El acné es una común afección cutánea presente en millones de rostros a nivel global. Se sabe que las pápulas, pústulas y puntos negros comienzan a formarse cuando las células y componentes lípidos muertos de la piel obstruyen los pequeños folículos capilares, creando un espacio propicio para que un microbio común, Cutibacterium acnes, se aposte.

Pero solo algunos poros obstruidos se hinchan y forman granos rojos. Eso sucede cuando nuestras propias células inmunes se precipitan y responden provocando inflamación. Incluso para los dermatólogos, las complejidades de esta respuesta inmune aún no están claras o bajo control.

Cambios en el microbioma de la piel

Tradicionalmente, los médicos han pensado que el acné es una afección crónica de la piel, como la psoriasis, que causa enrojecimiento y protuberancias en la cara. Pero en un reciente estudio, un equipo de científicos húngaros argumenta que el acné es más un estado inflamatorio transitorio natural, aparentemente importante para el desarrollo de los adolescentes.

Si bien puede ser una condición traumática de soportar, los investigadores especulan que el acné podría ser una experiencia de aprendizaje para el sistema inmunológico.

Utilizando la investigación existente en modelos animales, experimentos en muestras de piel humana y datos genéticos, los investigadores concluyeron que todo se reduce a cambios relacionados con la edad en el microbioma de la piel.

La mayoría de las personas pasan por la infancia con una piel intachable, pero algo cambia con la llegada de la pubertad, específicamente en las glándulas sebáceas. Estos sacos microscópicos, que están unidos a los folículos capilares, bombean aceite para mantener la piel lubricada.

Pero estas glándulas son particularmente agresivas en la pubertad, cuando nuestros sistemas están inundados de hormonas andrógenas, que estimulan la producción de sebo, entre otras funciones transformadoras.

Respuesta inmune

Los autores sostienen que esta alta producción de componentes grasos en los adolescentes propicia la acción de microorganismos como C. acnes.

El acné comienza a formarse cuando las células y componentes lípidos muertos de la piel obstruyen los pequeños folículos capilares.

Pero no prolifera cualquier C. acnes: la evidencia genómica indica que la bacteria existe en muchas cepas diferentes, algunas de las cuales son beneficiosas y otras tienen más probabilidades de provocar inflamación. Sintiendo que el microbioma está fuera de control, el sistema inmune se apresura en generar una respuesta.

Como es sabido, la adolescencia no dura para siempre, y la producción de sebo disminuye gradualmente a medida que pasa la pubertad. Los investigadores piensan que esto explica por qué el 85 por ciento de los adolescentes experimentan acné y por qué hasta el 50 por ciento de esos casos se resuelven espontáneamente.

Si bien puede ser una condición física y psicológicamente traumática de soportar, los investigadores especulan que el acné podría ser una experiencia de aprendizaje para el sistema inmunológico, que conduce a la piel “cristalina” que esperamos de la edad adulta.

Referencia: Acne: Transient Arrest in the Homeostatic Host–Microbiota Dialog? Trends in Immunology, 2019. http://dx.doi.org/10.1016/j.it.2019.08.006

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