El asma es una condición común definida como un trastorno inflamatorio crónico de las vías respiratorias que provoca episodios recurrentes de sibilancias, dificultad para respirar, opresión en el pecho y tos.

Existen muchos estímulos que pueden desencadenar estos síntomas, incluidos alérgenos (por ejemplo, polen, ácaros del polvo, caspa de animales), contaminantes, infecciones respiratorias, algunos medicamentos, sustancias irritantes (humo de cigarrillo, cloro en piscinas) y exposición al frío y al ejercicio.

¿Capacidad limitada?

Muchas personas se quejan de que el asma los detiene en medio del ejercicio, limitando su capacidad de realizar actividades físicas.

A pesar de que el término “asma inducida por el ejercicio” es utilizado ampliamente, se trata de un concepto inapropiado; esto se debe a que, excepto en una circunstancia muy específica, el ejercicio no causa asma, sino que puede desencadenar síntomas asmáticos.

Para los niños con la condición, la participación en juegos activos y deportes organizados es importante.

Es natural preocuparse de que el ejercicio pueda desencadenar los indeseables síntomas, especialmente si se ha experimentado un ataque de asma recientemente. Una cantidad importante de pacientes les mortifica que la práctica de alguna actividad física signifique un ataque de asma, lo que puede conducir a sentimientos de frustración.

Aunque puede sonar contradictorio, el asma tiene una alta prevalencia en atletas de élite y deportistas profesionales, lo que demuestra que el asma, si se maneja correctamente, no impide la práctica de actividades físicas o afecta el rendimiento deportivo.

El ejercicio se recomienda para personas con asma debido a los beneficios generales para la salud. Particularmente en los niños con la condición, la participación en juegos activos y deportes organizados es importante para que crezcan sanos.

Algunos tipos de ejercicio son menos propensos a generar síntomas de asma. Los deportes que requieren explosiones de energía, como el fútbol americano, béisbol, lucha libre o carreras de velocidad, son más “manejables” para los pulmones de personas asmáticas.

Sin desánimo

Si la preferencia apunta hacia deportes de resistencia como correr o andar en bicicleta, o deportes muy activos como el fútbol, es conveniente que, de la mano de un proveedor de atención médica, se pueda encontrar un tratamiento que funcione para este fin.

El asma tiene una alta prevalencia en atletas de élite y deportistas profesionales. En la imagen, el reconocido futbolista David Beckham.

Las actividades recreativas como caminar o caminar también son buenas opciones, pero el deporte principal para las personas con asma es la natación.

Esto se debe a que el aire cálido y húmedo que rodea la mayoría de las piscinas cubiertas relaja los tubos bronquiales, lo que permite el flujo suave de aire y estimula la función pulmonar. Sin embargo, algunas personas pueden verse afectadas por la inhalación de los subproductos del cloro utilizado en el tratamiento del agua de piscinas.

El yoga y tai chi también son actividades muy recomendadas entre las personas con asma, ya que, además de ayudar a controlar la respiración, permiten marcar el ritmo y promueven la relajación.

Teniendo esto presente, queda claro que cuanto mejor controlada esté el asma, menos exacerbaciones se presentarán durante la práctica de una actividad física. Pero independientemente del deporte, la temperatura y otros factores, se debe contar con un plan de acción claro ante un potencial evento contraproducente.

En este sentido, es recomendable establecer los pasos a seguir en caso de sentir los síntomas. Un medicamento de recuperación rápida, como un inhalador de rescate, puede brindar un alivio suficiente para volver a la acción, pero los síntomas más graves pueden requerir pasos de tratamiento más intensivos.

En definitiva, como lo demuestran muchos atletas y deportistas, tener asma no debería desanimar a las personas a practicar la actividad física de su preferencia.

Referencias:

Exercise and asthma: an overview. European Clinical Respiratory Journal, 2015. https://dx.doi.org/10.3402/ecrj.v2.27984