Si bien décadas de investigación demuestran que el ambiente dentro del útero influye en el desarrollo neurológico fetal, los resultados del nacimiento e incluso la proporción de varones nacidos, existe una comprensión limitada sobre los tipos de estrés materno que más influyen en la descendencia.

A fin de cerrar esta brecha, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Columbia identificó los tipos de estrés físico y psicológico que mayor influencia pueden tener en el desarrollo fetal y los resultados del nacimiento.

Indicadores de estrés

Debido a que el estrés puede manifestarse de varias maneras, tanto como una experiencia subjetiva como en mediciones físicas y de estilo de vida, los investigadores examinaron 27 indicadores de estrés psicosocial, físico y de estilos de vida recopilados de cuestionarios, diarios ambulatorios y evaluaciones físicas de 187 mujeres embarazadas de 18 a 45 años.

Los autores sugieren que las mujeres embarazadas que experimentan estrés físico y psicológico tienen menos probabilidades de tener un niño.

Del total de mujeres examinadas, 66,8 por ciento se ubicó en el perfil sano, mientras que el 17,1 por ciento estaba en el perfil psicológicamente estresado, evidenciando elevaciones clínicamente significativas depresión, ansiedad y estrés percibido, y 16 por ciento estaba en el perfil de estrés físico, con presión arterial ambulatoria relativamente más alta y una mayor ingesta calórica.

En promedio, nacen alrededor de 105 varones por cada 100 nacimientos femeninos (105:100). Pero en este estudio, la proporción de sexos en los grupos con estrés físico y psicológico favoreció a las niñas, con proporciones de varones a hembras de 4:9 y 2:3, respectivamente. Sobre la base de estos registros, los autores sugieren que las mujeres embarazadas que experimentan estrés físico y psicológico tienen menos probabilidades de tener un niño.

En cuanto a los resultados de nacimiento, el equipo encontró que las madres con estrés físico, con mayor presión sanguínea e ingesta calórica, tenían más probabilidades de dar a luz prematuramente que las madres sin estrés.

Importancia de la salud mental

Entre las madres con estrés físico, los fetos habían reducido el acoplamiento de la frecuencia cardíaca-movimiento, un indicador de un desarrollo más lento del sistema nervioso central. Adicionalmente, los investigadores pudieron observar que las madres con estrés psicológico tuvieron más complicaciones de parto que las madres con estrés físico.

El estudio deja claro que la salud mental materna es importante no solo para la madre sino también para su futuro hijo.

Los investigadores también encontraron que lo que más diferenciaba a los tres grupos era la cantidad de apoyo que una madre recibía de amigos y familiares. Por ejemplo, cuanto más apoyo social recibió una madre, mayor fue la probabilidad de que tuviera un bebé varón.

Cuando el apoyo social se equilibró estadísticamente en todos los grupos, los efectos del estrés sobre el parto prematuro desaparecieron, un resultado que sugiere que mejorar el apoyo social es potencialmente un objetivo efectivo para la intervención clínica.

Se estima que el 30 por ciento de las mujeres embarazadas reportan estrés psicosocial por tensión laboral o relacionada con depresión y ansiedad. Tal estrés se ha asociado con un mayor riesgo de parto prematuro, que está relacionado con tasas más altas de mortalidad infantil y de trastornos físicos y mentales, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

En conclusión, manifiestan los autores, lo que queda claro de nuestro estudio es que la salud mental materna es importante, no solo para la madre sino también para su futuro hijo.

Referencia: Maternal prenatal stress phenotypes associate with fetal neurodevelopment and birth outcomes. PNAS, 2019. https://doi.org/10.1073/pnas.1905890116