Ballena franca madre y su cría. Crédito: Christin Khan/NOAA Fisheries

Las diferentes formas de vida de nuestro planeta han desarrollado sus sentidos de tal forma que estos les ayuden en la ardua tarea de sobrevivir, lo cual muchas veces implica huir o ahuyentar a los depredadores.

Tenemos pues el caso de las ardillas, que han demostrado ser más precavidas de lo que se pensaba, y sigilosamente prestan especial atención a las vocalizaciones de las aves para cerciorarse de la presencia de depredadores en sus cercanías.

Pero en esta oportunidad nos trasladaremos al Atlántico norte, hogar de las ballenas francas (Eubalaena glacialis), las cuales parecen cambiar la forma en que se comunican con sus crías, siendo especialmente sigilosas, para evitar llamar la atención de los depredadores. Esto fue descubierto en una nueva investigación dirigida por la Oficina de Investigación Naval y el Comando de las Fuerzas de Flota de los EE. UU., y publicada en la revista Royal Society Open Letters.

Las ballenas madres reducen drásticamente sus vocalizaciones

Como hemos comentado en varias oportunidades, gracias a su gran tamaño e imponencia, las ballenas en general tienen pocos depredadores naturales, siendo muy dominantes en las aguas. Sin embargo, sus crías recién nacidas son bastante vulnerables y presas muy atractivas para los tiburones y las orcas.

Las ballenas no suelen tener depredadores naturales, pero sus crías son presas atractivas para tiburones y orcas. Créidito: NOAA

Las ballenas se comunican esencialmente por medio de señales acústicas de baja frecuencia que pueden transmitirse a largas distancias. Pero conscientes del peligro, las madres tienden a adoptar un comportamiento críptico para pasar inadvertidas y así proteger a sus frágiles crías.

Interesados en este tema, los investigadores colocaron etiquetas de grabación no invasivas a través de ventosas en las ballenas francas del Atlántico Norte, específicamente en los terrenos de parto de las costas de Florida y Georgia. Esto con el fin de recopilar datos acústicos de las ballenas juveniles y embarazadas dentro del área, así como de las parejas de madres y crías.

Los resultados del estudio revelan que las nuevas madres reducen sus vocalizaciones, conocidas como “llamadas de atención”, de manera drástica para evitar a los depredadores y proteger a sus crías.

Se observó también que esta reducción de señales acústicas fue mayor en la ballenas madres en comparación con las ballenas juveniles y las que estaban embarazadas, según explica Douglas Nowacek, profesor de tecnología de conservación en la Universidad de Duke.

Las ballenas francas dependen de la cripsis acústica para sobrevivir

En su lugar, usan un sonido silencioso, corto y gruñido que, a diferencia de su llamada habitual, no se escucha a más de una corta distancia. Según señalan en su publicación reciente:

“También produjeron estos sonidos muy silenciosos y susurrantes. Esto sugiere que las parejas de terneros y ballenas francas dependen de la cripsis acústica, un tipo de comportamiento destinado a evitar la detección, para reducir el riesgo de espionaje por parte de orcas o tiburones que acechan en aguas turbias cercanas”.

De esta forma, la madre y la cría se pueden mantener en contacto sin anunciar su presencia a los posibles depredadores en el área. Según los autores, hasta ahora este comportamiento específico no había sido documentado.

Lo más curioso de ello es que, según Susan Parks, profesora de biología en la Universidad de Syracuse y líder de esta investigación, estos sonidos son casi equivalentes a los susurros que hacen los seres humanos, notándose así una similaridad en sus comportamientos.

Según los científicos, actualmente existen apenas 420 ballenas francas en el Atlántico norte, y en los últimos tres años se han confirmado 30 muertes. Esto, en un contexto en que se encuentran en peligro, representa un problema pues reduce las probabilidades de que la especie sobreviva.

Referencia:

Acoustic crypsis in communication by North Atlantic right whale mother–calf pairs on the calving grounds. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsbl.2019.0485