Cuando en una celebración infantil los niños corren y gritan salvajemente, no falta quien manifieste que ese comportamiento hiperactivo se debe al alto consumo de azúcar.

Pero la ciencia tiene malas noticias para aquellos padres que buscan culpar a los dulces por la hiperactividad de sus hijos. La investigación es concluyente: las llamadas “subidas de azúcar” son un mito.

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Relación estudiada

El azúcar nunca ha tenido peor imagen. Su consumo ha sido asociado a la diabetes, la obesidad, enfermedades cardiacas, trastornos mentales y más; pero de una cosa no se puede culpar: las explosiones repentinas de hiperactividad en los niños.

Los especialistas sugieren que, en vez del consumo de azúcar, la hiperactividad exhibida por los niños puede deberse a la alegría de la ocasión.

Los científicos comenzaron a investigar la relación entre el consumo de azúcar y los comportamientos hiperactivos en niños en la década de 1970, después de que el alergólogo estadounidense, Benjamin Feingold, abogara por la eliminación de aditivos de azúcar para tratar la hiperactividad en los niños.

Más de dos décadas después, en el año 1995, se publicó un metanálisis de 23 estudios que utilizaron cantidades conocidas de azúcar y placebos, y niños, padres e investigadores ciegos a esas condiciones. El veredicto final fue que el azúcar simplemente no tuvo un efecto discernible sobre el comportamiento de los niños.

Más recientemente, en 2019, otro metanálisis que incluyó 31 estudios y más de 1.200 participantes, reveló que el consumo de azúcar no tuvo efecto alguno en el comportamiento de los niños en ningún momento después de su consumo.

En resumen, los resultados de estas investigaciones muestran que no importa cuántos dulces o bebidas azucaradas consuma tu hijo, su comportamiento hiperactivo no es responsabilidad del azúcar.

Afirmación no fundamentada

A pesar de que la evidencia es clara, todavía hay muchas personas que equiparan la cantidad de dulces ingeridos con la hiperactividad de sus hijos. Al respecto, la doctora Jody Dushay, endocrinólogo del Hospital Beth Israel Deaconess de Harvard, sugiere que la hiperactividad exhibida puede deberse a la alegría de la ocasión, en lugar de la cantidad de azúcar consumida.

Investigaciones previas han demostrado que el azúcar simplemente no tiene un efecto discernible sobre el comportamiento de los niños.

Otra posibilidad es que simplemente tendemos a ver lo que estamos buscando. Los padres que esperan ver un comportamiento hiperactivo luego de una rosquilla, un algodón de azúcar y algunos vasos de refresco, pueden confundir el nivel habitual de energía de un niño con una “subida de azúcar”.

En 1994, un estudio reunió a un grupo de 35 niños de edades comprendidas entre 5 y 7 años, cuyas madres manifestaron que eran conductualmente sensibles al azúcar. A algunas de las madres de los niños se les dijo que a sus hijos se les había dado una gran dosis de azúcar, y al resto se les dijo que sus hijos estaban en el grupo de placebo. De hecho, todos los niños habían recibido placebos.

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Las madres fueron filmadas interactuando con sus hijos y, según el estudio, las madres en la condición de expectativa de azúcar calificaron a sus hijos como “significativamente más hiperactivos”, mostrando cómo las expectativas provocan sesgos cognitivos que nublan el juicio.

La errónea idea de que el azúcar puede mejorar el estado de ánimo ha tenido una gran influencia en la cultura popular, hasta el punto de que gente de todo el mundo consume bebidas azucaradas para estar más alerta o combatir la fatiga. Sin embargo, los hallazgos indican claramente que tales afirmaciones no están fundamentadas.

Referencias:

Sugar rush or sugar crash? A meta-analysis of carbohydrate effects on mood. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2019. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.03.016

The effect of sugar on behavior or cognition in children. A meta-analysis. JAMA Network. 1995 https://doi.org/10.1001/jama.1995.03530200053037

Effects of sugar ingestion expectancies on mother-child interactions. Journal of Abnormal Child Psychology, 1994. https://doi.org/10.1007/BF02168088

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