Meses atrás un estudio reveló que los eventos traumáticos durante la infancia, como haber vivido pobreza, mudanzas o inestabilidad residencial, así como el divorcio de los padres o el abuso de sustancias de parte de ellos, afectan significativamente la función ejecutiva en los niños.

La función ejecutiva comprende un amplio catálogo de habilidades cognitivas que permiten a las personas tomar decisiones importantes, y de esta forma solucionar problemas, cumplir con sus actividades diarias, lograr sus metas y proyectarse hacia el futuro.

Si partimos de las situaciones complejas mencionadas al principio, sería fácil pensar que un evento traumático como vivir una guerra durante la infancia puede influir negativamente en la función ejecutiva de los niños, por ejemplo.

Pero un estudio reciente realizado en adolescentes afectados por la crisis en Siria y publicado en Child Development ha descubierto que esto no es así. En realidad la situación de pobreza, y no la guerra, es lo que puede generar déficit cognitivos en los niños refugiados desplazados por el conflicto.

Catherine Panter-Brick, profesora de antropología en la Universidad de Yale e investigadora principal del estudio, destacó que este es el primer estudio de este tipo y que sus resultados ofrecen información relevante sobre los vínculos entre la adversidad infantil y la función ejecutiva:

“Nuestro estudio es el primero en evaluar las habilidades cognitivas en entornos de la vida real y en desenredar los impactos de la pobreza, la violencia, los niveles de inseguridad y los síntomas del trastorno postraumático para las poblaciones de refugiados y no refugiados. Ofrece información importante sobre los vínculos entre la adversidad infantil y la función cognitiva”.

Comparando jóvenes sirios desplazados con sus pares jordanos

El equipo estudió el comportamiento de 240 refugiados sirios (jóvenes desplazados) y 210 adolescentes jordanos no refugiados (jóvenes no desplazados) con edades comprendidas entre 12 y 18 años, que vivían en cuatro ciudades del norte de Jordania: Irbid, Jarash, Mafraq y Zarqa, las cuales han sido afectadas gravemente por la crisis bélica en Siria.

Entonces hicieron un experimento que consistía en asignarles tareas en dispositivos de tableta con el fin de evaluar sus habilidades relacionadas con la memoria de trabajo (la capacidad de tener en cuenta los objetivos) y el control inhibitorio (la capacidad de resistir los impulsos).

También les hicieron encuestas con preguntas relacionadas con su nivel de pobreza, niveles de exposición al trauma, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la inseguridad.

Los investigadores hicieron un análisis detallado de los datos recolectados en la misma a fin de determinar si alguno de estos factores tuvo influencia en el desempeño de los jóvenes en las tareas asignadas.

La pobreza y no el trauma de la guerra

Encontraron que los jóvenes desplazados y no desplazados de la muestra no presentaban mayores diferencias en su desempeño de memoria de trabajo o control inhibitorio, lo cual fue interpretado por los autores como que el trauma relacionado con la guerra no puede afectar negativamente la función ejecutiva de los individuos.

Sin embargo, sí se observaron asociaciones entre la pobreza familiar y la memoria de trabajo en los jóvenes desplazados. Los resultados indican que la pobreza familiar, y no el trauma y la violencia, es la que afecta este aspecto de la función ejecutiva, y por ende, puede dañar su capacidad de tener éxito en la escuela o en el ámbito laboral.

Los autores señalan que no vieron la asociación entre la pobreza familiar y la memoria de trabajo entre los jóvenes jordanos, esto se debió a que no existía suficiente variación en las condiciones económicas de los hogares evaluados en esta investigación.

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“La memoria de trabajo es importante para los resultados del aprendizaje, y lo que importa para la memoria de trabajo es la carga continua de la pobreza, más que la exposición pasada a la violencia”.

Este es el primer estudio enfocado en evaluar la función ejecutiva en jóvenes sitios desplazados y sus pares jordanos, y aunque los resultados fueron inesperados, coinciden con los de otros estudios recientes en niños estadounidenses que viven en la adversidad.

Este mismo equipo siguió trabajando con la misma cohorte de adolescentes sirios para desarrollar una herramienta que permita medir la resiliencia en ellos y evaluar la efectividad de una intervención humanitaria para mejorar la salud mental de los jóvenes afectados por la crisis siria.

Referencia:

Minds Under Siege: Cognitive Signatures of Poverty and Trauma in Refugee and Non‐Refugee Adolescents. https://srcd.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cdev.13320

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