El aislamiento social, entendido como la falta de comunicación o interacción significativa y sostenida con amigos, familiares y la comunidad en general, es una condición recurrente en los adultos mayores que está asociada a resultados adversos para la salud tanto física como mental.

Alrededor del 30 por ciento de los adultos mayores de 65 años tienen artritis hasta cierto punto, especialmente en las articulaciones de las piernas. Con frecuencia, estas personas tienen otros problemas de salud que pueden aumentar su riesgo de quedar socialmente aislados, incluyendo ansiedad y depresión, miedo a moverse (porque la artritis hace que moverse sea doloroso), inactividad física y no poder cuidarse a sí mismos.

Asociación estudiada

A pesar de la prevalencia de estas dos realidades, hasta ahora ha habido poca investigación sobre la relación entre la artritis y el aislamiento social.

Los investigadores evidenciaron que la artritis es una factor influyente en la prevalencia del aislamiento social.

A fin profundizar en esta cuestión, un equipo internacional de investigadores de varias instituciones llevaron a cabo un estudio cuyos resultados muestran que los síntomas comúnmente asociados con la artritis, especialmente el dolor articular y la función reducida, pueden aumentar el riesgo de aislamiento social en adultos mayores.

Para el estudio, los investigadores examinaron la información del Proyecto Europeo sobre la Osteoartritis (EPOSA), con el fin de indagar si existe una asociación entre la artritis y el aislamiento social, e identificar la contribución que esta enfermedad puede tener en la prevalencia del aislamiento social.

La cohorte EPOSA es un estudio de 2.942 adultos con edades entre 65 a 85 años residentes en seis países europeos: Alemania, Italia, Países Bajos, España, Suecia y Reino Unido. En total, 1.967 personas con una edad promedio de 73 años participaron en la investigación.

Los autores del estudio estaban interesados en saber si los participantes estaban socialmente aislados al comienzo del estudio, así como de 12 a 18 meses después. Para hacerlo, utilizaron cuestionarios que registraban con qué frecuencia y cuántas veces se conectaban socialmente con amigos y familiares. En complemento, registraron con qué frecuencia los participantes se ofrecieron como voluntarios o participaron en actividades sociales.

Riesgo aumentado

Al comienzo del estudio, casi el 20 por ciento de los participantes estaba socialmente aislado. Las personas más jóvenes, de mayor ingreso y mayor nivel educativo presentaban tasas más bajas de aislamiento social. También tenían más probabilidades de estar físicamente activos, tenían menos dolor físico, tiempos de caminata más rápidos y una mejor salud en general.

El aislamiento social es una condición recurrente en los adultos mayores que está asociada a resultados adversos para la salud tanto física como mental.

De los 1.585 participantes que no se consideraron socialmente aislados al comienzo del estudio, el 13 por ciento se había aislado socialmente de 12 a 18 meses después. Estos casos se distinguieron por un detrimento de la salud y un empeoramiento de la artritis.

En este punto, los participantes informaron sentir más dolor, haber disminuido su actividad física, tener tiempos de caminata más lentos y una mayor prevalencia de depresión y deterioro cognitivo.

Estos resultados, explican los autores, muestran que la artritis aumenta el riesgo de aislamiento social, por lo que sugieren que los adultos mayores con la enfermedad podrían beneficiarse de la actividad física y participar en actividades sociales.

Conscientes de esta relación, los proveedores de atención médica podrían referir a las personas a centros para personas mayores, donde hay actividades especialmente diseñadas para personas con artritis.

Referencia: Association Between Osteoarthritis and Social Isolation: Data From the EPOSA Study. Journal of the American Geriatrics Society, 2019. https://doi.org/10.1111/jgs.16159