La lactancia materna es uno de los fundamentos de la salud, el desarrollo y la supervivencia infantil. Los sustitutos de la leche materna, las llamadas fórmulas lácteas, están asociadas con influencias negativas en las prácticas de lactancia materna y problemas de salud posteriores y, como con todos los alimentos, su producción y el consumo conllevan un costo ambiental.

Los sustitutos de la leche materna son productos destinados a complementar o reemplazar la leche materna en la alimentación infantil. Se estima que la venta de estos productos ha aumentado aproximadamente un 8 por ciento interanual a nivel global.

Costo ambiental calculado

En este entorno, investigadores del Colegio Imperial de Londres calcularon el costo ambiental de los sustitutos de la leche materna, y argumentaron que la innecesaria producción de fórmulas lácteas exacerba el daño ambiental y debería ser motivo de creciente preocupación mundial.

La industria alimentaria, particularmente la producción de carne y lácteos, contribuye con la emisión de alrededor del 30 por ciento de los gases de efecto invernadero globales.

Los investigadores señalan que la producción de las fórmulas lácteas no solo produce cantidades significativas de gases de efecto invernadero debido a la cría exacerbada de vacas lecheras, sino que también agota el agua y la electricidad, además de producir desechos.

Los entes de salud de todo el mundo alientan a las madres a amamantar a sus hijos durante al menos los primeros seis meses después del nacimiento, ya que la leche materna suministra todos los nutrientes necesarios en las cantidades exactas, protegiendo a los bebés de enfermedades.

Sin embargo, las tasas de lactancia registradas no son alentadoras en este sentido. A nivel mundial, solo el 41 por ciento de los más de 140 millones de bebés nacidos anualmente son amamantados hasta los seis meses.

Huella ambiental

El equipo de investigación calculó que la lactancia materna durante seis meses ahorraría entre 95 y 153 kilogramos de dióxido de carbono por bebé, en comparación con la alimentación en base a fórmulas lácteas. Esto significa que si todas las madres en el Reino Unido siguieran las pautas recomendadas, equivaldría a sacar de la carretera entre 50.000 y 77.500 autos cada año.

La leche materna suministra todos los nutrientes necesarios en las cantidades exactas, protegiendo a los bebés de enfermedades.

La industria alimentaria, particularmente la producción de carne y lácteos, contribuye con alrededor del 30 por ciento de los gases de efecto invernadero globales. La mayoría de las fórmulas se basan en leche de vaca en polvo, y el metano del ganado es un potente y significativo gas de efecto invernadero, además de que la leche de vaca tiene una huella hídrica de hasta 4.700 litros de agua por kilogramo de leche en polvo.

Además, la fórmula infantil en polvo tiene que ser calentada a por lo menos 70 ° C durante su producción, lo que requiere un uso de la energía equivalente a la carga de 200 millones de teléfonos inteligentes en un año.

Otros costos para el medio ambiente incluyen el uso de papel, desechos plásticos y el transporte en múltiples etapas en la producción, distribución y venta de estos productos.

En contraste, explican los autores de la investigación, la lactancia materna utiliza pocos recursos y produce un desperdicio mínimo o nulo. Como tal, el equipo sugiere la toma de medidas urgentes para apoyar la lactancia materna como parte de un compromiso global para reducir la huella de carbono en todas las esferas de la vida.

Referencia: Formula milk contributes to environmental degradation and climate change. The BMJ, 2019. https://doi.org/10.1136/bmj.l5646