Existe evidencia sólida de que las mujeres embarazadas y los niños son particularmente vulnerables a la exposición a contaminantes alimentarios. En el feto, esto se debe a la rápida diferenciación celular y al desarrollo incompleto de los tejidos y los mecanismos de protección.

Más concretamente, la exposición a dosis bajas de contaminantes orgánicos persistentes se ha relacionado sistemáticamente con una amplia gama de defectos de salud que pueden afectar el desarrollo cognitivo, motor y conductual de los niños y resultar en un mayor riesgo de parto prematuro, obesidad infantil, diabetes tipo 2 y asma.

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Midiendo niveles de contaminación

Es sabido que el consumo de alimentos contaminados es la principal fuente de exposición a una amplia gama de contaminantes ambientales tóxicos. Indudablemente, durante la gestación y la infancia temprana una dieta balanceada es crítica para un estado nutricional óptimo, pero qué y cuánto comer son cuestiones que cobran una marcada relevancia.

El estudio encontró que cuanto mayor era el consumo de pescado, mayores eran los niveles de sustancias químicas tóxicas.

A fin de abordar estas cuestiones, un equipo de investigadores de diferentes instituciones analizó la asociación entre la dieta y los niveles de 33 contaminantes ambientales en madres y sus hijos de seis países europeos.

El estudio se llevó a cabo en el marco del proyecto Human Early Life Exposome, un estudio multidisciplinario que incluyó a 1.000 mujeres embarazadas y a sus hijos a quienes se les dio seguimiento hasta los 6-10 años de edad en Francia, Grecia, Lituania, Noruega, España y el Reino Unido.

Los investigadores evaluaron cómo el consumo de varios grupos de alimentos –carnes, pescados, lácteos, frutas, verduras, pan y cereales, y legumbres y frutos secos– estaba relacionado con los niveles de 33 contaminantes ambientales medidos en muestras de sangre y orina de mujeres embarazadas y sus hijos.

Este análisis reveló que cuanto mayor era el consumo de pescado, mayores eran los niveles de sustancias químicas tóxicas persistentes en la sangre tanto para las mujeres embarazadas como para sus hijos. Los productos químicos incluían bifenilos policlorados (PCB), sustancias perfluoroalquilas (PFAS) y metales tóxicos como el arsénico y el mercurio.

Un recipiente de nutrientes, pero también de contaminantes

El equipo también encontró que el consumo de frutas estaba positivamente asociado con los niveles de cuatro metabolitos de pesticidas organofosforados (OP) medidos en muestras de orina tanto para las mujeres embarazadas como para los niños.

Finalmente, los investigadores observaron que los niños que comían alimentos orgánicos más de una vez por semana tenían niveles más bajos de metabolitos de OP y ftalatos en su orina, en comparación con los niños que reportaron no comer alimentos orgánicos.

La exposición a contaminantes orgánicos persistentes se ha relacionado sistemáticamente con una amplia gama de defectos de salud.

Los autores expresan que este estudio representa la evaluación más completa de la asociación entre el consumo de alimentos y la exposición a contaminantes ambientales medida con biomarcadores en cohortes madre-hijo.

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Los hallazgos sugieren que la exposición a estos compuestos persistentes podría reducirse mediante cambios en las conductas dietéticas, como no exceder las recomendaciones dietéticas actuales.

En general, dado que los alimentos son un recipiente de nutrientes esenciales, así como de contaminantes ambientales perjudiciales, las posibles intervenciones dietéticas deben estar orientadas a equilibrar los beneficios de una dieta saludable con los posibles daños de la exposición a productos químicos ambientales potencialmente tóxicos.

Referencia: Diet as a Source of Exposure to Environmental Contaminants for Pregnant Women and Children from Six European Countries. Environmental Health Perspectives, 2019. https://doi.org/10.1289/EHP5324

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