En el año 1957, en la pujante Londres de la post guerra, el médico y psicoanalista Elliott Jaques, acuñó un término que pretendía describir un fenómeno omnipresente: la crisis de la mediana edad.

En una reunión de la Sociedad Británica de Psicoanálisis, el investigador afirmó que las personas a mediados de sus 30 años generalmente experimentan un período depresivo que dura varios años, el cual se distingue por la aparición de comportamientos inusuales que incluyen promiscuidad, despertares religiosos, una incapacidad repentina para disfrutar de la vida, preocupación hipocondríaca por la salud y la apariencia, así como intentos compulsivos de permanecer joven. Aunque este fenómeno más visible en los hombres, también es experimentado por muchas mujeres.

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Un periodo del ciclo vital

Cuando un individuo que llega a la mitad de su vida reflexiona mucho sobre ese hecho y sus implicaciones, dando origen a lo que se conoce como la crisis de la mediana edad.

La mediana edad no se define únicamente por la edad cronológica, sino que es un producto de factores biológicos, sociales y psicológicos. Como un período en el ciclo vital, la mediana edad plantea muchos obstáculos, o tareas de desarrollo, para el crecimiento personal. El fracaso a la hora de llevar a cabo estas tareas puede tener un impacto negativo en la salud física y psicológica de una persona.

Esta etapa de la vida no está claramente definida ni bien entendida. El diccionario la describe como el período entre la juventud y la vejez, lo que resulta poco preciso. Nuestra vida, limitada por el nacimiento y la muerte, tiene cinco etapas principales: (1) infancia, (2) adolescencia, (3) la mediana edad, cuando estamos en la cúspide de nuestras capacidades, y se estima va desde los 30 a principios de los 40 años, (4) senescencia, que comienza a principios de los 40 años y (5) senectitud, la vejez propiamente dicha.

Es frecuente que hombres de mediana edad busquen una pareja más joven para obtener estimulación sexual “renovada”, lo que alimenta su apetencia de sentirse más joven.

Pero esta diferenciación ha ido ajustándose a medida que la esperanza de vida se ha extendido. En la actualidad es común encontrar persona que viven bien a sus 80 o 90 años, lo que bien podría hacer considerar que la edad mediana se ubique entre los 45 a 60 años.

La mediana edad es la etapa desde la cual una persona puede preguntarse de manera realista qué ha hecho con su vida hasta este punto y qué pretende hacer con la parte restante.

Este cambio de perspectiva temporal puede muy bien fomentar una actitud de “ahora o nunca”. El aplazamiento de objetivos y metas es más fácil cuando el futuro se percibe como algo lejano; pero cuando se tiene la certeza de que el futuro es limitado, la visión es otra.

¿Nuevas prioridades?

Para una persona de mediana edad, los deseos que se habían dejado de lado para atender consideraciones tales como la familia, la reputación o la carrera profesional ahora lucen como prioritarios.

Las elecciones y cambios realizados bajo el epígrafe de “ahora o nunca” pueden ser constructivos y conducir a satisfacciones genuinas o, como ocurre en muchas ocasiones, puede ser desastroso.

Todos estamos familiarizados con la persona que intenta hacer que el tiempo se detenga recurriendo a la práctica de actividades y comportamientos propios de la juventud. Con una frecuencia sorprendente se encuentra una aparición repentina de comportamientos impulsivos que parecen “fuera de carácter”. Es cotidiano el ejemplo de la adquisición de vehículos deportivos, motocicletas o saltos de paracaídas, así como conductas promiscuas.

En la mediana edad las personas suelen preguntarse de manera realista qué ha hecho con su vida hasta este punto y qué pretende hacer con la parte restante.

La asunción de riesgos “fuera de carácter” se vuelve más comprensible cuando se consideran ciertos rasgos de la perspectiva temporal de la persona en la vida mediana. Una característica particularmente conspicua de la mediana edad es que la vida se reestructura en términos del tiempo que queda para vivir, en lugar del tiempo transcurrido desde el nacimiento. No solo hay una inversión de la direccionalidad, sino una conciencia de que el tiempo es finito.

Crecimiento o estancamiento

Esta consciencia puede promover cambios repentinos y drásticos en la carrera profesional o el estilo de vida, sugiriendo que la impulsividad mostrada está lejos de estar restringida a la vida sexual.

En esta etapa de la vida, los investigadores han descrito un patrón frecuente en el que las expresiones de enojo o antipatía personal hacia la pareja se utilizan como un escape de la temida pérdida de la capacidad para desempeñarse adecuadamente, lo que impulsa la aparición de innumerable casos de hombres de mediana edad que recurren a una pareja femenina más joven para obtener estimulación sexual “renovada”, lo que invariablemente alimenta su apetencia de sentirse más joven.

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La perspectiva particular de ver la vida desde la mitad del curso puede proporcionar una oportunidad para examinar las condiciones físicas cambiantes, las relaciones con la familia y los amigos, y sobre todo, plantear el problema de la elección de prioridades y la evaluación de los objetivos.

De este modo, la forma en que un individuo trata sus preocupaciones en la mediana edad tiene un efecto importante sobre si la “crisis” se resuelve en una dirección que conduzca a un mayor crecimiento personal y utilidad o hacia el estancamiento y la amargura.

Referencias:

Mid-life Crisis: Growth or Stagnation. Canadian Family Physicians, 1972. https://bit.ly/2VujRtx

Midlife Crisis: A Debate. Gerontology, 2009. https://doi.org/10.1159/000227322

Midlife as a Pivotal Period in the Life Course: Balancing Growth and Decline at the Crossroads of Youth and Old Age. International Journal of Behavioral Development, 2014. https://doi.org/10.1177/0165025414533223

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