Anualmente, se celebra en diferentes partes del mundo la ceremonia de los Premios Nobel. Como todos sabemos, en ella se entregan galardones que constituyen el máximo reconocimiento en variadas áreas tanto de las humanidades como de las ciencias.

Durante toda una semana, cada día se van revelando a los ganadores de las diferentes categorías en las que se divide este evento. Este año, la semana de premiaciones dio inicio el lunes 07 de octubre y se han revelado a los honrados en la categoría de Fisiología y Medicina.

Han sido las declaraciones del miembro de la Asamblea del Nobel, Randall Johnson, las que han dado a conocer los nombres de los tres ganadores de este año. Gracias a sus investigaciones, ha sido posible descubrir un eslabón más de la cadena que abarca los procesos evolutivos, adaptativos y de supervivencia de la vida en la Tierra.

Revelado otro secreto de la máquina más compleja

Los nombres de los tres galardonados este año son: Gregg Semenza, Peter Ratcliffe and William Kaelin. Durante la premiación llevada a cabo en el Instituto Karolinska en Suiza, repetidas veces se dio a conocer la importancia de su trabajo.

Básicamente, se encargaron de comprender cómo las células y sus subsecuentes tejidos “comprendían” su entorno para adaptarse a las disponibilidades de oxígeno. ¿La importancia de esto? Que este proceso se trata de una de las bases evolutivas que les han permitido a los organismos adaptarse a los distintos ambientes a los que se encuentran, así como a las exigencias de los mismos.

Los ganadores del Premio Nobel de Fisiología y Medicina

Sabiendo esto, no es raro que a Semenza, Ratcliffe y Kaelin se los reconozca como los descubridores del “mecanismo para uno de los procesos adaptativos más esenciales de la vida”. Como lo hemos mencionado, la capacidad de los tejidos para reaccionar al oxígeno de su entorno y utilizarlo es crucial para la supervivencia del organismo.

Por ejemplo, el oxígeno no solo ingresa a nuestra sangre, sino que también juega un rol fundamental en la conversión de energía en alimento. Claramente, este proceso no siempre es igual ya que un organismo sedentario requerirá mucho menos oxígeno en sus tejidos que uno activo. Por ello, se hace vital que las células sepan identificar las diferentes necesidades de este para poder complacerlas.

Así como el oxígeno en los tejidos es decisivo para la supervivencia, también juega un rol determinante en las primeras etapas del desarrollo. Por ejemplo, la presencia de una correcta oxigenación en el feto es la que podrá definir la salud de este a largo plazo –tanto mental como física–, ya que el oxígeno determina los procesos de formación de los tejidos embrionarios y de los de la placenta.

¿Y dónde están estos descubridores ahora?

Saber identificar este mecanismo, a la larga podría significar no solo tener un mejor entendimiento del mismo, sino la capacidad de desarrollar maneras de intervenirlo. Con ello, sería posible prevenir patologías y tratarlas con nuevos y más adecuados métodos.

Por darle al mundo esta posibilidad, el trío se hizo merecedor del reconocimiento y del premio monetario añadido de 9 millones de Kronor suizos –que equivalen a un poco más de 900 mil dólares– y que pretenden dividir en tres partes iguales.

Cada uno de los investigadores realizó partes del estudio en diferentes zonas y pretenden continuar trabajando en estas áreas. Semenza seguirá investigando en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore; Ratcliffe, en la Universidad de Oxford y Kaelin, en el Instituto del Cáncer Dana-Farber en Boston.