Entre las emociones más comunes del ser humano se encuentra la ira, en la que imperan el enojo y la irritabilidad. Los especialistas la consideran necesaria para enfrentar amenazas y sobrevivir, y también como una emoción primordial, natural, y madura que tiene valor funcional para sobrevivir.

Todos los seres humanos pueden sentirla, pero la intensidad, la frecuencia y la duración conque la experimenten determinará si entorpece el día a día de la persona y si resulta incapacitante.

A pesar de que esta tiene una connotación negativa, en una entrevista con Infosalus, la psicóloga Cristina Mae Wood asegura que la ira “no tiene por qué ser mala, no tiene por qué incapacitar a una persona”. Claro, esto aplica si se aprende a manejarla y su intensidad, frecuencia y duración no son muy altas.

Pero en cambio, si ocurre con demasiada frecuencia e intensidad y dura más de lo considerado normal, esta emoción primaria ciertamente puede entorpecer el día a día de un individuo causando bloqueos, insomnio y dificultando las relaciones con otros.

“Si la frecuencia, la intensidad y la duración de esa emoción primaria te entorpece, te bloquea, no te deja dormir o te genera problemas en tus relaciones personales, al final no es adaptativo. Es bueno enfadarse, aunque hay que saber cómo y qué hacer para que se pase antes”.

¿Cómo se manifiesta la ira?

Wood, que también es miembro del Centro de Psicología Área Humana, indica que la ira se puede manifestar de dos formas: externa o interna. Además, hombres y mujeres la expresarán de manera diferente.

Bien sabemos que no se puede generalizar, pero según la psicóloga los hombres suelen manifestar su ira de manera externa con acciones físicas violentas como lanzar una puerta para cerrarla, gritar, o dar un puñetazo en la mesa.

En cambio, las mujeres parecen ser menos violentas, y tienden a manifestarla internamente en forma de “pensamientos, esa rumiación constante de ‘le tendría que haber dicho’, ‘ahora va a pensar'”.

Consejos para controlar la ira

Estas formas de expresión pueden servirnos para liberarnos en algún momento, sin embargo, dentro del marco de una vida civilizada y sana no deben ser frecuentes pues pueden perjudicarnos o aislarnos socialmente.

De modo que aunque es una emoción común e incluso puede nacerse con una predisposición a la ira, es absolutamente necesario aprender a controlarla para que no nos domine.

“De la misma manera que se puede aprender a reducir la ansiedad, también se puede aprender a reducir esa expresión de enfado con un tratamiento cognitivo conductual, que es el que aplican los psicólogos científicos, un tratamiento basado en la evidencia científica”.

Identificar el origen de la ira

Según la psicóloga, lo primero es identificar el por qué de nuestra ira, enfado o agresividad. “Estas personas que tienen estos problemas de control de la ira tienen que darse cuenta de cuáles son sus sesgos a la hora de interpretar la situación”, apunta Wood.

Dependiendo de cada persona, las causas pueden ser muy diversas, como que algo o alguien represente un obstáculo en la resolución de un problema, en el logro de una meta, la obtención de una necesidad, así como los tratos injustos para uno o con otros, e incluso que alguien intente aprovecharse de nosotros.

Ser más empático

No vivimos solos en el mundo, y aunque queramos, no podemos aislar nuestra existencia de la de los demás. Las interacciones siempre serán necesarias, y esto puede generar tanto alegría como enfado.

Si la ira se genera a causa de algo que hizo otra persona, poner a funcionar nuestra empatía puede ayudarnos. Para explicar este consejo particular, Wood usa como ejemplo el momento de conducir, en el que muchas personas suelen experimentar aunque sea algo de enfado leve.

Cuando alguien va conduciendo un automóvil y se cruza por el carril de otro y lo hace frenar bruscamente. El que tuvo que frenar podría interpretarlo como “lo ha hecho a propósito, que no es cívico, que me podría haber matado, voy a sentir mucha ira”.

Pero poniéndonos en el lugar del otro, podríamos apaciguar nuestro enfado, e incluso evitar que la emoción se convierta en ello. Por ejemplo, “a lo mejor esa persona ha recibido una llamada urgente o no lo ha hecho a propósito”.

¿Es cierto que nuestro corazón es responsable de nuestras emociones?

“Hay que hacer un cambio en la interpretación de las situaciones, porque todo se puede interpretar de muchas maneras”, recuerda Wood.

Respirar hondo

Sonará muy cliché, pero en realidad la respiración juega un papel muy importante en el manejo de nuestras emociones. La psicóloga también la recomienda como una técnica de relajación en estos casos.

“Pensar bien, respirar hondo y contar hasta diez. Cuando te muerdes la lengua y te obligas a respirar y a contar hasta diez en tu cabeza te da tiempo a oír la barbaridad que ibas a decir y a modificarlo: decirlo a lo mejor de manera más suave, con más educación y respeto hacia el otro”.

Hacer ejercicio físico

Y aunque suene increíble, el ejercicio físico es un gran contribuyente en el control de la ira gracias a las hormonas que se liberan al momento de hacerlo, que tienen un efecto de bloqueo sobre esta emoción.

“Cuando hacemos un ejercicio aeróbico, como 20 o 30 minutos caminando rápido, se produce oxitocina, una hormona que lo que hace es bloquear el mecanismo de la ira”.

Así que cuando tengamos una discusión con alguien y nos sintamos enfadados, en lugar de externalizarlo o internalizarlo como explicamos al principio, una idea mejor es salir a hacer ejercicio físico. “Una persona que tiene esta dificultad a la hora de manejar la ira es importante que sepa lo importante que es el deporte”, añade Wood.

Ser asertivo

Y por último, aplicar la asertividad. Si bien estamos para ayudar a otros, debemos saber bien en qué momento decir que sí o que no, de acuerdo a nuestra disponibilidad y condiciones. Pero aplicar la asertividad no implica perder el respeto al otro.

“Si uno pierde las formas, ha perdido la razón. Si la tienes, explícala; si te sientes muy nervioso como para decirlo, vete a dar una vuelta y luego retomas la conversación. Hay que mantener la calma, comunicarse de forma asertiva, con respeto y educación siempre”.

La ira es ineludible, pero sí podemos aprender a manejarla. Y de hecho, hacerlo se traducirá en mayor beneficio para nosotros que simplemente expresarla en arrebatos físicos o guardando rencor.

Referencia:

Consejos para controlar la ira. https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-consejos-controlar-ira-20191028081634.html

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