En la actualidad, es difícil encontrar un espacio de nuestro planeta o fuera de él que en no haya captado la atención de los científicos en algún momento. De hecho, son pocas las áreas o campos que a estas alturas se encuentren inexplorados.

No obstante, esto no indica que no se realicen nuevos descubrimientos a cada momento. En realidad, es una de las causas por las que constantemente nos vemos enfrentados con nueva información sobre el mundo en el que vivimos.

Para esta oportunidad, los científicos de la Universidad de California nos han hecho notar que no solo han existido los continentes que conocemos hoy en día –ni su versión fusionada en épocas antiguas–, sino que justo bajo nuestros pies se encuentran grandes formaciones de tierra continental entre el marga subterráneo.

Un origen mucho más antiguo de lo esperado

Originalmente, se creía que durante el proceso de división de los continentes actuales, partes de estos pudieron romperse y caer a las profundidades de la corteza terrestre. Sin embargo, las nuevas investigaciones reveladas por el equipo de la universidad californiana en Geochemistry, Geophysics, Geosystems, nos hablan de un origen totalmente distinto.

Gracias a sus hallazgos, en la actualidad es posible decir que estos tienen en realidad tantos años como la Tierra misma. Por ello, es parte de la teoría que estos podrían haber sido parte de los componentes que se formaron tras el evento nominado como “creador” del Universo tal y como lo conocemos el Big Bang.

¿Qué tienen que ver la Luna y los continentes subterráneos?

Sería posible pensar que estos dos elementos solo tendrían a la Tierra en común. Sin embargo, existe un evento antiquísimo que podría tenerlos eternamente relacionados.

Esto se puede explicar a través de la Teoría del Gran Impacto, la más aceptada entre aquellas que buscan explicar la formación de nuestro satélite natural. En ella, se cree que la Tierra en su estado más temprano sufrió una gran colisión con otro protoplaneta del aproximado tamaño de marte. A este se le suele conocer como Tea u Orféo.

Los fragmentos de ambos planetas originados por este choque son los que se cree que posteriormente se unieron para formar la Luna que ahora orbita la Tierra. Por ello, si los continentes subterráneos nacieron junto a nuestro planeta, estos debieron estar presentes al momento de la colisión. Debido a esto, ellos podrían haber presenciado el origen de esta. Si no es que  –incluso– fragmentos de ellos mismos forman parte de la masa lunar.

¿Cómo pudieron descubrir estos continentes ocultos?

Todo este proceso se dio a través del estudio de dos fenómenos naturales ampliamente conocidos: los terremotos y las erupciones volcánicas. En el caso de los primeros, al ocurrir se espera que estos viajen uniformemente por las placas tectónicas. Pero las variaciones de velocidad que sufrieron en determinadas áreas demostraron la presencia de formaciones rocosas anómalas que posteriormente se reconocieron como los continentes subterráneos.

Por otra parte, las erupciones volcánicas en territorios como Hawai e Islandia permitieron a los investigadores observar presencia de Helio-3 en sus emisiones. Este es un isótopo que solo hizo presencia al momento del Big Bang. Luego, se dedicaron a rastrear las “plumas del manto profundo” –los canales por los que asciende la lava– hasta que pudieron dar con el origen de estos en los continentes subterráneos. Asimismo, este hallazgo también permitió determinar que estos canales no suben a la superficie en una perfecta línea recta, sino que se mueven en zigzag alejándose mucho, en algunas ocasiones, de su verdadero origen.

Referencia:

Primitive Helium Is Sourced From Seismically Slow Regions in the Lowermost Mantle: https://doi.org/10.1029/2019GC008437