Los investigadores no dejan de discutir sobre las capacidades que poseía el Tiranosaurus rex, considerado el depredador más temido del Cretácico.

Algunos expertos creen que el T-rex era un cazador activo que perseguía a sus presas y que podía morder con suficiente fuerza como para romper fácilmente los huesos de su captura. No obstante, cómo podía hacer esta hazaña sin romperse los huesos de su propio cráneo ha sido una cuestión que ha desconcertado a los paleontólogos.

Analizando la masticación

Durante mucho tiempo los científicos han pensado que el cráneo de T. rex podría ser similar a los de sus parientes modernos de reptiles y aves, muchos de los cuales tienen cráneos flexibles con huesos móviles en la parte superior de la boca.

El tiranosaurio rex, el llamado rey de los dinosaurios, era un temible depredador de dos patas del periodo Cretácico.

Pero un nuevo estudio, un equipo de científicos analizó en detalle la estructura del cráneo del imponente dinosaurio y llegaron a la conclusión de que, en contraste a lo pensado hasta ahora, el tiranosaurio rex tenía un cráneo rígido, similar al que se encuentra en los cocodrilos y las hienas modernas.

Utilizando una combinación de imágenes, anatomía e ingeniería analítica, el equipo observó cómo el techo de la boca –llamado paladar– del T. rex reaccionaba al estrés y las tensiones de la masticación mediante la aplicación de modelos a dos parientes actuales: un geco y un loro.

Una mordida temible

Primero, los científicos modelaron el movimiento de los huesos craneales en un loro y un geco, y luego aplicaron los resultados a los huesos craneales del T-rex. Los investigadores concluyeron que los huesos del dinosaurio no se movían muy bien durante la mordedura, una observación que los llevó a pensar que el dinosaurio probablemente no había desarrollado articulaciones flexibles, como se ha pensado hasta ahora.

Cuando modelaron el movimiento de los huesos craneales del T-rex una estructura rígida, similar a la de un cocodrilo, los investigadores comprobaron que la mordedura podría liberar todo su poder.

Utilizando una combinación de imágenes, anatomía e ingeniería analítica, investigadores concluyeron que el T-rex tenía un cráneo rígido.

El análisis mostró que el paladar de T-rex fue particularmente rígido y capaz de amortiguar las tensiones mecánicas de la masticación. El mordisco era una verdadera máquina de guerra, capaz de destrozar los huesos más duros fácilmente.

Bajo esta configuración, la mordida del T-rex era capaz de desatar una fuerza devastadora de 64.000 Newtons (7,1 toneladas), aproximadamente cuatro veces más que el récord moderno que posee el poderoso cocodrilo marino (Crocodylus porosus), el reptil vivo más grande, y significativamente más alto que las estimaciones anteriores, las cuales calculaban la fuerza de la mordida del temible depredador en 4 toneladas.

Los científicos creen que esto podría ser suficiente para una implementación hipotética de la famosa escena de la película Parque Jurásico, donde el T-rex destroza un automóvil con su mordida.

Referencia: Palatal Biomechanics and Its Significance for Cranial Kinesis in Tyrannosaurus rex. The Anatomical Record, 2019. http://dx.doi.org/10.1002/ar.24219