Desde hace décadas ha quedado claro que los seres humanos somos parientes extremadamente cercanos de los primates. Con cada uno de ellos, en mayor o menos medida, compartimos trozos de ADN que nos relacionan los unos con los otros.

Sin embargo, claramente, todos hemos pasados por procesos evolutivos diferentes. Se encuentran a la vista muchas de las diferencias fisiológicas que han derivado de dichos procesos.

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No obstante, existen otros detalles que no es tan fácil identificar. Para este caso, el grupo de científicos que publicaron sus hallazgos en Molecular Biology and Evolution, demostró que aún existen áreas evolutivas que no hemos estudiado con profundidad.

En esta oportunidad, el foco de la investigación estuvo fijado en la composición de la saliva. Ya que esta, a pesar de todas las similitudes genéticas, ha mostrado una composición totalmente distinta.

Los más grandes hallazgos del estudio

Para poder establecer las diferencias entre la saliva humana y la de los simios, primero hubo que realizar un proceso de recolección y comparación. Durante este, fue posible obtener las muestras que permitirían llegar a las conclusiones pertinentes.

En primer lugar, los científicos se dieron a la tarea de decidir qué especies de simios serían las comparadas en el estudio. Finalmente, se decantaron por los tres grupos genéticamente más parecidos al humano: los gorilas, los chimpancés y los macacos.

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Luego, se realizaron estudios para medir la cantidad de componentes existentes en las muestras de saliva, así como su consistencia y tipo. Gracias a ello, después solo hubo que hacer comparaciones entre los resultados de uno y otro.

Para iniciar, se notó que la saliva humana tenía una consistencia mucho más acuosa que la del cualquier otro simio. En contraposición, estos tenían dentro de la composición de la suya un componente conocido como Latherin que estuvo totalmente ausente en los humanos.

Después de estas diferencias radicales, luego solo se ubicaron discrepancias parciales. Por ejemplo, ambas composiciones de saliva tenían proteínas, pero la humana tenía por lo menos el doble que la de las otras criaturas.

Sin embargo, en se consiguió un conteo muy similar entre los tipos de proteínas en la saliva de los simios y en la humana. Siendo la verdadera variable la cantidad de cada una de estas dentro de las diferentes muestras de saliva.

Todo está en la dieta

Según las conclusiones que los científicos pudieron sacar, el cambio en la composición de la saliva pudo tener diferentes fines evolutivos. Por ejemplo, la desaparición de la proteína Latherin pudo deberse a que ya no desarrollábamos pelo y, por tanto, no la necesitábamos para lamer y limpiar nuestro pelaje.

Asimismo, el aumento de agua en la saliva y en la cantidad de proteínas parecen provenir directamente de los cambios en la dieta humana. Después de todo, el incremento del consumo de carnes, el cultivo de ciertos alimentos y cocinar la comida pudieron ser factores que cambiaran las necesidades de nuestro organismo.

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Por ende, para poder procesar mejor la nueva dieta sería necesario tener una salivación diferente. Aunque su estudio ha ofrecido algunas respuestas preliminares, ellos ven su aporte como una base para futuras investigaciones. En ellas, esperan que se pueda medir con más exactitud el origen de los cambios en la salivación humana y cuáles fueron los procesos de selección natural que intervinieron en ello.

Referencia:

Human and Non-Human Primate Lineage-Specific Footprints in the Salivary Proteome: https://doi.org/10.1093/molbev/msz223

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