El bullying en un problema que lastimosamente parece aparecer en cada ámbito de la vida. Sin embargo, cabe destacar que este puede ser particularmente fuerte o cruel en las primeras etapas de nuestro crecimiento.

No es secreto que en la mayoría de las escuelas (por no decir todas) este problema ha venido ocurriendo. La mayoría de los niños han experimentado esta situación al ser víctimas o victimarios.

Sin embargo, un detalle que no es tan notorio es que no todos parecen estar verdaderamente conscientes de ello. Por este motivo, en Australia, en el 2017, comenzó a desarrollarse una investigación que permitiera conocer el estado actual de esta situación en las escuelas de país.

¿Cómo identificar el bullying?

Para poder llevar a cabo la investigación, primero era necesario dejar claro qué tipo de factores iban a ser tomados en cuenta en la encuesta. Cabe destacar que el término Bullying se basa en la unión de cuatro factores importantes: la aparición de una situación de agresión (física o verbal), la repetición en el tiempo de la misma, la intensión de hacer daño con ella y que la víctima se encuentre en una situación en la que se encuentre indefensa.

Legalmente, si alguno de estos factores no se encuentra presente, no se puede considerar a una agresión como bullying. No obstante, el que no pueda denominarse como tal no implica que no sea dañino, y tampoco asegura que las personas puedan –desde un punto de vista emocional y experiencial– hacer una diferenciación objetiva.

Por ello, el estudio –en lugar de abordar directamente el bullying– trató de comprender aisladamente los casos de agresión. Con esto, se les hacían preguntas a los niños de entre 11 y 16 que reflejaran a aparición o no de los 4 factores antes mencionados y si ellos habían sido víctimas de estos o los habían producido en alguien más. Las respuestas fueron más variadas de lo esperado.

¿Los estudiantes saben que han sido víctimas del bullying?

Según los datos recolectados por la investigación, un 48% de los niños que participaron en el estudio habían sido víctimas de bullying. Sin embargo, solo 1 de cada 3 de estos verdaderamente se habían sentido mal al respecto.

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De hecho, la mayoría consideraba que simplemente había sido una broma. Esta forma de pensar se vio más generalizada a medida que las edades descendían. Es decir que, los niños de menor edad en el estudio, parecían tener una mayor tendencia a confundir el acoso y las agresiones físicas o verbales entre sus pares como un simple juego o una broma. Con un porcentaje de un alarmante casi 50% es fácil notar que el problema del bullying está lejos de ser solucionado por ahora. En la mayoría de los casos, y ahora, en la mayoría de los casos, las víctimas de este ni siquiera están conscientes de serlo.

¿Con qué frecuencia ocurre esto en el mundo?

Australia no fue el único país en el cual se utilizó el cuestionario. Los investigadores también se dieron a la tarea de conocer los niveles de incidencia de estos casos en otras naciones. Específicamente, para el estudio se tomaron en cuenta estas 11: Italia, España, Polonia, Indonesia, Filipinas, Grecia, Israel, Taiwán, China, Corea del Sur y la India.

Para este caso, India fue el país en el porcentaje exponencialmente mayor (un aproximado 91%). Siendo su opuesto más bajo Taiwán, con apenas un 12% aproximado de estos problemas.

Por otra parte, otras naciones como Italia, Polonia y China arrojaron porcentajes muy similares a los que se consiguieron en Australia. En cuanto a las diferencias de género, fue común encontrar que las niñas tenían más problemas de autoestima a causa del bullying “inofensivo” que los niños.

Como resultado de toda la investigación, ha quedado claro que –como hemos dicho– el bullying está muy lejos de ser erradicado y no prestarle atención podría ocasionar situaciones en las que se corre el riesgo de normalizarlo. Para evitarlo, es necesario que se tomen acciones más contundentes, se mejoren las políticas anti-bullying y las reacciones al descubrir el mismo. De este mismo, modo es necesario que se requiera un nuevo proceso de concientización en el que se vuelva a “sensibilizar” a los más jóvenes, para que puedan comprender la diferencia entre un juego inofensivo y un acoso dañino.

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