Podemos definir el autocontrol de manera simple como la capacidad de ejercer control sobre nosotros mismos, el cual comprende un rasgo de gran importancia en el comportamiento humano, el éxito académico, laboral, en las relaciones con otros e incluso en la salud física y emocional.

El autocontrol puede ir totalmente en contra de los adeptos a vivir cada día como si no existiera un mañana, por aquello de que podemos morir en cualquier momento habiendo desperdiciado nuestro tiempo en privaciones.

Pero para efectos de la vida como tal, esta capacidad ha demostrado jugar un papel crucial y es necesario contar con ella para cumplir de manera eficiente con nuestros objetivos, seas cuales sean.

Con frecuencia vemos que personas con mucho talento no son tan exitosas como otras que no parecen tenerlo, y un factor que puede hacer la diferencia es precisamente el autocontrol. Para obtener buenas calificaciones, perder peso, sanarnos de una enfermedad, tener un negocio propio o simplemente culminar nuestras actividades diarias debemos aplicar disciplina.

La disciplina se logra con autocontrol: no distraernos con la televisión cuando estamos estudiando, no comernos una hamburguesa con gaseosa cuando estamos en proceso de mejorar nuestra alimentación, no comernos el postre antes del almuerzo, etc.

A propósito de ello, hace varias décadas se planteó un experimento que marcó pauta en la historia de la psicología: el test del malvavisco. Gracias a este y a la amplia investigación que se derivó de esta, se conocen más los mecanismos detrás del éxito.

La prueba del malvavisco

La prueba del malvavisco es un experimento ideado por Water Mischel en el que se evaluaba la capacidad de autocontrol de los seres humanos.

Walter Mischel es un reconocido psicólogo austriaco que hizo estudios profundos enfocados en comprender mejor los diferentes aspectos de la personalidad humana. Y a sus 84 años, espera el lanzamiento de su libro The Marshmallow Test, basado en los resultados de sus experimentos en torno al tema del auto control y la fuerza de voluntad.

En este libro, habla de cómo estos aspectos, ejercidos desde la infancia, pueden tener una gran influencia en el desempeño de un ser humano en el marco de las relaciones interpersonales, sus logros académicos e incluso sobre su índice de masa corporal y, por consiguiente, en su salud física.

Sus resultados derivan de un famoso experimento que llevó a cabo con un grupo de niños en la década de los sesenta, cuando trabajaba en la Universidad de Standford, y que tenía como objetivo estudiar el autocontrol desde edades tempranas.

Mischel reunió a 16 niños y 16 niñas con edades comprendidas entre 3 años y seis meses a 5 años y 8 meses que asistían a la la Bing Nursery School de la Universidad de Stanford.

El experimento consistió en ofrecerle a un niño que escogiera entre una pequeña recompensa que obtendría de inmediato, o dos recompensas pequeñas que tardaría más en conseguir si esperaba un período de aproximadamente 15 minutos.

El premio podía ser un malvavisco, una galleta o un pretzel. El investigador dejaba al niño en la habitación, y este podía accionar una campana si deseaba comerse su malvavisco antes del tiempo previsto para poder comer dos, culminando así el experimento.

El autocontrol está relacionado con salud y éxito académico y profesional

El tiempo que los niños pudieron esperar para tomar su recompensa fue bastante variado. Y apenas un tercio de los niños fue capaz de resistir a la tentación, observándose que los niños mayores, entre 4 y 5 años, podían demorar la obtención del malvavisco por más tiempo.

Las personas que mostraron autocontrol en el test del malvavisco tuvieron mejor rendimiento académico, éxito laboral y menor índica de masa corporal a lo largo de su vida.

Según Mischel, el objetivo del experimento era identificar las estrategias cognitivas y los mecanismos mentales específicos que intervenían en la toma de dicha decisión. Pero también estaba interesado en observar los cambios en su desarrollo, por lo que hizo seguimiento a los participantes durante diferentes etapas de sus vidas, abarcando incluso la edad escolar y el principio de la vida adulta.

Luego 14 años de seguimiento, Mischel descubrió que aquellos que no pudieron esperar durante el primer experimento tenían baja autoestima y con umbrales de frustración menores. Por su parte, aquellos que habían logrado resistirse durante el tiempo estipulado para obtener su recompensa era personas muy competentes, con un buen rendimiento académico, menos propensos al consumo de drogas, a la agresividad y también a reacciones de ansiedad ante el rechazo social.

Otro hallazgo importante durante el periodo de seguimiento fue que los niños que habían esperado sus dos premios en el experimento, además de ser exitosos en el ámbito laboral, también mostraban una menor predisposición a la obesidad.

De ahí, que el autor concluyera que “la incapacidad para retrasar la gratificación puede tener efectos negativos potenciales bastante importantes”, dado el acentuado contraste entre los que esperaron y los que no.

Estos resultados fueron corroborados con el paso del tiempo por otro científico, cuando B.J Cassey, de la Universidad de Cornell, repitió la experiencia con algunos de los niños que participaron en la de Mischel décadas atrás. Para ese momento, ya se trataba de adultos de más de 40 años de edad, pero el comportamiento fue similar: los que habían podido resistir los 15 minutos sin tomar su recompensar mostraron mayor autocontrol.

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El autocontrol también es observable en los bebés

Mischel fue realmente minucioso en el estudio de este rasgo, y también hizo experimentos en humanos de menor edad. En otra investigación, obtuvo resultados similares al observar la respuesta de bebés de apenas nueve meses de vida al ser separados de sus madres (estas hacían el papel del malvavisco).

El psicólogo también hizo seguimiento a estos bebés en años posteriores, y encontró que los patrones de comportamiento ante la espera de la gratificación en estos fueron iguales que los de los grupos estudiados anteriormente.

Partiendo de ello, el autor supuso que algunas personas son más susceptibles genéticamente a los detonantes del sistema caliente, y esto es lo que influenciaría su comportamiento de toda la vida. ¿Pero qué es el sistema caliente?

Sistemas frío y caliente

Según Mischer, el cerebro tiene dos sistemas: uno frío, llevado por el razonamiento, y uno caliente, guiado por las emociones.

Mischel desarrolló la teoría de que el cerebro posee un sistema frío y otro caliente, y que ambos luchan entre sí para determinar si se cae o no en cierta tentación, que puede ser tan simple como comerse un dulce antes del almuerzo, y complejo como ceder ante el deseo de fumar.

El sistema frío se rige por la razón, el pensamiento, el conocimiento y los objetivos, mientras que el sistema caliente es regido por las emociones y es más impulsivo, de modo que responde rápidamente ante los estímulos sin detenerse a pensar. Se trata de algo similar a la comparación popular de actuar con el cerebro o dejarse llevar por el corazón.

Cuando la fuerza de voluntad, guiada por la razón, falla, el sistema caliente supera al frío y en ese momento actuamos de manera impulsiva. En el caso de este test, el sistema caliente vence a los niños cuando se llevan el malvavisco a la boca aun a pesar de que pueden esperar y obtener dos más tarde.

Si desde pequeño alguien puede manejar las emociones calientes es más factible que logre estudiar en lugar de irse a ver televisión o de postergar ciertos gastos para ahorrar dinero para cuando se jubile”, dice Mischel, y esto es lo que explica el éxito de quienes se resistieron.

¿El autocontrol se rige únicamente por predisposición genética?

Mischer no detuvo su investigación con dicha teoría, y propuso otro experimento para corroborar o descartar que este comportamiento estuviera guiado únicamente por los genes y que por eso se observaba desde la infancia y se mantenía en el transcurso de la vida.

El psicólogo repitió la dinámica reuniendo a niños provenientes de familias de bajos ingresos del barrio del Bronx, en Nueva York, y observó que la capacidad de la mayoría de los niños de resistirse a la recompensa fue menor que en los niños de su primer experimento, donde los niños venían de familias de clase media de Palo Alto, California.

Aunque algo se modificó para este experimento, y fue que en uno de los grupos la promesa de regresar con el segundo malvavisco no se cumplía. Según Celeste Kidd, de la universidad de Rochester y líder de esta investigación, señala que hay peso en creer en el futuro para que las personas vean algún beneficio en esperar. “Cuando se nace en la pobreza no hay cómo esperar por la gratificación”, explicó.

“Nuestros resultados definitivamente atemperan la percepción popular de que las tareas tipo marshmallow son diagnósticos muy potentes para la capacidad de autocontrol. Ser capaz de retrasar la gratificación, en este caso esperar 15 minutos difíciles para ganar un segundo malvavisco, no solo refleja la capacidad de autocontrol del niño, sino que también refleja su creencia sobre la practicidad de la espera. Retrasar la gratificación es solo la elección racional si el niño cree que es probable que se entregue un segundo malvavisco después de un retraso razonablemente corto”.

Y fue así como Mischel y la comunidad científica quedaron convencidos de que el autocontrol no solo es un rasgo innato, sino que puede ser estimulado por el entorno en que se desenvuelven las personas.

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El autocontrol y su influencia en el comportamiento criminal

Ahora bien, otro punto a destacar respecto al autocontrol es su relación con el comportamiento criminal. Y es que aunque la cultura popular nos haya retratado muchos asesinos de sangre fría, meticulosos e incluso amables y artísticos, lo cierto es que el cometer crímenes está asociado con la impulsividad.

Belisario Valbuena, psicólogo forense de la universidad Manuela Beltrán, hizo un experimento similar en 2013 con 50 niños de estratos dos, tres y cuatro de Bogotá, Colombia.

En este caso, se encontraron marcadas diferencias de género: 72 por ciento de los niños comieron el malvavisco antes de los 15 minutos, mientras que solo 52 por ciento de las niñas lo hicieron.

Partiendo de estos resultados, puede decirse que hay mayor impulsividad en los varones que en las hembras. Según Valbuena, esto tiene su origen en aspectos neurológicos con una mayor estimulación en la amígdala cerebral en los primeros. Sin embargo, también considera que puede haber influencia social.

Es preocupante porque el autocontrol es una competencia para la tolerancia a la frustración; es lo que nos permite insistir en los objetivos que nos trazamos”, agrega. ¿Podría ser esta una causa de que el comportamiento criminal es más arraigado en el sexo masculino que en el femenino?

Distribuir nuestra atención en otras cosas

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Una de las recomendaciones para mantener el autocontrol es evitar centrar nuestra atención en una sola cosa, sino distribuirla estratégicamente de modo que esta no pueda ejercer tanta influencia.

Seguramente alguna vez nos habrán aconsejado que no centremos demasiada atención o interés en una sola cosa porque puede llegar a controlarnos. Y puede que sea cierto: dependiendo de cuán atractivo nos resulte un determinado estímulo, podremos mantener mayor o menos autocontrol.

Mischel considera que la herramienta crucial para que podamos esperarnos un tiempo prudente antes de obtener nuestra recompensa es distribuir estratégicamente nuestra atención. En lugar de enfrascarnos en el malvavisco, podemos restarle un poco de importancia y dejar de distraernos con otros estímulos.

Esta idea no se trata de resistirse ante la tentación, sino de evitar sentirnos tentados para así reducir la posibilidad de que nos domine el sistema caliente. “La mejor estrategia es poner atención a otra cosa. Lo llamamos fuerza de voluntad pero no tiene nada que ver con ella”, dice John Jonides, científico de la Universidad de Michigan.

Aunque esta idea no es tan ampliamente aceptada. Y es que esto puede suponer cierta represión emocional, un comportamiento bastante rechazado dentro de los ámbitos de la inteligencia emocional. Y tal como indica Andrés Osuna, director de Rectamente, la postergación del placer “está mandada a recoger, pues cuando hay tanta represión la gente se enferma”.

En lugar de reprimir nuestros deseos, se está recomendando la conducción emocional la cual consiste en expresar las emociones, en lugar de controlarlas. Según Oscuna, “ser impulsivo no necesariamente es malo”.

No se trata de engaño, sino de entrenamiento

Otros autores sugieren que en lugar de engañar a la mente pensando en otras cosas, es recomendable entrenar el cerebro para aplicar autocontrol.

Por su parte, el profesor Roy Baumeister, también ampliamente reconocido en el ámbito de la psicología, coautor de Willpower, un éxito de ventas del New York Times en 2011, difiere drásticamente gracias a tres largas décadas de estudio sobre la fuerza de voluntad.

Para Baumeister el autocontrol es como un músculo que necesita entrenamiento, lo cual resulta mucho más eficiente en comparación de “engañarlo”. Y al igual que con los músculos, este rasgo se fatiga a corto plazo, sobre todo si se ha pasado un largo tiempo ejercitándolo.

Y contrario a la creencia pasada de que la autoestima es una característica de las personas con éxito, Baumeister considera que en realidad es el autocontrol la fuerza impulsora más grande que tiene el ser humano.

Dato curioso: el autocontrol aplicado en Mischel

Irónicamente, Mischel era un fumador empedernido desde su juventud, y según su propio testimonio, podía fumar hasta tres paquetes de cigarrillos cada día.

Mischel era un fumador empedernido que no lograba aplicar el autocontrol para dejar el hábito.

Luego de que saliera el primer informe del Surgeon General en el que se revelaban los peligros del tabaco en 1964, Mischel cayó en cuenta de que este hábito podía matarlos. Intentó en varias oportunidades abandonarlo, y sin embargo, recaía nuevamente, como ocurre con muchas personas en situaciones similares.

El hecho es que en cierto momento de su vida llegó al Hospital de Standford y tuvo la oportunidad de ver por sí mismo a un hombre en una camilla, que según él mismo “tenía la cabeza afeitada, su pecho estaba desnudo, y tenía pequeñas equis verdes”.

Mischel conversó con una enfermera el respecto y esta le explicó que la secuencia de equis dibujadas en el cuerpo del hombre marcaban la trayectoria hacia la cual se dirigiría la radiación para tratar el cáncer que le había ocasionado su adicción al tabaco.

No pude sacarme esta imagen de la cabeza. Esto me acercó a una realidad sobre las consecuencias tardías de mi tabaquismo”, comentó el psicólogo. Fue esta experiencia lo que lo estimuló en la reformulación del efecto del tabaco en su vida. En lugar de considerarlo como una forma de aliviar su estrés, lo concibió como una fuente de veneno, y fue de esta manera en que logró superar su dependencia. Un vivo ejemplo del autocontrol aprendido.

De modo que es un hecho que el autocontrol es necesario para poder tener éxito en nuestra vida, aunque las maneras de lograrlo son realmente variadas. La ciencia ha corroborado que se trata de una capacidad innata, pero no descarta tampoco la posibilidad de desarrollarla. Queda de nuestra parte estudiarnos, definir lo que queremos y actuar en cuanto a ello.

Referencias:

La psicología del autocontrol. https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/descubra-porque-no-sanan-las-personas-y-los-privilegios-que-encuentran-quienes-no-quieren-sanar/634709

Rational snacking: Young children’s decision-making on the marshmallow task is moderated by beliefs about environmental reliability. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3730121/

The Struggles of a Psychologist Studying Self-Control. https://www.newyorker.com/science/maria-konnikova/struggles-psychologist-studying-self-control

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