Un nuevo estudio sugiere que la exposición a la contaminación lumínica puede causar un aumento en el uso de pastillas para dormir.

La talidomida es un fármaco desarrollado por la compañía farmacéutica alemana Grünenthal GmbH, y comercializado entre los años 1957 y 1963 como sedante y calmante de las náuseas durante los tres primeros meses de embarazo.

Curiosamente, el primer trimestre de embarazo es el más importante y también donde los síntomas de náuseas y mareos son mucho más frecuentes, imposibilitando en algunos casos específicos que las mujeres desarrollen sus actividades diarias con normalidad.

La aplicación de la talidomida fue bien acogida en la época pues en un principio se pensó que no causaba casi ningún efecto secundarios, e incluso, si se consumía más de la cuenta, no resultaba letal.

Sin embargo, su administración en mujeres embarazadas causó miles de nacimientos de bebés con extremidades demasiado cortas, o bien sin ellas, una anomalía congénita conocida como focomelia.

La talidomida podía afectar al feto tanto por medio de la madre como del padre. No importaba si esta no había tomado el medicamento, si el padre lo había tomado antes de la concepción, también ocasionaría malformaciones pues este dejaba su rastro en el esperma y transmitía sus efectos nocivos desde la concepción.

La talidomida podía afectar al bebé bien siendo consumida por la madre durante el embarazo, o por el padre incluso antes de la concepción, afectando el desarrollo de las extremidades.

Una vez confirmado el vínculo entre dicho fármaco y las malformaciones en los fetos, este fue retirado del mercado en los países en los que había sido comercializado. Sin embargo, este ha logrado ser reconsiderado por la ciencia para el tratamiento del cáncer y enfermedades inflamatorias.

Es por ello que investigadores del Instituto de Tecnología de Tokio (Tokyo Tech), la Universidad Médica de Tokio y la Universidad de Estudios de Milán, en Italia, se unieron para conocer más detalles sobre cómo la talidomida causa anormalidades en el desarrollo de las extremidades y los oídos. Sus hallazgos se publicaron en la revista Nature Chemical Biology.

La interacción con una proteína causa malformaciones

La talidomida se une al cereblón y causa un desarrollo anormal de las extremidades y el oído al inducir la descomposición de proteínas. Crédito: Nature Chemical Biology.

Luisa Guerrini, investigadora italiana, manejaba la hipótesis de que la familia de proteínas p63 podría estar involucrada en el desarrollo de las malformaciones. De modo que los investigadores exploraron esta idea en su investigación, para la cual utilizaron el pez cebra como organismo modelo.

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Hace casi diez años, un equipo dirigido por Hiroshi Handa y Yuki Yamaguchi, que también formaron parte de la nueva investigación, identificó el cereblón como una proteína clave por medio de la cual la talidomida inicia sus conocidos efectos adversos.

Los hallazgos recientes revelan lo que ocurre después de eso. Después de unirse al cereblón, la talidomida ocurre una descomposición de dos tipos de proteínas p63, confirmando así la teoría de Guerrini. Con ello, la interacción resulta en daño a las aletas del pez, que harían el papel de las extremidades de los bebés, y a las vesículas óticas, que representarían las orejas.

Ahora bien, los autores separan ambos efectos de la interacción del medicamento con la proteína: la descomposición de ΔNp63α produce defectos en las extremidades, mientras que el de TAp63α los causa en los oídos.

¿Podría la talidomida volver como un medicamento eficaz y seguro?

A pesar de haber sido retirado del mercado en la década de 1960, investigaciones posteriores constataron que la talidomida tenía propiedades antiinflamatorias, lo que le ha permitido su consideración para tratar afecciones como la lepra y el mieloma múltiple, un tipo de cáncer de sangre.

Según Yamaguchi, la talidomida y sus medicamentos derivados son altamente efectivos y están asociados con pocos efectos secundarios, a excepción de los efectos teratogénicos en el feto.

Este factor sigue representando un gran obstáculo en su implementación en un contexto más amplio. Sin embargo, los hallazgos pueden contribuir a la reaparición de medicamentos seguros o no teratogénicos derivados en futuro cercano.

Referencia:

p63 is a cereblon substrate involved in thalidomide teratogenicity. https://www.nature.com/articles/s41589-019-0366-7

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