La leishmaniasis es una enfermedad causada por un protozoo parásito del género Leishmania, del cual existen más de 20 especies diferentes. La forma más grave se conoce como leishmaniasis visceral, también conocida como kala azar, y según los datos publicados por la Organización Mundial de la Salud, es mortal en el 95 por ciento de los casos.

La enfermedad es endémica en África Oriental e India, y las cifras oficiales indican que el 90 por ciento de los casos provienen únicamente de seis países: Brasil, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, India y Bangladesh.

Ahora un nuevo estudio realizado por brasileños ha identificado una nueva especie de parásito que puede cauar una enfermedad similar a la leishmaniasis visceral. Lo preocupante del caso no es solo que puede transmitirla, sino también que este parece ser resistente a los tratamientos disponibles en la actualidad, según el artículo publicado en la revista Emerging Infectious Diseases.

Un caso atípico de leishmaniasis

El primer caso corresponde a un hombre de 64 años de edad, que recibió tratamiento por primera vez en 2011 al presentar los síntomas clásicos de leishmaniasis visceral: fiebre, agrandamiento del bazo y el hígado, así como la disminución de la producción de todo tipo de células sanguíneas, una condición conocida como pancitopenia.

La leishmaniasis es causa por más de 20 especies del género Leishmania, las cuales pueden generar los tipos visceral, cutánea y difusa. Pero ahora parece haber una nueva especie implicada.

Según dijo Roque Pacheco Almeida, profesor de la Universidad Federal de Sergipe (UFS), jefe del Laboratorio de Biología Molecular del Hospital Universitario e investigador afiliado al CRID, el paciente recibió el tratamiento estándar y mostró mejoría, pero cuatro meses después sufrió una recaída. Ante ello, recibió el medicamento más eficiente en dichos casos, anfotericina B liposómica, y en efecto, su condición mejoró, pero presentó una segunda recaída ocho meses después.

El paciente desarrolló una erupción papular en todo el cuerpo, un síntoma para nada característico de la leishmaniasis visceral. Ante la gravedad, debió someterse a una cirugía en la que extirparon su bazo, como se recomienda en aquellos casos que no responden al tratamiento. Por desgracia, el paciente murió después de varias recaídas.

Los investigadores decidieron estudiar este caso con mayor profundidad, y en la biopsia de las lesiones cutáneas encontraron que las células de defensa estaban llenas de parásitos, los cuales fueron aislados y criopreservados para análisis posteriores. También tomaron muestras de la médula ósea durante las recaídas y muestras del bazo después de su extracción.

Una infección con dos parásitos diferentes

En un principio, el equipo pensó que el paciente se había infectado por Leishmania infantum, identificado como el causante de las leishmaniasis visceral. Sin embargo, las pruebas diagnósticas aplicadas a los parásitos aislados de la médula ósea y las lesiones cutáneas no fuero concluyentes.

Los investigadores utilizaron ratones para estudiar la enfermedad, a los cuales infectaron con las muestras aisladas de la piel con erupciones extraída del paciente. Estos también desarrollaron lesiones cutáneas y presentaron un ligero daño hepático.

Sin embargo, observaron que en algunos casos los síntomas cutáneos fuero mucho más agresivos, en los casos de infección con Leishmania major, la especie que causa la leishmaniasis cutánea. Mientras que los animales infectados con las muestras de médula ósea mostraron síntomas de leishmaniasis visceral, como hígado y bazo infectados, sin afección de la piel.

Nos dimos cuenta de que el paciente podía estar infectado con dos parásitos diferentes, de ahí la gravedad de su condición“, dijo Almeida.

Fue entonces cuando los investigadores decidieron hacer un análisis el genoma completo de los parásitos aislados en las muestras del paciente para identificar el parásito en cuestión dentro de amplia gama de especies.

También teníamos muestras de otras especies de Leishmania secuenciadas. Incluían L. amazonenses, L. braziliensis y L. infantum, todas las cuales teníamos en nuestro laboratorio“, indicó João Santana da Silva, profesora de la Facultad de Medicina Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FMRP-USP) y miembro del Centro de Investigación sobre Enfermedades Inflamatorias (CRID).

En el nuevo estudio, el equipo comparó los genomas de los parásitos aislados de la piel y de la médula ósea del paciente y concluyeron que se trataba de la misma especie, la cual podía infectar tanto la piel como los órganos internos.

Para dar mayor peso a su hallazgo, analizaron también el genoma completo de parásitos presentes en muestra de otros pacientes en Aracaju que no respondían al tratamiento, los cuales coincidían con esta nueva especies. “Otros 150 aislamientos están esperando secuenciación y análisis de genoma completo“, señaló Sandra Regina Costa Maruyama, investigadora del Departamento de Genética y evolución en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar).

Investigaciones centradas en Cridia sergipensis

Según la coautora, estos resultados sugieren que la mayoría de los protozoos presentes en los 150 aislamientos coinciden con el perfil de Cridia sergipensis. Ahora el desafrío está en descubrir el origen de este patógeno y de qué forma invade el cuerpo de los humanos.

Los investigadores creen que Cridia sergipensis podría haber surgido del cruce entre Leishmania y otro género, o de una mutación genética que le ha dado a Crithidia la capacidad de infectar mamíferos. Aunque también se maneja la hipótesis de que siempre haya existido en la naturaleza y simplemente llegaron a los humanos cuando estos invadieron su espacio.

Ahora los nuevos estudios deberán centrarse en la búsqueda de medicamentos que puedan matar al nuevo parásito de manera eficiente, para lo cual ya se están haciendo pruebas con varios compuestos.

Referencia:

Non-Leishmania Parasite in Fatal Visceral Leishmaniasis–like Disease. https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/25/11/18-1548_article