Hace unos meses, la agencia de noticias estadounidense New York Times publicó un artículo en el que se informaba que el gobierno federal había reanudado la ejecución de convictos por delitos capitales, casi 16 años después de la última ejecución de este tipo.

La decisión llega de la mano del Fiscal General William Barr, que a pesar de la prohibición de venta de medicamentos para inyecciones letales en Estados Unidos, autorizó al sistema de justicia federal para usar uno aún disponible, pentobarbital.

El pentobarbital es un medicamento ampliamente disponible, y de hecho, tiene usos comunes en el control de convulsiones en los seres humanos. Incluso es utilizado con frecuencia para dormir mascotas cuando experimentan problemas de salud irreparables.

La decisión es, sin duda, polémica, sobre todo cuando existen muchas reservas respecto a la concordancia de esta tecnología de ejecución (el envenenamiento) con la Octava Enmienda, que prohíbe el castigo cruel e inusual.

“Cinco hombres condenados por asesinar niños serán ejecutados en diciembre y enero en la penitenciaría federal en Terre Haute, Indiana”, dijo Barr, “y ejecuciones adicionales serán programadas para mpas adelante”.

Ahora bien, considerando la evolución de los métodos de ejecución en los Estados Unidos, que han comprendido la estaca hasta la cuerda, el pelotón de fusilamiento, la silla eléctrica, la cámara de gas y, finalmente, la inyección letal, se ha aclarado que esto no pretende ser una tortura. Simplemente se trata de la aplicación del castigo final impuesto por el estado a algún individuo que haya cometido un delito que lo merezca.

Sin embargo, el reciente anuncio ha centrado la atención nuevamente sobre el método actual, pues los cambios planteados a través de los siglos persiguen el objetivo de hacer que la ejecución sea más rápida, silenciosa y menos dolorosa, tanto física como psicológicamente. Eso ha llevado a replantear la posibilidad del uso de la antigua y sanguinaria guillotina, ¿pero sería bien recibida en nuestros días?

El origen contemporáneo de la guillotina

Entre los siglos XVII y XVIII, la ejecución de criminales dentro de la estructura monárquica de Francia debía incluir tortura y dolor. Se decía que de esta forma se purificaría el alma de los condenados antes de su juicio final y serviría como una advertencia para otros que se vieran tentados a cometer delitos. Pero sobre todo, dejaría evidencia del poder de la corona para condenar a sufrimiento a los súbditos desobedientes.

La guillotina era el método de ejecución icónico de la monarquía francesa entre los siglos XVII y XVIII.

Las ejecuciones se hacían ver como días festivos en los que las multitudes se reunían para ver a un prisionero soportar torturas físicas descabelladas que iban desde colocar plomo hirviendo sobre sus heridas hasta ser desmembrado poco a poco.

Pero en realidad los que corrían con esta suerte eran los plebeyos. Los condenados de origen noble se saltaban el sufrimiento, pues su posición social y económica les permitía “gozar” de una decapitación rápida y relativamente indolora.

Sin embargo, la Revolución Francesa iniciada a finales del siglo XVIII, cuyo lema era «Liberté, égalité, fraternité», pero sobre todo, igualdad, planteó muchas reformas, entre las cuales era despojar a la nobleza de los privilegios de los que gozaba a costa de los plebeyos.

La idea de igualdad en la ejecución fue presentada por primera vez a la Asamblea Nacional francesa el 10 de octubre de 1789 por el Dr. Joseph Guillotin. Este no solo habló de limitar las torturas, sino que presentó una alternativa rápida para la ejecución: una máquina con cuchillas llamada “navaja de afeitar nacional”.

Esta máquina prometía ser fácil de usar, rápida en su función y sobre todo, garantizaba el mismo trato a todos los condenados, sin importar su posición social. Y dos años después, en marzo de 1791, su uso se hizo formal por ley, siendo utilizada por primera vez al año siguiente.

Sin lugar a dudas, se trataba de una idea fresca para la época, un método de ejecución más adaptado a los tiempos de revolución que lograba transmitir en esencia la ideología del movimiento: justicia rápida e igualitaria.

La guillotina es más rápida que el envenenamiento

Conocido ya su origen, quizás no parece tan aterradora, aunque esto no deba implicar que no debamos respetar las leyes ni temerle a la condena a muerte. Pero ha llegado el momento de compararla con el método actual empleado en Estados Unidos: el envenenamiento.

Partamos del hecho de que la ejecución debe ajustarse a lo establecido en la Octava Enmienda contra el castigo cruel e inusual. Si tomamos como referencia el caso de la ejecución fallida del preso de Oklahoma Clayton Lockett, quien no logró morir sino 43 minutos después de la inyección lotal y experimentó dolor durante todo ese tiempo.

Así también, se sabe que varias ejecuciones llevadas a cabo en 2014 por medio de una mezcla de drogas tomaron varias horas para dar fin a la vida de los condenados y estuvieron provistas de sufrimiento. Entre ellas, la del doble asesino convicto Joseph Rudolph Wood de Arizona, que sufrió durante dos horas antes de morir a causa del veneno.

Joseph Rudolph, condenado a muerte por homicidio en Estados Unidos.

Pero un caso aun más preocupante ocurrió en 2018, cuando una ejecución en Alabama se tuvo que detener luego de que el personal involucrado fallara 12 veces diferentes en colocar una línea intravenosa en Doyle Hamm.

En cambio, tenemos a la guillotina, que a pesar de ser poco estética, no requiere recetas secretas de cócteles de droga, no se combinan con medicamentos, no hay riesgo de colocar mal las agujas intravenosas y, mejor aún, no necesariamente involucra al personal de salud. La espada tarda aproximadamente medio segundo en soltarse y cortar la cabeza y separarla del resto del cuerpo del prisionero.

Se trata de un tema especialmente curioso. Hasta ahora, la cultura popular ha sembrado horror ante la imagen de una persona siendo ejecutada por decapitación, sin embargo, este parece ofrecer un final rápido a los convictos, aun a pesar de la gravedad de sus fallas en vida.

Sí, es difícil de presenciar, pero comparada con el envenenamiento, la guillotina parece ajustarse más a los requerimientos de la Constitución. Entonces cabe preguntar ¿debería Estados Unidos considerarla para administrar la pena capital?

Referencias:

U.S. to Resume Capital Punishment for Federal Inmates on Death Row. https://www.nytimes.com/2019/07/25/us/politics/federal-executions-death-penalty.html

Excessive Fines, Cruel and Unusual Punishment. https://constitutioncenter.org/interactive-constitution/amendment/amendment-viii

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