En varias oportunidades hemos hablado del cortisol, la hormona del estrés. Nuestro cuerpo la produce cuando las cosas no van tan bien, y aunque suena mal, esta en realidad puede ser bastante útil para impulsarnos a realizar nuestras tareas y culminarlas.

Es en este tipo de casos en que podemos hablar del “estrés bueno”. Sí, quizás nunca escuchemos a alguien decir que se siente genial estar estresado, pero la realidad es que es algo inevitable en el mundo en que vivimos y hay que aprender a vivir con él.

Con ello no nos referimos a que es bueno estar estresados siempre, sino a que el estrés puede ser utilizado de manera estratégica precisamente para acabar con él. Quizás ese dicho que plantea que “lo que no te mata, te hace más fuerte” puede aplicar en este contexto.

Si eres optimista, es probable que vivas más tiempo

Diferentes formas de estrés

Partamos del hecho de que el estrés es una alteración de nuestra homeostasis, nuestro equilibrio, lo cual es algo intrínseco en nuestra existencia. Entonces las diferentes formas en las que se presente son necesarias para llevar una vida saludable.

El “buen estrés”, conocido en el ámbito psicológico como “eustrés” es el tipo de estrés que sentimos cuando experimentamos excitación que puede ser por motivos recreativos como subir a una montaña rusa, motivos románticos como tener un cita con alguien que nos gusta, académicos, laborales, entre otros.

Luego tenemos el estrés agudo, que es causado por situaciones imprevistas que necesitan una respuesta inmediata. Este es bastante similar al concepto de estrés popular, por lo general visto con malos ojos, pues no está relacionado con contextos emocionantes como ocurre con el eustrés.

El estrés bueno está relacionado con la excitación causada por retos a los que nos enfrentamos.

Y aunque no suene tan agradable, el estrés agudo no es tan grave si podemos deshacernos de él rápidamente por medio de cosas que nos relajen. Lo bueno es que una vez que se solucione el factor estresante, el cuerpo puede reorganizarse nuevamente para llegar a la homeostasis para sentirse saludable y de buen humor.

Pero si las cosas no van también ocurre el estrés crónico, otra forma de mal estrés. Como su nombre lo indica, este se hace presente cuando estamos expuestos con frecuencia a factores estresantes que son muy importantes en nuestra vida y parecen ineludibles. Por ejemplo, una vida familiar infeliz o un trabajo exigente con el que no se está conforme.

Nuestro cuerpo puede soportar estrés, es cierto, pero todo en su justa medida. El estrés crónico no forma parte de la lista de cosas con las que podamos convivir, y experimentarlo puede generar problemas de salud tanto emocionales como físicos a corto y largo plazo.

El buen estrés puede convertirse en mal estrés

Partamos de que hay un efecto acumulativo que puede saturar nuestro cuerpo. El buen estrés puede convertirse en el malo en el momento en que se experimenta demasiado, algo que los amantes de la adrenalina puede asegurar.

La razón es que, a pesar de ser bueno, es estrés, e implica una alteración del equilibrio de nuestro cuerpo que merece ser resuelta con inmediatez. Si se experimenta buen estrés mientras de están viviendo al mismo tiempo otros factores que pueden causar estrés agudo o crónico, estos se acumulan y pueden llevarnos al colapso.

El mal estrés también puede convertirse en buen estrés

Sí, el estrés malo puede convertirse en estrés bueno, pero no bajo todas las situaciones en que se haga presente. Esto se puede lograr cambiando la forma en que vemos ciertos factores estresantes en nuestra vida, de modo que podamos aprovechar el estrés que nos causen.

Como explicamos cuando hablamos del estrés agudo, nuestro cuerpo reacciona rápida y fuertemente ante la presencia de amenazas (factores estresantes). Pero si dejamos de percibirlas como amenazas, puede que al momento de ocurrir no reaccionemos de acuerdo al estrés malo.

En cambio, si empezamos a considerar dicha amenaza como un desafío que nos interesa superar, entonces podríamos experimentar la emoción que caracteriza al estrés bueno, e incluso resolverlo de mejor manera.

¿Cómo podemos aprovechar el estrés en nuestra vida?

Cambiar la percepción que tenemos de los factores estresantes puede ayudarnos a verlos como retos y convertir nuestro estrés malo en uno bueno.

Como íbamos explicando, es necesario que cambiemos la forma en que percibimos los factores estresantes en nuestra vida. Para lograrlo, se recomienda intentar ver el lado positivo de la situación, recordar nuestras fortalezas para abordarla, ubicar los recursos necesarios para ello.

Puede que suene como la típica teoría de que ser optimista para que nos vaya bien en la vida, pero la ciencia ha corroborado los beneficios de cambiar el pesimismo por el optimismo.

Esto no cambiará nuestra vida de la noche a la mañana, ni hará que las cosas lleguen a nosotros únicamente por pensar que se van a lograr, es cierto. Pero para poder tomar decisiones certeras y mostrar respuestas congruentes con nuestros objetivos, es necesario minimizar nuestra ansiedad y nuestros miedos, enfocarnos en la solución de la situación y retornar o crear un nuevo estado de equilibrio.

Referencia:

When Stress Is Actually Good for You. https://www.verywellmind.com/what-kind-of-stress-is-good-for-you-3145055

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