El trastorno del espectro autista (TEA) se define por los déficits en la comunicación social y la presencia de comportamientos e intereses restringidos y repetitivos. La mayoría de las personas con TEA también experimentan una o más afecciones comórbidas, incluyendo problemas neuropsiquiátricos, conductuales, médicos o cognitivos.

La diversidad entre los individuos afectados, tanto en términos de síntomas presentes como de su gravedad, presenta desafíos significativos para la caracterización de los procesos neurobiológicos asociados con el TEA y la determinación de los mecanismos fisiopatológicos involucrados.

Nuestro cerebro resuelve tareas complejas de manera simple

Enfoque dimensional

Los estudios de neuroimagen han identificado con éxito múltiples alteraciones cerebrales anatómicas y funcionales asociadas con el TEA, pero muchos de estos hallazgos han sido difíciles de replicar o de vincular con resultados clínicos.

Capacidad reducida para mantener niveles estables de salida sensoriomotora puede contribuir a múltiples problemas de desarrollo comunicacional, social y cognitivo.

Estos hallazgos sugieren que los enfoques dimensionales que caracterizan los vínculos entre el cerebro y los rasgos conductuales pueden ofrecer información importante además de los enfoques tradicionales de casos y controles que pueden no captar completamente la variación dentro de la población afectada por el TEA.

Con esto presente, un equipo de investigadores de la Universidad de Kansas, realizó un estudio cuyos resultados ofrecieron nuevas pruebas de que los cambios sensoriomotores en personas con autismo implican una organización cortical y subcortical anormal, lo que puede contribuir a problemas clínicos clave en los pacientes.

Para el estudio, los investigadores realizaron una prueba de fuerza de agarre de precisión a un grupo de personas diagnosticadas con autismo mientras se monitoreaba la actividad cerebral en una máquina de resonancia magnética.

Circuitos deficientes

A los participantes se les mostró una pantalla que contenía dos barras horizontales colocadas sobre un fondo negro. Los sujetos controlaban las barras de manera específica presionando un dispositivo en su mano derecha. La prueba también fue realizada por un grupo de personas neurotípicas, que sirvieron de control.

Para el estudio, los investigadores realizaron una prueba de fuerza de agarre de precisión a un grupo de personas diagnosticadas con autismo.

La prueba de agarre de precisión utilizada por los investigadores les permitió aislar y examinar una tarea y su actividad cerebral asociada al medir y comparar las diferencias entre 20 sujetos con TEA y 18 sujetos neurotípicos.

Los investigadores encontraron circuitos deficientes en áreas del cerebro que se sabe incorporan y ajustan dinámicamente el comportamiento motor en función de la información que está recibiendo. Sin embargo, se pudo observar que las personas con autismo compensan potencialmente esos déficits al usar otras áreas del cerebro.

Los investigadores descubrieron que la capacidad de los pacientes con TEA para integrar rápidamente información multisensorial y ajustar con precisión la salida motora se ve comprometida.

Además, esta capacidad reducida para mantener niveles estables de salida sensoriomotora puede contribuir a múltiples problemas de desarrollo que afectan las habilidades de comunicación social y el procesamiento cognitivo.

Los resultados de esta investigación no solo muestran que el cerebro está organizado de manera diferente en individuos con TEA en términos de su función para los comportamientos sensoriomotores básicos, sino que estas funciones pueden diferir entre las personas con autismo.

Referencia: Cortical and subcortical alterations associated with precision visuomotor behavior in individuals with autism spectrum disorder. Journal of Neurophysiology, 2019. https://doi.org/10.1152/jn.00286.2019

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