Al menos una vez en la vida viviremos una situación de este tipo: se nos ha acumulado el trabajo y el jefe nos pregunta cómo va lo que no hemos entregado. ¿Responderías con la verdad, que probablemente es “no tengo nada listo aún”, o dirías que solo te falta afinar algunos detalles?

Podría ser que dependiendo de la situación y de la rapidez con la que podamos solventarla, optemos por la segunda opción para retrasar la ira de nuestros supervisores. Y esto ha sido corroborado por un estudio reciente publicado en Psychological Science, una revista de la Asociación para la Ciencia Psicológica.

Responder rápido y sin pensar

Cuando alguien hace preguntas para que les respondan de manera rápida e impulsiva, los interrogados tienen a responder justo lo que quieren escuchar en lugar de responder con honestidad.

John Protzko y Claire Zedelius, dos investigadores de la Universidad de California, Santa Bárbara (UCSB), partieron de la idea aceptada de que la técnica tradicional de “responder rápido y sin pensar” implica honestidad, un criterio bastante aplicado en la investigación psicológica.

Pero contrario a esta concepción, también hay situaciones en los que las preguntas repentinas que requieren respuestas instantáneas realmente lleven a la gente a responder justo lo que el otro quiere escuchar, aun cuando esta no sea la realidad.

“Esto puede significar que tenemos que revisar la interpretación de muchos hallazgos de investigación que utilizan la técnica de ‘responder rápidamente'”, explicó Protzko en un comunicado.

Una mente dividida

Tal como explicamos en nuestro artículo sobre el autocontrol, nuestro cerebro está dividido en un sistema caliente y un sistema frío, una teoría planteada por Walter Mischel para explicar los resultados de su famoso test del malvavisco. El primero está relacionado con el instinto, mientras que el otro está guiado por la razón, y estos se encuentran batallando a la hora de tomar decisiones.

Protzko explica el funcionamiento de la mente de manera similar:

“La idea siempre ha sido que tenemos una mente dividida: un tipo intuitivo, animalista y un tipo más racional. Y se supone que el tipo más racional siempre está restringiendo la mente de orden inferior. Si le pides a la gente que responda rápidamente y sin pensar, se supone que te dará un tipo de acceso secreto a esa mente de orden inferior”.

Diez preguntas rápidas de “sí” o “no”

Protzko, Zedeliu y su colega Jonathan Schooler diseñaron un experimentos que consistía en realizar diez preguntas o planteamiento simples que los participantes debían responder solo con sí o no. Entre ellos “A veces me siento resentido cuando no me salgo con la mía” y “No importa quién estoy hablando, siempre soy un buen oyente”.

Entonces llevaron a cabo una encuesta con sus diez preguntas, y los encuestados deberían responder a cada una de ellas en medio de 11 segundos, o bien, tomarse más de 11 segundos para ello.

Los investigadores notaron que los que respondieron rápidamente tenían más probabilidades de dar respuestas socialmente aceptables en comparación con los que se tomaron más tiempo para responder.

Descubrieron que el grupo de respuesta rápida tenía más probabilidades de dar respuestas socialmente deseables, mientras que los que respondían lentamente y los Protzko dijo que los que no tenían limitaciones de tiempo (rápido o lento) tenían menos probabilidades de hacerlo.

Responder rápido no implica una respuesta auténtica

No conformes con este resultado, llevaron a cabo otro experimento orientado a determinar si las personas tienden a dar respuestas políticamente correctas cuando están bajo presión de tiempo o porque realmente piensan ello y se consideran a sí mismas como virtuosas (sesgo bueno-verdadero-propio).

Entonces hicieron las mismas preguntas a otro grupo de participantes, pero a diferencia de la primera encuesta, estas se plantearon bajo diferentes restricciones de tiempo. Luego de ello, los encuestados debieron completar una tarea de juicio social diseñada para evaluar su concepción del comportamiento moralmente bueno y malo respecto a su verdadero yo.

Los investigadores esperaban que las personas que obtuvieran puntajes más bajos en la escala de sesgo bueno-verdadero-yo podrían ser menos propensos a dar respuestas socialmente deseables cuando se les hacían preguntas con límites de tiempo.

Sin embargo, encontraron que las personas que obtuvieron un puntaje alto en dicha escala emitieron respuestas socialmente aceptables en general, pero sobre todo cuando tuvieron suficiente tiempo para pensar en ellas. En cambio, los que obtuvieron puntajes bajos fueron los que ajustaron sus respuestas para que fueran socialmente aceptables por la presión el tiempo.

Con ello, los autores concluyeron que la presión del tiempo no saca respuestas auténticas de las personas. En su lugar, estas pueden incluso parecer no virtuosas, tergirversando la imagen de sí mismas.

Referencia:

Rushing to Appear Virtuous: Time Pressure Increases Socially Desirable Responding. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0956797619867939