Un estudio reciente reveló que muchos de los estadounidenses que consumen marihuana lo hacen por fines terapéuticos en lugar de recreacionales, aunque no existe evidencia científica de que esta tenga un efecto positivo en la reducción del dolor, por ejemplo.

El uso de esta planta se ha legalizado en países como Uruguay y Canadá en diferentes formas, pero no por ello debe creerse que es totalmente inofensiva para los seres humanos.

Experimentando con ratones, los investigadores observaron una reducción de sus movimientos y de su temperatura corporal luego de consumir una masa que contenía tetrahidrocannabinol (THC), el componente psicoativo de cannabis.

Recientemente hablamos de una investigación de la Université du Québec à Trois-Rivières sobre la influencia de la planta sobre la crianza de los hijos, y no se encontró evidencia de que esta pudiera hacer a los padres más amorosos y comprensivos. Esto a causa de la amplia difusión de información en las redes en la que algunos consumidores alegan que consumir cannabis los ayudaba sustancialmente en su labor como padres.

Pues bien, una investigación reciente ha arrojado un nuevo aporte al polémico tema, y encontró que el uso de esta sustancia puede tener repercusiones no solo en el que la consume, sino también en su descendencia, aun cuando esta nazca tiempo después de que los padres dejaran de consumirla.

Los efectos de la marihuana en los padres

Un equipo de investigadores del Grupo de Investigación de Desarrollo Social de la Universidad de Washington estudió trabajos anteriores que habían clasificado a los participantes de acuerdo al momento y la frecuencia con la que consumían cannabis para observar el impacto sobre su salud física y su comportamiento.

La investigación original inició en 1980 cuando los ahora adultos que participaron en la misma estaban apenas en quinto grado en varias escuelas primarias de Seattle, y les hicieron seguimiento desde entonces.

Los autores identificaron cuatro patrones distintos en los grupos examinados según los criterios mencionados: “no usuarios”, para aquellos que no usaban cannabis; “limitado a la adolescencia”, cuando el consumo ocurrió durante un solo período de la vida; “inicio tardío”, cuando se iniciaron al final de la adolescencia, a principios de los 20; y “crónico”, cuando su uso era continuo y frecuente.

En aquel momento, se observó que las personas que usaron marihuana durante su adolescencia tenían un menor desempeño justo en el período en que lo hacían. Luego de 30 años, los resultados académicos y económicos eran mucho más bajos para los que iniciaron en la adolescencia en comparación con los que empezaron en la adultez, o que nunca la usaron.

Por supuesto, los usuarios crónicos tuvieron en los peores resultados en cuanto a salud física y calidad de vida: mala salud mental, bajo rendimiento académico, menor estabilidad financiera y mayor tendencia de conductas criminales y/o riesgosas vinculadas al uso frecuente de marihuana de por vida.

Un legado negativo para los hijos de consumidores

En el año 2002, cuando los participantes tenían 27 años de edad, el equipo de investigadores reclutó a aquellos que se habían convertido en padres, y entrevistaron a sus hijos para conocer detalles sobre el consumo de alcohol a los 6 años y de marihuana a los 10 años. Hasta la actualidad, 360 niños completaron las entrevistas entre los 10 y 20 años.

Los hijos de personas que consumieron cannabis durante cualquier momento de su vida presentaron una mayor tendencia a consumir también en comparación con los hijos de los no usuarios.

Y tal como habían sospechado desde el inicio de la investigación, los niños y adolescentes hijos de usuarios crónicos de marihuana o alcohol tenían más probabilidades de consumir estas sustancias.

Ahora bien, los hijos de padres que habían consumido estas sustancias primordialmente durante la adolescencia (grupo “limitado a la adolescencia), tenían más de 2.5 veces más probabilidades de consumir mariahuana y 1.8 veces más probabilidades de consumir alcohol en comparación con los hijos de no usuarios.

De manera similar, los hijos de usuarios crónicos tenían casi 4.5 veces más probabilidades de consumir marihuana y 2.75 veces más probabilidades de consumir alcohol que los hijos de no consumidores.

Y uno de los puntos más resaltantes fue a pesar de que los niños hijos del grupo de “inicio tardío” tenían menos probabilidades de usar mariahuana, al igual que los hijos del grupo de no consumidores, estos tenían las calificaciones escolares más bajas.

Marina Epstein, directora del proyecto en el SDRG, que forma parte de la Escuela de Trabajo Social de la UW y autora principal de este estudio, reitera que “el uso de marihuana en la adolescencia se asocia con una serie de otros problemas en el presente y más tarde en la edad adulta”. Y no se equivoca al afirmar que sus efectos tuvieron repercusión en sus hijos.

Referencia:

An intergenerational investigation of the associations between parental marijuana use trajectories and child functioning. https://psycnet.apa.org/record/2019-53004-001