El Parkinson se trata de una de las enfermedades neuronales más frecuentes en todo el mundo. A diferencia a otras, por lo general esta se origina, no de forma hereditaria –ya que representa solo el 5% de los casos–, sino, circunstancial.

Básicamente, puede que la conjunción de ciertos factores genéticos y ambientales cause que esta se haga presente. Hasta el momento, se han planteado variadas causas como el verdadero origen de esta enfermedad.

Sin embargo, la verdad es que, en esa área, aún queda mucho por investigar. Por otro lado, cuando hablamos de posibles tratamientos, son muchísimos los que se han desarrollado con el fin de intentar, combatir, contener y hasta eliminar este padecimiento.

Un deterioro silencioso

No obstante, debido a que el proceso de diagnóstico aún no es claro, las terapias siempre llegan al andén cuando el tren ya salió. En pocas palabras, las acciones de las mismas están mayormente orientadas a contener los daños que ya se han hecho y no a prevenir que haya más.

Como sabemos, el Parkinson se da por la muerte de una serie de neuronas que están en nuestro cerebro y que se encargan de recular la movilidad del mismo. A falta de estas, entonces los procesos motrices de nuestro organismo se descontrolan.

Lastimosamente, las consecuencias físicas solo se muestran cuando ya al menos un 50% de esta ha muerto. Por ello, al momento de que el Parkinson sea diagnosticado, ya los pacientes tienen un irreversible daño en el 50% de su capacidad locomotora.

El defecto que tiene la clave para detectar esta enfermedad

Un reciente estudio, encabezado por la doctora Xinnan Wang de la Escuela de Medicina en la Universidad de Standfor, ha demostrado que tal vez ya no tengamos que vivir más en esta incertidumbre. Dentro de sus análisis, fueron capaces de notar un defecto en el área mitocondrial que podrían ser la causa de la muerte neuronal.

Los procesos “respiratorios” que realizan las células son vitales para el organismo, pero también liberan radicales libres –unos productos tóxicos para el organismo. El cuerpo, por lo general, tiene su propio sistema de “reciclado celular” en el que estos compuestos son eliminados.

Para ello, de la mitocondria es necesario separar y extraer lo que se conoce como Miro. En los pacientes con Parkinson y en las personas con un alto riesgo comprobado de serlo, esta proceso no era llevado a cabo adecuadamente y el Miro no era extraído.

Con esta información, la doctora Wang espera que en solo unos años ya sea posible tener test generalizados que permitan reconocer esta enfermedad. De ese modo, podrán comenzar a tratarla antes de que se manifieste y tenga consecuencias irreparables.

Estas moléculas podrían llegar a frenar su avance

Luego de tener estos datos, la doctora Wang y su equipo se dedicaron a aislar y analizar los datos de más de 6 millones de moléculas que se encontraban almacenados en Atomwise Inc. De ellas, lograron identificar 11 que podían cumplir la función de restituir el proceso natural de separación del Miro.

Gracias a estas moléculas, especula la doctora Wang, podría ser podible ayudar a los pacientes con altos riesgos de padecer la enfermedad. Ya que, en aquellas moscas que la tenían (dentro de su experimento) estos ayudaron a que no avanzara y en varias de las que eran propensas a tenerla las moléculas evitaron su aparición. Aún es necesario continuar investigando, pero parece que cada vez estamos más cerca de encontrar una solución a este padecimiento que ya afecta a más de 35 millones de personas en el mundo.

Referencia:

Miro1 Marks Parkinson’s Disease Subset and Miro1 Reducer Rescues Neuron Loss in Parkinson’s Models: https://doi.org/10.1016/j.cmet.2019.08.023