Para el año 2050, se espera que la población haya superado los 10 billones de individuos. Si ya con la cantidad actual, estamos generando gastos de energía incalculables y una gran cantidad de desechos y factores contaminantes.

Por ello, si no tomamos acciones, solo nos queda esperar que los efectos de estas condiciones negativas se agraven. En conocimiento de ello, muchas empresas se encuentran realizando iniciativas que buscan evitar o disminuir el deterioro de las condiciones del planeta.

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Entre ellas, recientemente, hemos podido encontrar a la NASA. Esta se encuentra en conciencia de que el combustible consumido por sus misiones espaciales es enorme, al igual que la polución producida por el mismo.

Aun así, estos aún pueden ser vistos como hechos eventuales. Por los momentos, la NASA ha fijado su vista en otra fábrica de polución mundial que es de uso cotidiano en la Tierra: los aviones comerciales.

La cantidad de combustible y dinero que deben invertirse en cada una de estas máquinas solo se equiparan con los montones de polución que producen. En total, los vuelos comerciales tienen entre el 4 y 5% de poluciones anuales en el mundo. Para hacer algo al respecto, la NASA ha hecho una gran variedad de alianzas.

La NASA y General Electric (GE) trabajarán en equipo

Tras firmar un acuerdo por 12n millones de dólares, la NASA busca trabajar mano a mano con la empresa General Electric para desarrollar diseños funcionales de aviones eléctricos e híbridos. Para poder llevar esto a cabo, ambas organizaciones trabajarán mano a mano para desarrollar tecnologías de carbono de silicio –uno de los materiales más eficientes usados en la actualidad para los procesos eléctricos.

Para iniciar, buscarán poder crear equipos capaces de controlar al menos el poder de 1 megawatt –que es la potencia que necesitarían para funcionar hasta 1.000 hogares. Esto sería lo que necesitaría para despegar y volar un avión de poca tripulación.

La meta de esta colaboración es llevar la tecnología eléctrica e híbrida mucho más allá. Por lo que, tienen planteada la misión de ser capaces de desarrollar aeronaves comerciales que funcionen con hasta 20 megawatts.

Es cuestión de masa y volumen

Una pregunta que fácilmente podría surgir es: si sabemos que el combustible fósil de los aviones es dañino, ¿por qué no nos hemos mudado aún a la energía eléctrica. Principalmente, la respuesta a esta incógnita la encontraremos al fijarnos en las infraestructuras que son necesarias.

Por lo general, los equipos eléctricos necesarios para manejar los niveles de poder que requiere un avión son demasiado grandes y pesados. Debido a esto, no podrían ser añadidos a la máquina ya que afectarían su capacidad principal: alzarse en vuelo.

Ha sido por este antecedente que la mudanza a este método más económico –financiera y ecológicamente hablando– no se ha realizado rápidamente. Ahora, la alianza de la NASA con GE podría cambiar las cosas.

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Su uso de la última tecnología de carburo de silicio casi promete que será posible crear equipos mucho más livianos y compactos. Ello implica que, a la larga, sí existirán maquinarias capaces de manejar el poder eléctrico necesario y también de entrar en la infraestructura de un avión sin afectar su vuelo.

Según los planteamientos de la NASA, el primer prototipo totalmente funcional de este proyecto debería estar con nosotros para el 2035. Aunque la fecha aún suena lejana, la verdad es que se trata de un gran paso para poder cambiar el camino de deterioro en el que se ha enrumbado nuestro planeta.

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