La hepatitis B es una infección hepática potencialmente mortal que tiene un gran impacto en la salud global. La enfermedad puede causar infección crónica y colocar a quienes la padecen en alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado.

En todo el mundo, más de 1.300 millones de personas han sido infectadas con hepatitis B, de las cuales, 257 millones han desarrollado una infección de por vida. La transmisión ocurre más comúnmente de madre a bebé o en la vida temprana. No obstante, es posible infectarse en la edad adulta, a través del sexo o del contacto de sangre a sangre.

Falsa percepción

La enfermedad también puede trasmitirse mediante la reutilización de agujas y jeringas, ya sea en entornos de atención médica o entre personas que se inyectan drogas, realizan tatuajes o perforaciones, y por la exposición a sangre y fluidos corporales infectados, como saliva y fluidos menstruales, vaginales y seminales.

La OMS recomienda que todos los bebés reciban la vacuna contra la hepatitis B lo antes posible después del nacimiento, preferiblemente dentro de las 24 horas.

La infección en la edad adulta conduce a hepatitis crónica en menos del 5 por ciento de los casos, mientras que la infección en la infancia, particularmente en la infancia temprana, conduce a hepatitis crónica en aproximadamente el 95 por ciento de los casos.

El virus de la hepatitis B causa casi el 40 por ciento de todos los cánceres de hígado, que es el quinto cáncer más común y la segunda causa principal de muerte relacionada con el cáncer en todo el mundo.

Debido a que desde la década de 1980 se cuenta con una vacuna efectiva, que es el pilar de la prevención contra la infección, existe la idea errónea de que la hepatitis B ya no es un problema.

Esta falsa percepción ha ralentizado la investigación para curar la enfermedad, y en la actualidad no se cuenta con una cura contra la hepatitis B, a pesar del enorme costo humano y económico que produce la enfermedad.

Abordando una necesidad

Para quienes padecen la forma crónica de la enfermedad, el tratamiento se enfoca en la administración diaria de una píldora que, además de procurar que la vida de los pacientes siga siendo efectiva, busca reducir el riesgo de desarrollar cáncer de hígado.

Hasta ahora, la cura para la hepatitis B crónica ha resultado esquiva porque las terapias actuales no han logrado destruir de manera efectiva el reservorio viral, donde el virus se esconde dentro de las células.

La hepatitis B puede causar infección crónica y poner a las personas en alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado.

Sin embargo, se están realizando algunas investigaciones interesantes, incluida la identificación reciente del receptor celular que permite que el virus infecte el cuerpo. Esto ha permitido estudiar el ciclo completo de replicación del virus, incluido el reservorio viral.

A la par de estos estudios, se están probando nuevos enfoques para una posible cura que incluyen el desarrollo de mecanismos que están orientados a bloquear la entrada del virus en la célula, y a evitar que el virus produzca las proteínas que necesita para replicar e infectar nuevas células.

También se están realizando estudios para mejorar las respuestas inmunitarias de los pacientes para que sus propias defensas naturales puedan controlar o incluso eliminar el virus, de modo similar a las inmunoterapias que ya se usan para tratar algunos tipos de cáncer.

A pesar de que estos esfuerzos tienen perspectivas promisorias, se necesita mucho más trabajo para lograr una cura efectiva contra la hepatitis B.

Referencias:

Hepatitis B. World Health Organizatión, 2019. https://bit.ly/2Wsne3k

Global prevalence, treatment, and prevention of hepatitis B virus infection in 2016: a modelling study. The Lancet, 2018. https://doi.org/10.1016/S2468-1253(18)30056-6

Sodium taurocholate cotransporting polypeptide is a functional receptor for human hepatitis B and D virus. eLife, 2012. https://doi.org/10.7554/eLife.00049