Los humanos nos aferramos a la vida y buscamos alternativas que nos permitan salvarnos y salvar a otros, y en parte por ello es que existe la medicina. Y una forma de lograrlo es por medio de la sangre, un líquido vital para el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Incluso aunque algunas religiones estén en contra de ello, la donación de sangre supone una acción bondadosa dentro de nuestra estructura de vida perecedera. Dependiendo de la afección de salud que aqueje a otro, recibir la sangre compatible de otra persona puede salvarle y brindarle una nueva oportunidad para seguir su vida.

Sin embargo, la propaganda actual no ha sido suficiente. Aunque muchas personas asistan a los hospitales para donar sangre dentro de los límites sanos que no les causen complicaciones, lo cierto es que a nivel mundial los bancos de sangre sufren de escasez crítica de dicho recurso.

Esto ha sido informado en un documento publicado recientemente en la revista The Lancet, el cual presenta los resultados de la primera investigación detallada sobre la oferta y la demanda mundiales de sangre.

“Otros estudios se han centrado en la seguridad de la sangre, como el riesgo de transmitir infecciones como el VIH”, comentó la hematóloga Christina Fitzmaurice de la Universidad de Washington, “pero el nuestro es el primero en identificar dónde se encuentra la escasez más crítica y, por lo tanto, dónde Los gobiernos deben hacer la mayor parte del trabajo para aumentar las donaciones, ampliar los servicios de transfusión y desarrollar alternativas”.

Y en efecto: la situación es especialmente grave en los países de bajos y medianos ingresos, en los que muchos pacientes no tienen acceso a un suministro de sangre oportuno y seguro para garantizar su supervivencia en alguna emergencia.

Países de bajos y medianos ingresos no tienen sangre

Un equipo de investigadores se propuso estimar las necesidades totales de sangre de cualquiera país. Para ello, estimaron primero cuántas unidades de sangre donada serían necesarias para 20 afecciones de salud diferentes.

Utilizaron los datos del Informe de estado global de la OMS sobre seguridad de la sangre y un estudio de la Carga mundial de la enfermedad de 2017, lo que les permitió considerar las unidades de sangre necesarias para cada región, y calcular la brecha entre la oferta y la demanda de estas para cada una de las nacionales evaluadas.

El resultado de la estimación fue que cada país necesita mucha más sangre que la que plantea el objetivo tradicional establecido por la OMS. Y lo más preocupante de ello es que la demanda seguirá en aumento, y más si las personas de países de bajos y medios ingresos empiezan a tener más acceso a los servicios de salud, según Meghan Delaney del Children’s National Hospital en Washington DC.

“A medida que más personas puedan acceder a la atención en países de ingresos bajos y medios, la demanda de transfusiones de sangre aumentará aún más y, sin el apoyo financiero, estructural y regulatorio, ampliará la brecha que hemos descubierto entre la oferta y la demanda de sangre a nivel mundial”.

Encontraron que 119 de 195 países, entre los cuales están todos los países del África subsahariana central, oriental y occidental, Oceanía (sin incluir Australasia) y el sur de Asia, no tienen suficiente sangre en sus bancos para satisfacer las necesidades hospitalarias actuales. En el informe señalan que estos carecen de 102,359,632 unidades de sangre, según los objetivos de la OMS.

Cada año se donan más de 100 millones de unidades de sangre en todo el mundo, y a pesar de ser una cifra significtiva, se ha encontrado que el 42 por ciento de estas se recolectan en países de altos ingresos, los cuales representan menos del 16 por ciento de la población mundial.

En África, por ejemplo, 38 países recolectan menos de la meta de la OMS que sugiere que deberían recibirse 10 donaciones por cada 1,000 personas en dicho territorio. Además presentan un grave problema de seguridad pues por lo general faltan kits de prueba para detectar enfermedades que se transmiten por la sangre.

Entre todos los países, Sudán del Sur tenía el suministro de sangre más bajo, contando con apenas 46 unidades por cada 100,000 personas. Esto es bastante bajo en comparación con la demanda de sangre del país que requiere 75 veces más de dicha cifra.

India también destacó de manera negativa en este aspecto, siendo el país que arrojó mayor escasez absoluta. Su demanda de sangre superó la oferta en más del 40 por ciento, siendo su déficit de casi 41 millones de unidades.

¿Por qué la escasez de sangre es peor en los países de bajos y medianos ingresos?

Evan Bloch, un patólogo de la Universidad Johns Hopkins que no participó en el estudio, explicó que en un país de ingresos elevados como Estados Unidos, la oncología sería un gran usuario de transfusiones de sangre. Estas son especialmente útiles en cirugías de alta complejidad, por ejemplo.

“Pero lo que sucede en los países de bajos ingresos es que simplemente no tienen la capacidad de administrar la mayor parte de la oncología. No se pueden realizar cirugías complejas”.

Dicho esto, es más que evidente la necesidad de inversión estratégica que permita ampliar los servicios nacionales de salud y el acceso de la población a estos, así como los servicios de transfusión, los sistemas de gestión de la sangre y las alternativas a las transfusiones de sangre.

Ahora bien, los autores reconocen que su estudio tiene limitaciones considerables. Es posible que las tasas de uso de sangre en los pacientes hospitalizados en los Estados Unidos lleven a subestimar las verdaderas necesidades de donación fuera del país, en países con problemas de salud sustancialmente diferentes como malaria y trastornos maternos son más comunes.

Referencia:

The global need and availability of blood products: a modelling study. https://www.thelancet.com/journals/lanhae/article/PIIS2352-3026(19)30200-5/fulltext