La llamada movilidad comunitaria promueve la función física, el compromiso social, la vida independiente y una mejor calidad de vida.

Los médicos suelen resaltar las ventajas de la caminata, no solo para mejorar la movilidad del cuerpo, sino también para mejorar el estado de ánimo y las funciones cognitivas. Sin embargo, esta parece tener ciertos criterios para resultar en verdaderos beneficios.

De hecho, no hacerlo tan rápido simplemente no tendría ningún punto positivo en nuestra salud. Así lo plantea un nuevo estudio publicado en la revista JAMA Network Open, en el que se demostró que las personas que caminaban más lento presentaban un “envejecimiento acelerado”, y no conforme con ello, sus pulmones, dientes y sistemas inmunitarios estaban en peor forma en comparación con las personas que caminaban más rápido.

“Lo que es realmente sorprendente es que esto es en personas de 45 años, no en los pacientes geriátricos que generalmente son evaluados con tales medidas”, dijo el investigador principal Line JH Rasmussen, investigador postdoctoral en el departamento de psicología y neurociencia de la Universidad de Duke.

Cerebros y cuerpos más viejos a los 45 años

Las personas de 45 años que caminaban más lento lucían mayores físicamente y tenían cerebros con señales de envejecimiento.

Terrie E. Moffitt, profesora de psicología de la Universidad Nannerl O. Keohane, en la Universidad de Duke, profesora de desarrollo social en King’s College de Londres y autora de este nuevo estudio, saca a relucir que hasta ahora los médicos saben que los caminantes lentos de 70 y 80 años de edad tienen a morir antes que los caminantes rápido de la misma edad.

Pero en esta ocasión se cubrió el período desde los años preescolar hasta la mediana edad, y encontraron que la caminata lenta es una señal negativa décadas antes de llegar a la tercera edad.

Los investigadores utilizaron una base de datos de casi 1,000 personas que nacieron durante un solo en Dunedin, Nueva Zelanda, de los cuales 904 fueron probados, cuestionados y medidos durante toda su vida, principalmente desde abril de 2017 hasta abril de 2019, momento en el que alcanzaron los 45 años.

En su última evaluación, los resultados de la resonancia magnética mostraron que los participantes que caminaban más lento tienden a tener un volumen cerebral total más bajo, un grosor cortical medio más bajo, menos área de la superficie cerebral y una mayor incidencia de “hiperintensidades” de la sustancia blanca, las cuales definen como pequeñas lesiones relacionadas a vasos sanguíneos cerebrales enfermos. Todo estos rasgos corresponden a la vejez.

Cuando observaron su apariencia física por medio de ocho revisores que evaluaron la edad facial, encontraron también que los caminantes más lentos se veían mayores respecto a su edad.

Marcadores predictivos de caminantes lentos

Otro punto a destacar es que las pruebas neurocognitivas que estos individuos tomaron cuando eran apenas unos niños podrían predecir quiénes se convertirían en caminantes más lentos. Esto por medio de puntuaciones sobre su coeficiente intelectual, comprensión del lenguaje, tolerancia a la frustración, habilidades motoras y control emocional tomadas a los 3 años de edad.

“Es una pena que no tengamos velocidad de marcha e imágenes cerebrales para ellos cuando somos niños”, dijo Rasmussen. Y es que la resonancia

magnética es un método relativamente reciente, y aunque los participantes tenían cinco años cuando se inventó, los investigadores no empezaron a aplicarlo sino hasta años después.

Algunas de las diferencias encontradas entre los participantes que caminaban lento y los que caminaban rápido pueden atribuirse a elecciones de estilo de vida que tomaron a lo largo de los años.

Referencia:

Association of Neurocognitive and Physical Function With Gait Speed in Midlife. https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2752818?resultClick=3