Uno de los adjetivos más populares de nuestra actualidad (y desde hace varios años) es “tóxico”. La palabra nos podría llevar a pensar en la radiactividad de Chernóbil, sobredosis de drogas, alcohol o en las toxinas que libera nuestro cuerpo.

Pero lo cierto es que este adjetivo es más empleado para referirnos a ciertas personas que no nos resultan tan agradables, pero más aún, cuando estas son capaces de hacernos daño. ¿Vamos entendiendo ya la conexión con la radiactividad?

Pues bien, no es algo en lo que debamos encasillarnos pues todos tenemos tiempos buenos y tiempos malos. Y como seguramente hemos leído en algún meme en Internet, “todos hemos sido el o la tóxica en la vida de alguien más”.

Eso sí, no está bien perpetuarnos en ello. Los seres humanos somos sociales y cambiantes. Interactuamos con lo que hay a nuestro alrededor y en teoría deberíamos aprender de ello, y todo aprendizaje (con todo el significado de la palabra) debería implicar un cambio.

Hablando de ello iremos a la parte popular del tema: las relaciones tóxicas. Cuando escuchamos ese término, pensamos en relaciones “románticas” dentro de las que hay engaño, manipulación y maltrato. Sin embargo, esto trasciende el tema de las parejas y puede aplicar incluso en relaciones amistosas o familiares.

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De hecho, estas pueden estar disfrazadas de sanas cuando no lo son. Muchas relaciones tóxicas inician con interacciones saludables y poco a poco, conforme van surgiendo las diferentes situaciones, la dinámica se vuelve desagradable al punto de poder lastimarnos.

Y otro tema es el tiempo. Podríamos pensar que el exceso de confianza que puede conllevar demasiado tiempo con una persona, hablando en términos de años, puede generar disgustos, pero hay relaciones en que estos comportamientos se observan desde el principio.

Sea cual sea el caso, además de disfrutar de la compañía y apoyo de alguien, es necesario estar atentos y, sobre todo, saber detectar las principales señales de una relación tóxica. A continuación algunos datos relevantes:

Egocentrismo, todo parece girar en torno al otro

Las personas egocéntricas tienden a volverse tóxicas en una relación pues intentan hacer todo a su manera, olvidando los intereses o sentimientos del otro.

Siempre nos hablan de que es necesario querernos a nosotros mismos para poder querer a los demás, y esto no es ninguna mentira. Sin embargo, también es necesario querernos de manera equilibrada, y sobre todo, considerar que no estamos solos en el mundo, y más si tenemos una pareja.

Entonces si a la hora de hacer planes con un amigo o nuestra pareja siempre debe hacerse lo que sugiera esta persona, algo puede estar yendo mal. Hace unos meses reseñamos un estudio que planteaba que la toma de decisiones arroja mejores resultados cuando se hace entre una persona egoísta y una persona altruista, sin embargo, no debemos permitir abusos de poder.

Este es un rasgo especialmente peligroso pues puede disfrazarse fácilmente como capacidad de liderazgo, preocupación por los sentimientos del otro e incluso buen gusto. Pero debemos aprender a diferenciar cuando alguien simplemente quiere tener el control de todo de cuando su insistencia está orientada al bien común.

Celos, tendencia a controlar todo lo que haces

Revisar el celular, redes sociales, cuentas bancarias y demás aspectos personales de la pareja son comportamientos típicos de una personalidad insegura, controladora y tóxica.

Hablando de la confianza, sí, es normal que las parejas compartan cosas como claves bancarias o del correo electrónico a fin de facilitar el proceso cuando alguno de los dos lo necesite. Lo que está mal es utilizarlas sin el consentimiento del otro, y peor aún obligarle o manipularle para que la proporcione.

Ahora bien, como decía John Donne “ningún hombre es una isla”. También puede ocurrir que nos sintamos inseguros en algún momento por la llegada de un nuevo amigo o amiga a la vida de nuestra pareja, pero si no hay razones lógicas para pensar que hay algo más, simplemente no deberíamos hacerlo.

La idea de que si alguien te cela es porque te quiere en realidad está un poco errada. Los celos son una respuesta natural humana ante una posible amenaza, pero no debe ser algo recurrente.

Las personas confunden confianza con abuso, pero las abuelas no se equivocaban cuando nos aconsejaban “mientras más confianza más respeto”.

Si desconfían en nosotros, si nos acusan constantemente de cosas que no hacemos e incluso revisan nuestro celular, redes sociales y cuentas bancarias buscando evidencia para discutir, es probable que estemos en una relación tóxica.

Invasión, no respetan tus límites

Es normal que las parejas quieran pasar tiempo juntas, pero exigir que esto sea así todo el tiempo no es un comportamiento saludable.

La cercanía entre los humanos puede ser muy placentera, pero recordemos el dilema del erizo: a veces somos como erizos, nos lastimamos cuando nos acercamos para darnos calor. Así que es conveniente hablar de límites.

Las personalidades tóxicas suelen generar discusiones cuando las cosas no son a su parecer, cuando escuchan un no, e incluso cuando la otra persona solicita un poco de espacio o tiempo para sí mismo, algo esencial dentro de una relación saludable.

Aún cuando estemos en una relación sentimental con alguien, merecemos espacio y tiempo que sean solo de nosotros. Por supuesto, todo dentro de límites prudentes. Nuestra pareja no debería sentirse sola o desatendida si no podemos compartir en algún momento con ella, sin embargo, podría ocurrir así si considera que tiene y merece todo nuestro tiempo.

Agotamiento, la toxicidad tiende a pesar

Una pareja debe ser alguien con quien podamos conversar, compartir nuestros sentimientos y sentirnos a gusto. Si cumple con todos estos elementos, seguro nos sentiremos más enérgicos y capaces en su compañía.

Pero si en cambio nos sentimos agotados y desmotivados, algo no anda bien. Sí, a veces el problema puede estar dentro de nosotros mismos por alguna situación ajena a nuestra pareja, pero muchas veces el origen está precisamente en ella. ¿Estaremos dando más de lo que recibimos? ¿Lidiamos más con problemas que con bienestar?

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Aislamiento, de pronto no hablas con amigos ni familiares

Esto va de la mano con el tema de la invasión. En una relación saludable, se pasa tiempo en pareja, en soledad y también con otras personas. En una relación tóxica, una o ambas partes no solo exigirán estar todo el tiempo con su pareja, sino que exigirán y evitarán que esta comparta con otras personas por miedo a que conozca a alguien más o las abandone, o simplemente para elevar su ego y sentir que mandan.

Manipulación, harán lo posible para que cumplas sus deseos

Como mencionamos párrafos atrás, el comportamiento manipulador puede ser difícil de identificar pues su base es hacer parecer que no es manipulación sino un deseo entendible y digno de complacer.

Las personas tóxicas manipuladoras crean las condiciones necesarias para que el otro ceda ante sus intereses, por lo general atacando sus emociones, haciéndole sentir culpable de algo de lo que no necesariamente lo sea, o simplemente sacando errores del pasado.

Te sientes atrapado en la relación

Cuando una relación no funciona y los intentos por arreglarla no dan resultado, es mejor terminarla.

Otro frase muy popular es “morir de amor es la peor forma de morir porque no te mueres nunca”, y aunque para muchos parezca romántica, en realidad puede que no lo sea.

Muchas veces estando en una relación con la que no se está satisfecho o contento, es difícil tomar la decisión de salir de ella. E incluso, cuando la tomamos y la pareja lo nota, entonces aplica la manipulación para intentar revertir este deseo.

Dicho todo esto, nos queda recordar que la autocrítica también es válida. No siempre somos las víctimas aunque así lo creamos. Pero sin lugar a dudas, si algo no va bien y tampoco hay deseos de arreglarlo, mejor evitarse malos ratos.

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