Los ataques cardiacos ya son un tema del día a día. En la actualidad, es difícil encontrar a una persona que no haya estado en contacto con este tema de alguna manera –ya sea personalmente o a través de experiencias de terceros.

Debido a lo impredecibles que pueden ser en algunos casos, los cuidados preventivos que se deben tener de la salud son un factor muy importante. Aun así, en ocasiones ello no es suficiente y las personas de todos modos terminan teniendo este padecimiento –en estos casos, muchas veces se encuentran involucradas razones genéticas.

Para aquellos que tienen la mala suerte de vivir esta situación, existen dos caminos: que el ataque los envíe al hospital y luego a rehabilitación o que simplemente sea fulminante. En este último caso, lamentablemente no habrá nada que hacer y es una situación que muchos temen.

Por el contrario, si la persona logra superar esta situación, entonces tendrá que enfrentarse a una nueva etapa de la misma –una que, en la mayoría de los casos, las personas pasan por alto. Esta se trata de la rehabilitación, en la que, en más ocasiones de las que uno se imagina, las personas tienen que recibir apoyo para dominar sus movimientos en acciones tan comunes del día a día como caminar, sentarse y levantarse.

Las prioridades de los adultos mayores son otras

Sí, está claro que la principal meta que se persigue al tratar a una persona que sufre un ataque cardiaco es conservar la vida de la misma. En ello, se podría decir que tanto el paciente como los doctores están de acuerdo.

No obstante, las prioridades o puntos de interés tal vez no sean las mismas después de que la crisis es superada. En muchas oportunidades, los doctores han realizado estudios científicos intentando conocer mejor los porcentajes de mortalidad o de reincidencia de esto padecimiento.

A pesar de que ello es importante, muchas veces deja de lado la meta principal de quien es el centro de todo el asunto: el paciente. Después de todo, la mayoría de estos lo que de verdad buscan es poder volver a su rutina y retomar las actividades de su vida cotidiana.

Investigaron desde una nueva perspectiva

Este es un detalle que notó la epidemióloga Alexandra Hajduk, quien se encargó de dirigir un nuevo estudio en la Universidad de Yale. A ella, la acompañó un equipo de académicos e investigadores compuesto por: Terrence Murphy, Mary Geda, John Dodson, Sui Tsang, Leila Haghighat, Mary Tinetti, Thomas Gill y Sarwat Chaudhry.

Entre todos, se encargaron de realizar un estudio que les permitiera conseguir un modo de determinar las posibilidades que tendría un adulto mayor de seguir valiéndose por sí mismo luego de vivir una experiencia como esta. Ya que, entienden que esta se trata de una de sus mayores preocupaciones. Ello se puede ver reflejado en las palabras de Hajduk cuando comenta: “Para muchos adultos mayores, preservar su independencia es el objetivo más importante”.

Con esto como meta, el estudio se enfocó en conocer y estudiar las situaciones de adultos de 75 años o más que hayan tenido ataques cardiacos. La investigación involucró a más de 2.500 individuos en casi 100 hospitales en todo Estados Unidos.

En cada caso, los individuos fueron sujetos a una prueba simple conocida como TUG (Timed Up and Go). En ella, se pedía a los pacientes que realizaran tareas como caminar brevemente, darse la vuelta, sentarse en una silla y volverse a levantar y caminar hacia atrás. Todo con la finalidad de poder registrar y estudiar la movilidad del paciente en el momento. Con ello, podían luego compararla con las dificultades que pueda tener al regresar a su vida diaria.

Los resultados podrían cambiar la forma en la que se maneja la rehabilitación

Los investigadores de Yale pudieron notar una relación directa entre los resultados de la prueba TUG y la independiencia posterior. Así, las personas que se desempeñaron con menor facilidad en ella después mostraron más dificultades al tratar de hacer sin ayuda muchas actividades diarias básicas. Quedó reportado, de nuevo que bañarse, es una de las mayores dificultades para el común denominador.

Asimismo, los problemas para vestirse independientemente o levantarse a sillas sin ayuda son también muy comunes. La posibilidad de detectar esta situación desde antes de que el paciente salga del hospital podría cambiar los procesos de rehabilitación. Ya que, haría que estos tuvieran un enfoque mucho más personalizado.

De este modo, sería posible proveer a cada paciente de los cuidados que verdaderamente requiere. Gracias a ello, a la larga, se podría aumentar la cantidad de sobrevivientes mayores a ataques cardiacos que puedan continuar llevando una vida independiente.

Referencia:

Association Between Mobility Measured During Hospitalization and Functional Outcomes in Older Adults With Acute Myocardial Infarction in the SILVER-AMI Study: doi:10.1001/jamainternmed.2019.4114