Todos los padres –sobre todo los primerizos– están siempre alerta ante cualquier detalle que tenga que ver con la salud de sus bebés. Por ello, es normal que constantemente los lleven a hacer visitas al doctor por todo tipo de cambios o situaciones que tengan que ver con ellos.

En la mayoría de los casos, la situación es común o fácilmente controlable. Sin embargo, para poder notarla por lo general es necesario someter a los infantes a una gran cantidad de largos y tediosos estudios.

Con la finalidad de poder agilizar este tipo de procesos, Joshua Davis y Erik Lehman se dedicaron a buscar factores comunes entre los síntomas de los niños y las posibles patologías que podrían desarrollar después. Para este caso, se enfocaron en una de las situaciones más comunes y que, a su vez, generan más preocupación en los padres: la fiebre.

Los niños menores a los 2 meses están más en riesgo

Los niños menores de 8 semanas aún no tienen un sistema inmunológico totalmente desarrollado.

Constantemente, los niños ingresan a consultas por fiebres altas que les causan incomodidad –y que preocupan enormemente a los padres. Gracias a esta investigación, ha sido posible determinar una línea más clara que determine cuándo es momento de preocuparse y cuándo no.

Según su estudio –que incluyó la comparación de más de 4.000 casos documentados de infantes con fiebre– aquellos con menos de 8 semanas de vida eran los más propensos a desarrollar una infección al presentar altas temperaturas ¿Por qué? Debido a que, en esta etapa, los bebés aún no tienen un sistema inmunológico totalmente desarrollado y, por ende, son más susceptibles a ataques externos de bacterias y virus.

Cuando van creciendo –y pasan los 60 días de vida–, este último se fortalece y –a pesar de que los síntomas de la fiebre aún se manifiesten– la probabilidad de que luego desarrollen una infección baja de un 20% a un aproximado 9%. En referencia a esto, Davis comentó: “La altura de la fiebre no es tan preocupante en los niños mayores porque sus cuerpos están más equipados para combatir infecciones bacterianas graves”.

La presencia de más de 38° centígrados es la señal de alarma

Así como pudieron determinar una edad particular en la que la fiebre puede ser más preocupante, también identificaron el inicio de las temperaturas en las que es necesario buscar ayuda médica.

Ya todos sabemos que una fiebre de más de 38 grados centígrados puede ser perjudicial, tanto para adultos como para niños. No obstante, su tratamiento y revisión temprana se vuelve vital para estos últimos cuando tienen menos de 2 meses de vida. Después de todo, como ya lo hemos dicho, el riesgo de que esto se convierta en un padecimiento más grave después es más alto.

Un nuevo paso en la dirección correcta

Davis y Lehman están conscientes de que su descubrimiento traerá grandes beneficios a los diagnósticos infantiles. Ya que, les permitirá a los doctores tener un marco de acción mejor definido con el que saber cómo actuar en cada caso.

Aun así, también aseguran que su contribución es solo una pequeña parte y que saben que no puede ser utilizada como un único criterio para detectar la posibilidad de infección bacteriana en un infante. Pero, según las mismas palabras de Davis, se trata de una contribución por “Es una herramienta que podemos usar al identificar bebés con alto riesgo de infección”.

Referencia:

Fever Characteristics and Risk of Serious Bacterial Infection in Febrile Infants: https://doi.org/10.1016/j.jemermed.2019.06.028