¿Recuerdan nuestro artículo sobre el Corredor Biológico Mesoamericano, en el que hablamos de que el istmo de Panamá servía de puente entre Norteamérica y Suramérica? Este funcionaba como un puente eficiente para el flujo de genes; los animales se trasladan de un continente a otro, lo cual favorecía la biodiversidad y el mantenimiento de los hábitats de cada uno de ellos.

Pues bien, algo similar ocurre con las aves. Cada año, miles de millones de aves migratorias estacionales conectan continentes, transportando en sus largos viajes nutrientes, energía y agentes patógenos entre los ecosistemas y comunidades que visitan.

Como bien sabemos, el acceso de los alimentos varía de acuerdo a cada temporada, no siendo tan fácil conseguir comida en invierno en comparación con la disponibilidad del verano. A sabiendas de esto, las aves migratorias pueden ajustar sus tiempos de migración según sus requerimientos diarios de ingesta calórica.

Ahora bien, en otras oportunidades hemos hablado de la influencia de la luna sobre el comportamiento animal. En este sentido, un patrón periódico a gran escala como el ciclo de luz oscura de la luna, puede tener influencia en las migraciones animales, pero hasta ahora no hay evidencia de tales efectos en la regulación temporal de la migración.

De hecho, una nueva investigación publicada en la revista PLOS Biology deja evidencia de la influencia que tiene el ciclo lunar sobre la actividad migratoria del chotacabras europeo o chotacabras gris (Caprimulgus europaeus), el ave de referencia para esta ocasión.

Las noches con luz de luna son propicias para el forrajeo

Una litografía del siglo XIX del chotacabras europeo.

El chotacabras europeo es un ave insectívora y nocturna que caza guiándose por su vista y que se sabe que migra a largas distancias, desde el norte de Europa en su temporada de reproducción hasta el sur de África en invierno.

Para estudiar la influencia del ciclo lunar sobre sus hábitos migratorios, los investigadores utilizaron registradores de datos de archivo del Sistema de Posicionamiento Global, geolocalización a nivel de luz y registradores de datos multisensor, por medio de los cuales lograron registrar los movimientos de 39 individuos de esta especie.

El rastreo en GPS reveló que la actividad diaria de búsqueda de alimento se duplicó sustancialmente aquellas noches en los que la luna hacía presencia luminosa. Lo más resaltante de ello es que 10 días después de la luna llena, casi el 100 por ciento de las aves migra simultáneamente marcando así un impacto importante en sus movimientos.

Las influencias cíclicas moldean el comportamiento animal

De esta forma, los autores concluyeron que los ciclos de nuestro universo pueden sincronizar los movimientos migratorios de estas aves, lo cual, basado en lo mencionado al principio, puede tener efecto aguas abajo en las comunidades por las que estas transiten en su viaje.

Por lo que no solo considerar nuestro satélite natural, sino también otros cuerpos celestes y demás factores ambientales importantes, puede ser la clave para la mayor comprensión del comportamiento animal, y sobre todo, sus efectos sobre ellos ecosistemas.

“Mediante el uso de registradores de datos en miniatura que nos permitieron medir la actividad individual de vuelo de las aves a lo largo de su ciclo anual, brindamos un ejemplo revelador de cómo las tecnologías modernas abren nuevas puertas en el estudio del comportamiento animal”.

Tal como indican los autores, este hallazgo comprende un nuevo aspecto de la migración animal que puede favorecer nuestra comprensión sobre la dinámica de los migrantes y sus efectos tróficos. Ahora la investigación estará orientada a explorar qué tan general es el impacto del ciclo de la Luna como regulador temporal de los movimientos migratorios de los animales.

Referencia:

The lunar cycle drives migration of a nocturnal bird. https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.3000456