Es de conocimiento común que el ejercicio es saludable para los pacientes cardíacos, pero existe controversia en cuanto a la frecuencia y la intensidad de la actividad física recomendada.

Las pautas internacionales sugieren a pacientes con enfermedad coronaria estable, de 30 a 60 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a vigorosa, preferiblemente todos los días de la semana. Esta recomendación se deriva de un único metanálisis cuyo 80 por ciento de los estudios incluidos datan del siglo pasado.

Frecuencia e intensidad

Pero observaciones recientes desafían este dogma. Un análisis de la estabilización aleatoria de la placa aterosclerótica demostró que los niveles de ejercicio habituales aumentados se asociaron con una mortalidad más baja.

Los paciente que se ejercitaron con mayor frecuencia e intensidad no tuvieron mejores resultados.

No obstante, el análisis también reveló que, en comparación con los más altos, el beneficio fue más pronunciado en pacientes con niveles de ejercicio más bajos. Adicionalmente, no se observó una relación entre menores tasas de infarto de miocardio y de accidente cerebrovascular y una mayor intensidad o frecuencia de actividad física.

Por lo tanto, no está claro qué frecuencia e intensidad del ejercicio están relacionadas con mejores resultados.

A fin de determinar la relación entre el nivel de ejercicio y el mejor beneficio, un equipo de investigadores examinó los determinantes más importantes de la actividad física en personas con pacientes con enfermedad coronaria.

Para ello, el equipo analizó datos de CLARIFY, un registro longitudinal observacional prospectivo de pacientes con enfermedad estable de las arterias coronarias, que inscribió a 32.370 pacientes de 45 países, a quienes se les dio seguimiento durante cinco años.

Mayor actividad no se traduce en mejores resultados

De acuerdo a la actividad física autoinformada, los pacientes se dividieron en cuatro grupos: sedentarios (16,1 %), solo actividad física ligera la mayoría de las semanas (51,4 %), actividad física vigorosa una o dos veces por semana (16,8 %) y actividad física vigorosa tres o más veces por semana (15,7 %).

Los investigadores insisten en que los pacientes con enfermedad coronaria deben evitar el sedentarismo.

Los investigadores encontraron que, en comparación con el grupo de actividad ligera, los pacientes que hicieron ejercicio vigoroso una o dos veces por semana tuvieron el riesgo más bajo de registrar muerte cardiovascular, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular.

Del mismo modo, se pudo evidenciar que la actividad más frecuente no condujo a mayores beneficios y que los pacientes sedentarios tuvieron el mayor riesgo.

En referencia a los resultados observados, el doctor Simone Biscaglia, catedrático en el Instituto Cardiovascular de la Universidad de Ferrara y coautor de la investigación, manifestó:

“Los pacientes con enfermedad coronaria estable deben evitar el sedentarismo. El objetivo debe ser hacer ejercicio todas las semanas, pero no plantearse realizar la frecuencia más alta posible, ya que es poco probable que sea sostenible y, como muestra este estudio, no se traduce en mejores resultados”.

En conclusión, señalan los autores del estudio, la actividad física vigorosa realizada una o dos veces por semana se asoció con una mortalidad cardiovascular –y  por todas las causas– sustancialmente menor en comparación con los pacientes que no realizan o tienen un nivel bajo de actividad física. Sin embargo, la actividad vigorosa más frecuente no se asoció con mejores resultados.

Referencia: Relationship between physical activity and long-term outcomes in patients with stable coronary artery disease. European Journal of Preventive Cardiology, 2019. https://doi.org/10.1177/2047487319871217