Los fósiles han sido, a lo largo de nuestra historia, la puerta de acceso que nos ha permitido conocer una infinidad de detalles que de otro modo no conoceríamos de aquellas formas de vida que poblaron este planeta mucho antes que nosotros. En algunos casos, los descubrimientos de los mismos han sido tantos que llegamos a conocer tanto a una especie extinta que pareciera que la hubiéramos visto en la vida real.

Sin embargo, también existen otras criaturas cuyos fósiles solo sirven para avisarnos de su existencia. Hasta hace poco, este era el velo en el que se encontraban ocultas las características del antiguo tiburón conocido como Phoebodus.

Para el momento, se sabía que llegaban a medir hasta un metro y medio y que sus dientes tenían una curiosa formación de tres cúspides. Asimismo, las estimaciones indicaban que esta criatura había existido hasta hace más de 350 millones de años –lo que la hace un ancestro más viejo que el tan temido y mencionado Megalodón. Sin embargo, todo lo que se encontraba fuera de estos datos sobre el Phoebodus, simplemente comenzaba a pisar el terreno de la imaginación.

¿Cómo fue el descubrimiento de este fósil?

Fósil del tiburón Phoebodus.

Este misterio alrededor de la apariencia y fósiles del animal se vio disipado recientemente gracias al estudio publicado en Procedings of the Royal Society. Este fue conducido por Christian Klug y el equipo estuvo conformado por los investigadores: Linda Frey, Michael Coates, Michał Ginter, Vachik Hairapetian, Martin Rücklin e Iwan Jerjen.

Todo comenzó cuando un miembro de la población indígena de Bereber, en el Norte de África, descubrió un fósil en la región de las montañas Anti-Atlas, en Marruecos. Luego de encontrarlo, este lo llevó con el paleontólogo Klug, quien de inmediato notó que no se trataba de una especie antes vista.

Pronto el fósil fue asociado con los fósiles de dientes de tres cúspides encontrados con anterioridad. En pocas palabras, se descubrió que se trataba de un Phoebodus fosilizado en condiciones casi perfectas –un detalle poco común debido a que la gran cantidad de cartílago y los pocos huesos que tienen los tiburones, hacen que sus restos no se conserven mucho en el tiempo.

Esto es lo que se sabe sobre el antiguo Phoebodus

Gracias a los nuevos fósiles que se descubrieron en las montañas Anti-Atlas, fue posible descubrir muchas nuevas características. Una de las más resaltantes es que este antiguo animal podría haberse parecido al actual tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus). Incluso, podría creerse que este se trata de un milinario ancestro común de la pequeña familia a la que esta última especie pertenece: la Chlamydoselachidae.

Por estos motivos, se cree que el tiburón tenía un cuerpo fino y alargado coronado por unas mandíbulas grandes y abultadas. Según esto, es posible creer que su método de alimentación era parecido al del actual pez de agua dulce conocido como Garpike. Este último puede atrapar a sus presas dentro de sus mandíbulas con una veloz y rotunda envestida que no les da oportunidad de escapar.

Algunas preguntas seguirán sin respuesta

Fotografía de: Kevin Aitken de www.marinethemes.com

A pesar de que muchas áreas sobre el estilo de vida del Phoebodus han salido a la luz gracias a estos descubrimientos, aún falta mucho por saber de este gran animal. Por ejemplo, lastimosamente en ningún fósil hasta la fecha se han conservado una muestra de la forma de las aletas traseras del animal.

Sin ellas, por los momentos sería imposible decir de qué modo de desplazaba este por el océano. Asimismo, es poco lo que se ha podido revelar también sobre los rituales conductuales del animal. Por ahora, si queremos saber más sobre estas criaturas, nos tocará esperar con ilusión la realización de un milagroso descubrimiento.

Referencia:

The early elasmobranch Phoebodus: phylogenetic relationships, ecomorphology and a new time-scale for shark evolution: https://doi.org/10.1098/rspb.2019.1336