Sabemos que a algunas personas les gusta morder a sus seres queridos, como pareja, amigos, e incluso de padres y madres a sus hijos. Esto último es bastante notorio cuando los estos aún son bebés, y sus rasgos tiernos y apariencia indefensa parecen provocar demasiada emoción en sus progenitores.

Algunas personas ven mal esto, pero la ciencia ha estudiado este tema y ha encontrado una razón para ello: la expresión dimorfa. Este término comprende expresar emociones positivas intensas de una forma en que los demás podrían considerar negativa. Una investigación publicada en la revista Psychological Science en 2015 abordó este tema.

Emociones positivas que parecen negativas

Los investigadores mostraron a los participantes fotos de bebés con características infantiles muy acentuadas para que les parecieran extra lindas, y luego estos debieron calificar su emoción de acuerdo a varias opciones que se les plantearon: “Cuando miro a este bebé” y terminaron con cosas como “Siento que estoy abrumado por fuertes sentimientos positivos”, “Quiero protegerlo” o “¡Yo tengo ganas de pellizcar esas mejillas! ” en una escala del 1 al 100.

Lo que observaron coincidió con lo que esperaban: cuanto más lindo les pareció el bebé, más abrumadora era la emoción que sentían al verlo, la cual iba desde ganas de cuidarlo a expresiones de agresión con las mordeduras o pellizcos de mejillas de los que hablábamos al principio.

Lo curioso es que las personas que expresaron la mayor respuesta de agresión también tuvieron la mayor disminución de las emociones positivas que habían experimentado cinco minutos después.

Una demostración de confianza

La antropóloga biológica Gwen Dewar explica que estas reacciones no implica verdadera violencia, sino una demostración de confianza. El deseo de mordisquear los dedos de los pies de un bebé, pequeños, gorditos y curveados, es bastante similar a los suaves mordicos que los perros se dan cuando están jugando entre ellos.

Para explicarlo también recurre a los monos capuchinos, que bien sabemos que son gregarios y sumamente sociales. Estos pueden morder sus dedos de manera suficientemente cuidadosa como para atraparlos, pero con la suficiente suavidad para evitar causar dolor.

“Los investigadores piensan que los monos pueden estar probando sus lazos sociales, enviando el mensaje: ‘Soy tan confiable que puedes meter tu dedo en mi boca'”, explica Dewar.

Una forma de equilibrarnos

Pero intentando explicar esta reacción en humanos, los investigadores hicieron énfasis en la caída emocional que experimentaron los participantes del estudio de 2014. La expresión dimorfa parece ser un mecanismo para equilibrarnos y continuar con nuestra vida a pesar de las emociones positivas fuertes.

“Las expresiones dimorfas de emoción pueden ayudar a regular las emociones, posiblemente mediante el equilibrio de una emoción con la expresión de otra. Si la expresión de una emoción regula otra emoción, uno podría esperar ver una expresión de emoción negativa cuando las emociones positivas son demasiado altas”.

Y viéndolo de esta forma, tiene sentido. La tristeza puede paralizarnos, pero la felicidad también. Si ya hemos llegado a la cúspide de las emociones, ¿tiene sentido hacer algo más que nos baje de ello? Pero en efecto la vida sigue, aun cuando experimentemos emociones tan positivas y abrumadoras, y la expresión dimorfa nos ayuda en ello.

Así que luego de saciar tu necesidad de expresar cariño violento a tu bebé, sentirás algo de satisfacción, tus niveles emociones se equilibrarán y podrás ir a preparar el biberón y luego cambiar sus pañales.

Referencia:

Dimorphous Expressions of Positive Emotion: Displays of Both Care and Aggression in Response to Cute Stimuli. https://www.researchgate.net/publication/271503312_Dimorphous_Expressions_of_Positive_Emotion_Displays_of_Both_Care_and_Aggression_in_Response_to_Cute_Stimuli