserva de carbono y mantienen los ecosistemas al preservar los polinizadores, los recursos hídricos y los servicios asociados con nuestras necesidades básicas y seguridad alimentaria”.

Además de su importancia crucial para la biodiversidad, muchas de estas áreas están habitadas por poblaciones tradicionales: tribus indígenas, comunidades pesqueras costeras, habitantes de ríos y campesinos. Más del 80 por ciento de las áreas clasificadas por el estudio como altamente o moderadamente vulnerables son reservas indígenas.

Al respecto, los autores del estudio resaltan a atención especial que merece este punto, dada la falta de discusión sobre cómo estas poblaciones pueden o deben manejar y adaptarse al cambio climático para que ellos y su forma de vida puedan continuar existiendo.

Referencia: A climate‐change vulnerability and adaptation assessment for Brazil’s protected áreas. Conservation Biology, 2019. https://doi.org/10.1111/cobi.13405