Apegarse por completo a un régimen de entrenamiento puede ser algo muy complicado. Entre los horarios complicados, los miles de compromisos, y la falta de motivación, ejercitar no suele ser lo primero en lo que las personas piensan cuando desean encontrar algo en lo que invertir su tiempo libre.

Con frecuencia, ello ocurre porque se asocia al ejercicio con experiencias negativas como el cansancio y el dolor post-entrenamiento. Incluso, algunas personas podrían llegar a aburrirse por la necesidad de repetir una misma rutina una y otra vez.

Aunque parezca extraño, todos estos elementos podrían ser fácilmente contrarrestados por una influencia externa: la música. En muchos casos, simplemente tener las canciones correctas a la hora de entrenar puede dejar mucho más satisfecha a la persona e incluso funcionar como un motivador que permita asociar al ejercicio con experiencias positivas y gratificantes.

La música puede cambiar la forma en la que sientes y haces el ejercicio

En una investigación recientemente publicada en Psychology of Sports and Exercise el 15 de este mes, se ha puesto a prueba la influencia que la música puede tener en el entrenamiento de las personas. En una primera instancia, se ha decidido evaluar qué tipo de efecto puede tener esta en el ánimo en comparación con otras tendencias como escuchar podcast o simplemente no colocar ningún tipo de ambientación.

Sin importar el caso, la música demostró ser la que más influencia tenía en mejorar el ánimo de los participantes. Asimismo, a través de sensores, se midieron variables como su presión arterial y su frecuencia cardiaca –gracias a ellas, era posible ver la intensidad del entrenamiento en el cuerpo de la persona.

Sorpresivamente, aquellos que entrenaron con música demostraron un mejor desempeño con mayores niveles en estos medidores. Por otra parte, aquellos que no oyeron nada o escucharon podcast no se mostraron tan efectivos en sus entrenamientos.

Elegir la música sí hace la diferencia

Asimismo, otro de los detalles que se pudieron destacar es que la elección de la música sí hace la diferencia. Ello se demostró la notar que había ciertos tonos y melodías que funcionaban mejor para motivar para diferentes tipos de ejercicios.

Asimismo, las canciones que se utilizan al inicio del entrenamiento, no deberían ser las mismas de la mitad o el final de este. ¿Por qué? Debido a que la música influencia la mentalidad de la persona y esta debe ir cambiando a medida que se avanza en la rutina.

Como consecuencia, se pudo ver que dedicar unos minutos extra a crear una playlist específica para ejercitar, después rinde frutos. Después de todo, el rendimiento de quienes lo hacen suele ser mejor que el de aquellos que solo colocan una lista de reproducción aleatoria. Lo cual podría generar accidentes como que Adele cante Hello en el medio de tu sesión de cardio –sí, canta hermoso, pero no motiva a entrenar hasta que ya no te quede energía.

Busca una canción que se sincronice con tu corazón, literalmente

Una vez quedó claramente definido que la música puede mejorar en gran medida las rutinas de ejercicio de las personas, los científicos pudieron hacer algunas recomendaciones. Por ejemplo, una de ellas era generar una playlist que sincronizar con los latidos del corazón.

Ello no tendría que ser tomado literalmente ya que, en realidad, la lista de reproducción sería quien realmente marcaría el paso al que, naturalmente, tu organismo después se acoplaría. Para iniciar, dicen que es recomendable comenzar con 120 bpm (beats per minutes o latidos por minuto), que equivalen a la frecuencia cardiaca que se consigue con una caminata leve.

Aseveran que, en lo que los ejercicios aumenten de intensidad, la frecuencia de la música debería tener unos 140 bpm. De este modo, el entorno le estaría diciendo al organismo la frecuencia en la que tiene que estar. Lo que, por ende, terminará mejorando su rendimiento general.

Con todo esto claro, ya no hay motivos para incluir una buena playlist en la rutina de ejercicios. Al final, ella podría convertirse en el empujón que falta para convertir el ejercitar en un hábito.

Referencia:

Let’s Go: Psychological, psychophysical, and physiological effects of music during sprint interval exercise: https://doi.org/10.1016/j.psychsport.2019.101547