Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, para 2016 más de 1900 millones de adultos tenían sobrepeso y más de 650 millones eran obesos. Además, este problema, comúnmente relacionado con los países de altos ingresos, también se ha hecho prevalente en los países de ingresos medianos y bajos.

Contrario a lo que muchos piensan, los países de altos ingresan también tienen niveles considerables de inseguridad alimentaria. Algunos países subdesarrollados tienen problemas con los cultivos o la escasez de alimentos, o bien con las condiciones salubres en la comercialización de estos, mientras que otros más desarrollados tienen una amplia variedad de negocios de venta de comida, supermercado y, sobre todo, poder adquisitivo para disfrutar de ellos.

Se trata de algo bastante paradójico, pues en estos últimos sí existe la inseguridad alimentaria y esta relacionada con el exceso de sobrepeso. Lo más preocupante en torno a ello es que la obesidad por lo general genera problemas de salud mayores, como la diabetes, trastornos metabólicos y enfermedades cardíacas.

Y ahora una nueva investigación realizada por profesionales de la Universidad de California en San Francisco encontraron que los adultos jóvenes en los Estados Unidos padecen inseguridad alimentaria no solo por su propensión a ser obesos, sino también a trastornos asociados con un alto índice de masa corporal y afecciones respiratorias como el asma.

Estrés crónico derivado de la inseguridad alimentaria

Este estudio, publicado en la revista Journal of General Internal Medicine, define la inseguridad alimentaria como la falta de “alimentos suficientes, seguros y nutritivos que satisfagan las necesidades y preferencias dietéticas de los individuos para una vida activa y saludable“.

La coautora Sheri Weiser, del Departamento de Medicina de la UCSF, señala que la inseguridad alimentaria provoca un estrés crónico que puede contribuir a la resistencia a la insulina, la obesidad y la presión arterial alta

“El estrés puede activar el sistema neuroendocrino y estimular la liberación de glucocorticoides, lo que puede alterar el metabolismo, aumentar la acumulación y el almacenamiento de grasa y amplificar el comportamiento de atracones”.

La relación entre la inseguridad alimentaria y la diabetes

La diabetes, por medio del sobrepeso y la insuficiencia a la insulina, se considera una consecuencia de la inseguridad alimentaria.

Jason Nagata, del Departamento de Pediatría de la UCSF y coautor de esta investigación, explica que la inseguridad alimentaria tiene una “naturaleza cíclica” observable en los cheques de pago mensuales y la asistencia alimentaria. Este patrón puede promover la resistencia a la insulina por la alternancia de los períodos de abundancia y los períodos de escasez de alimentos, y como hemos dicho en otras oportunidades, derivar en diabetes.

Aunque en lo que respecta a la diabetes, también influyen otros factores como el consumo de alimentos más económicos pero con un alto contenido calórico distribuido en grasas y carbohidratos acompañado de muy poca ingesta de frutas y verduras frescas.

Los investigadores se encargaron de rastrear cerca de 14,786 adultos jóvenes con edades comprendidas entre 24 y 32 años de edad, representativos de sus pares en todo el país, y encontraron que el 11 por ciento de estos tenía inseguridad alimentaria. De estos, más del doble informó que su médico le había diagnosticado diabetes.

También observaron una diferencia del 7 por ciento entre los grupos de jóvenes con incidencia de obesidad: 36 por ciento representó el grupo de seguridad alimentaria en comparación con el 43 por ciento del grupo con inseguridad alimentaria.

El grupo de participantes calificado con inseguridad alimentaria también tuvo mayores probabilidades de informar que un proveedor médico les informara que tenían presión arterial elevada. Estos representaron el 16 por ciento, mientras que el 11 por ciento correspondía a participantes con seguridad alimentaria.

Inseguridad alimentaria y problemas respiratorios

Como mencionamos al principio, los problemas respiratorios también están relacionados con la inseguridad alimentaria. En el estudio, el 21 por ciento de los participantes con inseguridad alimentaria afirmó que un proveedor médico les informó que tenía alguna enfermedad obstructiva de las vías respiratorias como la bronquitis crónica o el enfisema, en comparación con el 14 por ciento de los participantes con seguridad alimentaria.

También se observó una mayor tasa de tabaquismo en el grupo de inseguridad alimentaria, correspondiente al 46 por ciento en comparación con el 28 por ciento obtenido para el grupo con seguridad alimentaria. Esto, aunado a la mayor susceptibilidad a las infecciones, puede aumentar el riesgo de asma y bronquitis.

Inseguridad alimentaria y depresión

La inseguridad alimentaria también ha sido relacionada con depresión. intensos de suicidio y problemas para dormir.

Nagata también dirigió un segundo estudio en el que encontró que la misma cohorte de adultos jóvenes con inseguridad alimentaria presentaba un mayor riesgo de sufrir trastornos psicológicos en comparación con sus pares con seguridad alimentaria. Entre ellos, figuraban trastornos de ansiedad o de pánico, así como dificultades para conciliar el sueño y permanecer dormidos.

El 29 por ciento de los participantes con inseguridad alimentaria tenía un diagnóstico de depresión en comparación con el 15 por ciento del grupo de seguridad alimentaria. De manera similar, el 3.6 por ciento de los participantes con inseguridad alimentaria informó un intento de suicidio en los últimos 12 meses, mientras que en el grupo de seguridad alimentaria solo el 1.3 por ciento.

Referencia:

Food Insecurity in Young Adults Raises Risk for Diabetes, High Blood Pressure, Asthma.  https://www.ucsf.edu/news/2019/10/415541/food-insecurity-young-adults-raises-risk-diabetes-high-blood-pressure-asthma