Parece el orden natural de las cosas: primero trabajo, luego diversión. Si terminas la cena, puedes tomar un postre; si terminas tu tarea, puedes jugar tus videojuegos. Es lo que los padres les enseñan a los niños, y también es cómo los adultos generalmente manejan sus propias vidas.

Pero los resultados de una investigación muestran que esta intuición puede estar equivocada, al encontrar que las experiencias de ocio tienden a ser placenteras independientemente de cuándo las experimentemos.

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Gratificación retrasada

Los autores del estudio especularon que podríamos estar dispuestos a postergar las actividades de ocio porque creemos que nos sentiremos demasiado culpables o distraídos para disfrutarlo por completo hasta que la obligación fuera culminada.

Los investigadores señalan que podríamos estar sobrecargados y trabajando demasiado para obtener recompensas futuras que podrían ser igual de placenteras en el presente.

Debido a que tenemos dificultades para predecir con precisión cómo nos sentiremos en el futuro, los investigadores plantearon la hipótesis de que es probable que pasemos por alto lo absorbentes e inmersivas que pueden ser las actividades de ocio.

Tras encuestar a miembros de una comunidad universitaria, los investigadores encontraron evidencia en apoyo de su hipótesis inicial: las personas informaron constantemente que las experiencias placenteras serían menos agradables si ocurrieran antes de un esfuerzo o una experiencia negativa.

Para investigar si estos hallazgos se mantendrían en un entorno experimental, los investigadores invitaron a 259 estudiantes, que estaban próximos a presentar exámenes parciales, para que fueran al laboratorio a disfrutar de una experiencia de spa.

Algunos de los estudiantes pasaron tiempo en una habitación tranquila con una silla de masaje, un baño de pies, velas aromáticas y música relajante, mientras que otros solo imaginaron cómo sería la experiencia.

¿Momento indicado?

Los estudiantes que predijeron sus sentimientos acerca de la experiencia del spa, manifestaron que sería menos agradable si se disfrutaba antes de completar sus exámenes –en comparación con después– y sobreestimaron cómo los exámenes programados los distraerían de la experiencia.

De acuerdo a los autores del estudio, las experiencias de ocio tienden a ser placenteras independientemente de cuándo las experimentemos.

Si bien los estudiantes que realmente tuvieron la experiencia del spa estaban más distraídos por los exámenes parciales, esto no pareció disminuir su capacidad para disfrutar el momento de relajación.

Estos hallazgos sugieren que podríamos estar sobrecargados y trabajando demasiado para obtener recompensas futuras que podrían ser igual de placenteras en el presente. Esto es un problema, porque se ha demostrado que, entre otros beneficios, el ocio mejora nuestro trabajo.

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Se sabe que las personas suelen trabajar mejor y están más satisfechas con sus trabajos después de regresar de un periodo de descanso, lo cual es relevante, ya que disfrutar del trabajo ayuda a las personas a mantener sus objetivos a largo plazo.

Si la gente intuitivamente pospone las actividades gratificantes al final –siempre hay más trabajo que hacer– puede que no aprovechen estas oportunidades de ocio y terminen sintiéndose agotados o insatisfechos en el trabajo. Podemos seguir posponiendo hacer algo divertido para “el momento adecuado”, sólo para darnos cuenta de que ese momento parece nunca llegar.

Referencia: Worth the Wait? Leisure Can Be Just as Enjoyable With Work Left Undone. Psychological Science, 2017. https://doi.org/10.1177/0956797617701749

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