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El cáncer es el resultado de algo que ha salido muy mal en el interior del cuerpo, y todo comienza con una célula que se daña y luego se multiplica en muchas similares, dañando la salud del cuerpo.

El cuerpo humano posee un sistema inmunitario espectacular que le sirve para detectar y atacar a agentes invasores que van desde el virus del resfriado común hasta toxinas provenientes de alimentos en mal estado, incluso si es la primera vez que lidia contra ellos. El problema con el cáncer es que las células cancerígenas provienen de células normales, y le es fácil camuflagearse entre ellas y puede escabullirse del sistema inmunitario.

Por lo general, los tratamientos para las afecciones internas provienen de afuera. Entre ellos, la famosa quimioterapia basada en la administración de medicamentos, radiación, que consiste en usar rayos de alta energía, y cirugía, por medio de la cual se corta el cáncer con un bisturí y otras herramientas.

Pero los métodos recientes aplican otro enfoque basado en la modificación genética, que permiten separar las células cancerígenas de las células sanas, aunque no es tan sencillo como parece.

Entonces la ciencia ha planteado la posibilidad de diseñar genéticamente las células inmunes de un paciente de modo que estén mejor capacitadas para detectar y combatir el cáncer y estas no células no puedan escabullirse.

Es en este punto en que aparece la terapia con células T del receptor de antígeno quimérico, o CAR-T, un tratamiento sumamente radical que consiste en eliminar la sangre del paciente, filtrar las células inmunes conocidas como células T y diseñar genéticamente esas mismas células para que puedan detectar y actuar contra el cáncer.

Pero como dijimos, se trata de una terapia radical. Los pacientes que se someten a ella presentan síntomas graves de infección aunque no la haya y efectos secundarios neurológicos extraños que van desde dolores de cabeza hasta dificultad para hablar, convulsiones y pérdida del conocimiento.

Sin embargo, quienes logran superar esta etapa, también terminan siendo libres de cáncer. Los que no, con frecuencia sufren inflamación cerebral y mueren, mientras que otros pocos presentan dificultades persistentes después del tratamiento.

CAR-T se probó en algunos pacientes causando los efectos ya mencionados, pero resultando efectivo para la cancelación del cáncer en sus cuerpos.

Luego de tres y seis meses de seguimiento se observaron tasas de respuesta del 80 por ciento y más como tratamiento para leucemias agresivas y linfomas que no había cedido ante la quimioterapia. Fue entonces cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) dio su aprobación para que comenzara a aplicarse.

¿Cómo funciona la terapia de modificación CAR-T?

Las células T se encargan de examinar el cuerpo y cerciorarse de que todo esté en orden. En la tecnología CAR-T, se retiran estas células de la sangre de una persona y se usan un virus inofensivo para entregar un nuevo material genético a las mismas, que es el que las capacitará para hacer un mejor barrido.

Los genes que se pasan a las células T les ayudan a producir dos tipos de proteínas. La primera da nombre a la tecnología, CAR, y se encuentra en la superficie de las células T y se une a una proteína en la superficie de las células cancerígenas, de manera similar a un candado y una llave. La segunda sirve como una sacudida para activar las células T.

Una vez aplicada la modificación genéticas, las células T se empiezan a multiplicar en un dispositivo oscilante que les suministra nutrientes y a la vez sirve de filtro de sus desechos. Estas se suministrarán de vuelta al paciente cuando la multiplicación alcance una cantidad suficientemente alta, como entre cientos de miles y cientos de millones.

Una vez dentro del paciente, las nuevas células se multiplican aún más a causa de la dinámica cancerígena, y luego de una semana, estas ya deberían haber alcanzado la cifra resultante de multiplicar la cifra al momento de ingresarlas por otras 1,000 veces.

El procedimiento médico

La persona afectada va a consulta, se le coloca un catéter en una vena, en su brazo o en su pecho, el cual se conecta a una máquina grande que hace girar su sangre y va separando sus componentes. Entonces las células T se hacen a un lado para congelarlas, mientras el resto de la sangre circula de regreso hacia el paciente. Todo el proceso comprende un circuito cerrado.

Entonces se envían las células T aisladas a la compañía farmacéutica que llevará a cabo la modificación genética, donde se descongelarán y en dicho proceso demoraron entre unos pocos días y unas pocas semanas.

Entonces el paciente pasa unos tres días en quimioterapia a fin de eliminar el cáncer, aunque como bien sabemos esto también elimina células normales. Es así como se hace espacio para las cientos de millones de células nuevas que se introducen y se encargarán de barrer la enfermedad. Entonces hay un descanso de uno o dos días.

Síndrome de liberación de citoquinas

La cuestión es que luego del procedimiento, los pacientes desarrollan síntomas típicos de una infección grave, pero sin que necesariamente haya alguna, y por lo general terminan en la unidad de cuidados intensivos, donde suelen suministrárseles sangre a sus órganos críticos.

A este efecto se le he denominado síndrome de liberación de citoquinas, el cual comprende daño colateral de un sistema inmune que lo hace reaccionar en su modo de alerta más elevado posible. Este se hace presente en más de la mitad de los pacientes que reciben CAR-T, y aunque se ha observado en otros tipos de inmunoterapia, esta en especial lo exhibe en su máxima expresión.

Durante la primera semana posterior al procedimiento, el síndrome de liberación de citoquinas puede mostrar síntomas que van desde fiebres simples hasta insuficiencia multiorgánica, afectando el hígado, los riñones, e incluso el corazón, entre otros órganos.

El nombre del síndrome se debe a que las células T modificadas producen y reclutan a otros agentes inmunitarios llamados citoquinas, que colaborarán con ellas en el barrido del cáncer, y estas harán lo mismo con otras células inmunes.

¿Cómo solucionar el síndrome de liberación de citoquinas?

Hasta ahora, se tienen dos medicamentos que pueden tratar los efectos adversos de la terapia CAR-T: esteroides y tocilizumab. Los primeros se encargan de calmar el sistema inmunitario alterado del paciente, mientras que el segundo suele utilizarse para enfermedades como la artritis reumatoide, bloqueando específicamente la liberación de citoquinas.

Quienes lo superan, pueden vivir una vida normal, con garantía de que las nuevas células inmunes en su organismo le protegerán incluso si el cáncer intenta reaparecer. Otros mueren por la inflamación del cerebro. Otros, muy pocos, padecen efectos adversos como dificultades para pensar la palabra correcta, problemas para concentrarse y debilidad, que a menudo requieren largos periodos de rehabilitación y apoyo en el hogar.

El problema es cómo incorporar el sistema. Los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid han ofrecido reembolsar una tarifa fija por la terapia. Este valor se ha incrementado, pero sigue siendo sumamente inferior al costo total. Esto supone un gran problema, pues limita considerablemente el acceso de los pacientes al tratamiento.

El hecho es que entre tener una muerte segura por la enfermedad, arriesgarse a este tratamiento que puede suponer una cura definitiva parece mucho más atractivo que los métodos convencionales.

Referencia:

The Possibilities and Risks of Genetically Altering Immune Cells to Fight Cancer. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/possibilities-risks-genetically-altering-immune-cells-fight-cancer-180973405/