Si pensamos con detenimiento acerca de cuál podría ser ese bien preciado que se comparte a nivel global, nos daremos cuenta que el resultado es casi simple: la seguridad. No existe persona en el mundo entero que no salga de su casa y desee, cada día, que su trayecto sea seguro, sin tropiezos o eventualidades.

Sin embargo, así como deseamos desesperadamente estar seguros, y sanos, también existe un patrón común en los consumidores de cine y televisión, y, ese es el agrado por las historias que involucran masacres, asesinatos y violencia. Sobre todo, si estamos hablando de algún proyecto que incluya como foco principal la psicología, estudio de la conducta y “perfileo” de los asesinos en serie.

Pensémoslo bien, ‘Criminal Minds’, los documentales y serie de A&E, las docuseries de Netflix, ‘Mindhunter’ y hasta la más reciente producción de Quentin Tarantino, todas nos llevan al mismo punto: conocer el porqué, cómo y cuándo los asesinos seriales hacen lo que hacen, y, el efecto que tienen en la sociedad.

No obstante, los asesinos seriales son más que criminales, y es ahí donde nos enfocaremos el día de hoy, en la influencia que han tenido sus atrocidades y comportamientos en la cultura pop. Y, para eso, tomaremos como punto principal el caso de Paul Bateson, un ex radiólogo que fue condenado a prisión por asesinar a una periodista, no sin antes de aparecer en ‘El Exorcista’.

Lo malo “enamora”

Antes de ahondar en lo profundo de los crímenes de Bateson y en su momento ante las cámaras, debemos, sin duda, hablar acerca de la fascinación que tenemos entorno a “lo malo”. Uno pensaría que el malo de la historia siempre tendrían detractores, pero no. Seamos honestos, no hay nada que guste más que un buen villano. 

Pero, existe un hecho “perturbador” dentro de todo esto y es que no estamos hablando de un Guasón, un Thanos o hasta la banda familiar de los chicos de ‘Rapido y Furiosos’ que con su concepto de “Robins Hoods” han llegado al corazón de todos. Estamos hablando de verdaderos seres humanos que matan personas por motivos psicológicos y aberrados, pero aun así captan nuestra atención –que, por si no lo sabían, es justo lo que ellos desean: ser idolatrados–.

Afortunadamente, para quienes ya se estaban sintiendo culpables, existe una explicación lógica al por qué la audiencia siente atracción por asesinos como Ted Bundy –que, a pesar de ser un asesino serial de mujeres, era seguido por una cantidad grande de fanaticas, sí, con “a”– o, por acosadores como Joe, de ‘You’ en Netflix –el chico casual que se enamora a primera vista de una joven en una librería y mata hasta poder estar con ella–.

Todo parece ser producido por la histeria y la catarsis, es decir, por la curiosidad de saber a qué nos enfrentamos para saber reconocer los peligros y evitarlos, y, por la necesidad de ver a una versión que es peor que nosotros mismos. Si bien todo se escucha sombrío y extraño, es en efecto el por qué, sin pensarlo, nos provoca analizar y ver hasta los casos más perturbadores.

Si lo vemos de manera más sencilla: así como cuando nos reímos de alguien que se cae, sabemos que esto está mal, pero existe algo en ver cómo otra persona supera nuestros más grandes errores y eso da placer. Como verán, la mente es algo bastante complicado.

Conociendo al asesino

Aunque en el mundo lo que sobran son asesinos seriales –sí, a pesar de que piensen que son contados con los dedos de las manos–, en esta oportunidad no hablaremos de ninguno de los más “populares”, sino de Paul Batenson, quien fue condenado por un solo crimen, para que luego descubriéramos una gran cantidad de otros. 

Antes de hablar de su momento como estrella de cine e inspiración para la televisión, debemos mencionar las atrocidades cometidas y los delitos de los que se jactó al estar en la cárcel. Si evaluamos la vida pre asesinatos de Batenson podemos dar con una “muy normal”, es decir, con nada que indicara que terminara haciendo todo lo que hizo. Mudándose en 1940 a Nueva York, el que se formó como técnico en radiología neurológica, formó una relación homosexual con un hombre de la industria musical, sin embargo, él nunca se refirió a él mismo como un gay, y este fue el primer indicio de “peligro” que todos debieron haber notado. 

Sin embargo, pudo haber sido la muerte de su madre –por un derrame cerebral– y el suicidio de su hermano lo que terminó por dañar la conducta de Bateson, quien de por sí ya contaba con problemas de alcohol. Sea como sea, en 1979, fue condenado a un mínimo de 20 años por asesinar a la periodista de Variety, Addison Vernill –en 1977, cuatro años después de que la cinta de ‘El Exorcista’ había sido estrenada–.

Pero, claro, ¿cómo podemos catalogar a Bateson como un asesino en serie si fue condenado por uno solo? Cada historia tiene varias versiones, y eso se dio a conocer en su juicio, cuando la policía y los fiscales lo implicaron en una serie de asesinatos que aún se encontraban sin resolver, la mayoría de hombres homosexuales en la ciudad de Manhattan. Y, aunque los cargos no fueron agregados a su sentencia, el asesino alardeó de sus crímenes en la cárcel confirmando ser el culpable de todos.

Una producción de cine perfecta para él 

Claro, muchos dirán: ¿cómo es posible que sabiendo que Bateson era un asesino en serie, este haya aparecido en la producción de ‘El Exorcista’ sin problemas? Pues resulta que el ex radiólogo fue lo suficientemente inteligente como para hacer de las suyas luego de haber logrado sus 5 minutos de fama, y, en realidad, todos los crímenes –conocidos o no– fueron realizados post el estreno de la producción, entre 1975 y 1976.

Lo que muchos quizás desconocían es que la escena en la que Bateson aparece en la película está inspirada en el día a día del radiólogo, ya que, William Friedkin –director de ‘The Exorcist’– tomó como punto de referencia el momento en el que vió al entonces asesino frustrado realizar una angiografía cerebral en 1972 cuando visitó la NYUMC –en donde trabaja Bateson en esa época y principal punto de sospecha para los “asesinatos de sacos”.

Friedkin asistió a la unidad médica para echarle un ojo a algunos procedimientos que estaba considerando incluir en la película, así como estar buscando personal con experiencia que formara parte de las escenas como los extras, fue ahí cuando Bateson “entra en escena”.

No todo es para siempre 

Si bien ya conversamos en cuanto a la captura de Bateson y a su tiempo de condena, no ahondamos en cómo es que un asesino que tuvo años matando vino a ser capturado por uno solo. Honestamente, eso es algo que hemos visto en muchas líneas narrativas, tanto en TV como en la vida real: siempre hay un caso que es demasiado para el asesino serial, y sucede justo cuando este está más sadiento de reconocimiento. 

Si nos las damos de perfiladores de la FBI podemos detallar lo siguiente: aunque todos los crímenes de Bateson fueron luego del estreno de ‘El Exorcista’, fue atrapado por asesinar a una periodista de uno de los medios más influyentes de la televisión y el cine, y, aunque su víctima ideal siempre había parecido ser un hombre homosexual, en esta oportunidad se metió con una mujer “del medio”, y fue ahí donde la policía no lo dejó pasar. 

En los años 70 era común que los crímenes que involucraban asesinatos de prostitutas y homosexuales no fueran tomados muy en serio, y, si a eso le sumamos el desconocimiento de la sociedad acerca de qué eran los asesinos seriales, era obvio que “El Asesino de los Sacos” se saldría con la suya sin problemas. Fue cuando se metió con Verrill que firmó su sentencia. 

En un principio, Bateson hizo de todo para hacer ver que el asesinto de Verrill había sido consecuencia de un robo que salió mal –la misma historia de nunca acabar–, sin embargo, no fue lo suficientemente bueno, ya que tras golpearla y apuñalarla se fue sin llevarse nada de valor como para vender por completo “su historia”. Luego de su captura, los detalles salieron a la vista de todos: Bateson y Verrill se habían topado en un bar gay y de ahí fueron al apartamento de la periodista, donde, lamentablemente, exhaló su último aliento.

De las rejas a Netflix 

Ahora, que conocemos todos estos detalles, volvemos a nuestra pregunta del inicio: ¿cómo es que los personajes más sádicos y corrompidos en la vida real se convierten en una influencia tan seria para las producciones que llegan al cine o a la pantalla chica

En este punto podríamos decir que es la necesidad de educar a la comunidad sobre lo que hacen, el verdadero propósito de todo. No obstante, puede ser que haya más allá de la mera información, y, especulamos, que tiene que ver más con el morbo y la curiosidad humana lo que en realidad nos lleva a ver estos casos oscuros. Pero, si la palabra morbo es muy fuerte para todos, recalcamos que no aplaudimos que existan personas que comentan crímenes y mucho menos que esté bien construir “fama” entorno a eso, mas hay que admitir que es interesante.

El caso de Bateson, aunque no es de los más populares, ha logrado llegar a la meca del entretenimiento actual: el streaming, como parte de los analizados en la segunda temporada de ‘Mindhunter’ en Netflix. Quienes desconocen la trama principal de la serie, deben saber que se centra en un trío de investigadores del FBI que lo arriesgan todo para dar a conocer un estudio mucho más completo sobre quiénes y por qué existen los asesinos en serie. 

Sin duda es la cantidad de tela para cortar que tiene un tópico como este lo que lo mantendrá siempre fuerte en el segmento de la televisión y el cine, y, si a eso le sumamos que la gente no deja de consumirlo, podríamos decir que estamos hablando de un tabú universal que se satisface gracias a la mentes valientes que tienen la fortaleza de analizar exhaustivamente las mentes criminales, y, de manera “sutil” darla a conocer a través de la “actuación” o el reportaje.

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