Un equipo de investigadores se interesó por comprender cómo cambia la salud mental desde la adolescencia hasta la edad adulta, y si algunos factores familiares podrían servir de protección contra la depresión en la adolescencia y edades posteriores.
Y en efecto, encontraron que la cercanía entre familiares, la cohesión dentro del grupo, las buenas experiencias compartidas y la comprensión entre los miembros servían de escudo para los adolescentes, e incluso luego de esta etapa.

Se trata de la primera investigación que aborda este tema usando una muestra representativa a nivel nacional, a cuyos participantes se les hizo seguimiento durante un curso de vida de 30 años desde la adolescencia temprana hasta la mediana edad. Sus hallazgos se publicaron en la revista JAMA Pediatrics.

El efecto protector de las relaciones familiares positivas

Por supuesto, la influencia de las relaciones familiares en el desarrollo o buen manejo de la depresión no es un tema nunca estudiado por la ciencia. Sin embargo, estos investigadores querían saber si los beneficios de la cohesión familiar funcionaban únicamente para prevenir este trastorno solo en la adolescencia, o si trascienden en el tiempo y son útiles también durante la adultez.

Con este fin, reunieron una serie de estudios longitudinales en torno a este tema. Encontraron que la mayoría de estos se enfocaba en factores de riesgo para la depresión relacionados con la familia, como la negligencia, abuso y dificultades financieras.

En cambio, no pudieron encontrar estudios importantes que abordaran los factores protectores en lugar de los de riesgo. Apenas unos pequeños estudios transversales con muestras clínicas y comunitarias sugieren que la unión familiar ayuda a aliviar los síntomas de depresión en adolescentes.

Pero analizándolo más a fondo, ¿significaría esto que al dejar su hogar al crecer, como es el transcurso típico de la vida, las personas perderían este efecto protector y serían propensas a la depresión?

Diferencias de género respecto a la depresión

Como mencionamos párrafos atrás, el equipo utilizó datos del Estudio Longitudinal Nacional de Salud de Adolescentes a Adultos, un estudio representativo a nivel nacional que hizo seguimiento a más de 20,000 adolescentes desde 1995 hasta la edad adulta. Los participantes han sido entrevistados cinco veces desde entonces, y los de 2017 han sido especialmente valiosos para los objetivos de esta investigación.

En general, los adolescentes experimentan depresión durante durante la adolescencia media a tardía, y esta se va reduciendo conforme se va alcanzando el final de esta etapa de cambios.

Encontraron que las mujeres experimentaron niveles considerablemente más altos de depresión en comparación con los hombres entre la adolescencia temprana y los 40 años de edad.

Así también, observaron los síntomas depresivos estuvieron estuvieron presentes en la adolescencia, pero fueron reduciéndose con la llegada de los 20 años. Sin embargo, su frecuencia volvió a aumentar a finales de los 30 años.

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Nuevamente, se observaron marcadas diferencias de género, pues la curva de crecimiento de la depresión de los hombres fue más plana que la de las mujeres. Las mujeres experimentaron los niveles más altos de depresión a finales de los 30 años, mientras que los hombres ocurrieron entre los 30 y 40 años de edad, por lo general estimulados por la vida vida laboral, familiar y social.

Protegidos de depresión hasta después de la adolescencia

Ahora bien, las personas que experimentaron relaciones familiares positivas durante la adolescencia mostraron niveles significativamente bajos de síntomas de depresión desde su adolescencia temprana hasta la mediana edad en comparación con aquellos que tuvieron relaciones familiares menos positivas.

De modo que en efecto, la cohesión familiar tiene efectos positivos en la prevención de la depresión durante y después de la adolescencia. Sin embargo, se observó que estos funcionan de manera diferente entre hombres y mujeres.

Los datos estudiados indican que las mujeres parecen beneficiarse más de las relaciones familiares positivas en comparación con los hombres, sobre todo durante la adolescencia e inicios de los 20 años.

Sin embargo, también es necesario resaltar que los hombres que experimentaron pocos conflictos son sus padres obtuvieron el beneficio protector durante más tiempo en la adultez que las mujeres.

Los autores destacan que vivir en un hogar cohesivo, contar con alguien que nos preste atención, nos entienda y en general los buenos momentos que se viven en familia pueden generar confianza y apego entre sus miembros y los adolescentes, beneficiándolos a lo largo de su vida por servir de apoyo emocional en situaciones difíciles.

Los autores aclaran que a pesar de que las buenas relaciones familiares juegan un papel protector eficiente contra la depresión, esto no quiere decir que aquellos adolescentes que provengan de familias menos cohesivas necesariamente sufrirán de depresión.

Como hemos dicho en otras oportunidades, se trata de un trastorno sumamente complejo sobre el cual se conocen muchas causas y factores de riesgo como genes, abuso y enfermedades graves, pero también son propensas personas que no hayan pasado por ello.

Estos hallazgos constituyen un aporte importante al estudio de la relación entre las experiencias familiares tempranas y la depresión a lo largo de la vida, principalmente por identificar la unión, la comprensión y los buenos momentos como factores protectores a largo plazo.

Referencia:

Association of Positive Family Relationships With Mental Health Trajectories From Adolescence To Midlife. https://jamanetwork.com/journals/jamapediatrics/article-abstract/2752557

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