Varanus komodoensis, mejor conocido como el dragón de Komodo, endémico de algunas islas de Indonesia central, es el lagarto de mayor tamaño en todo el mundo. Es a causa de sus dimensiones, midiendo de dos a tres metros de largo, y pesando alrededor de 70 kilogramos (Kg) que es el superdepredador dentro del ecosistema al que pertenece.

Estos poseen una armadura ósea debajo de sus escamas, la cual, según una investigación reciente, cumple la función de proteger al animal de los únicos que pudieran darle la batalla y causarle daño: otros dragones de Komodo.

¿Qué es el osteodermo?

El osteodermo es una estructura de hueso que se encuentra en la piel o las escamas de algunos animales. Lo curioso de ello es que este, a pesar de estar compuesto por hueso, no forma parte de sus esqueletos.

Su presencia no se limita a un género en particular, pues se ha observado en animales no relacionados: dinosaurios como el Ceratosaurus, mamíferos como el extinto milodón y reptiles como los arcosaurios.

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Dada su amplia variedad, quizás no nos resulte tan extraño que esta osificación cumpla funciones bastante diferentes dependiendo de la especie en que se desarrolle.

Por ejemplo, en los cocodrilos, que pueden parecernos muy similares a los monstruos de Komodo, el osteodermo se encarga de captar calor, como si de calderas se tratar, de modo que la sangre que pase se caliente también y en su flujo transfiera calor a todo el cuerpo, un recurso esencial para el desarrollo de todas sus actividades.

Ahora bien, también se cree que este funciona como una característica sexual que influye en el cortejo. Sin embargo, al ver una estructura ósea como esta muchos podrían pensar primero que se trata de una herramienta de protección, dadas las zonas que suele recubrir.

Un dragón con armadura

Osteodermo que cubre el cráneo de un dragón de Komodo adulto. Crédito: UT Austin.

Los científicos saben que los dragones de Komodo tienen osteodermos desde de la década de 1920. En esa época, el naturalista William D. Burden detectó esta osificación en el animal, la cual consideró como un impedimento para la producción en masa de cuero de dragón.

A pesar de haber sido descubierto hace casi 100 años, la estructura había permanecido prácticamente inexplorada. Hasta que un equipo de investigadores se encargó de estudiar los esqueletos de dos especímenes de dragones de Komodo fallecidos: un adulto de 19 años y medio, y un bebé de apenas dos días de nacido. El adulto fue donado por el zoológico de Fort Worth, mientras que el bebé por el zoológico de San Antonio.

El método empleado para el estudio óseo fue la tomografía computarizada de rayos X de alta resolución para detallarlos y reproducirlos digitalmente. Este, en comparación con los que suelen aplicar a nivel clínico, fue un poco más agresivos a nivel de laboratorio. Usaron rayos X de mayor energía y detectores más finos con el fin de ver en el interior de las muestras con lujo de detalles.

Ahora bien, una de las limitaciones fue el tamaño de los equipos, muy pequeños en comparación con el espécimen a estudiar. Los investigadores solo pudieron escanear la cabeza del dragón de Komodo adulto.

Los dragones de Komodo tienen osteodermos únicos

Las tomografías computarizadas revelaron que los osteodermos del dragón de Komodo eran muy diferentes de los de otros lagartos similares, tanto en la forma como en la cobertura total.

Mientras que los osteodermos de otros lagartos presentaban una o dos formas y extensas áreas libres a lo largo de su cuerpo, las de estos animales exhibían cuatro formas diferentes y la cabeza totalmente cubierta por dicha osificación. Así lo confirmó Jessica Maisano, científica de la Facultad de Geociencias Jackson de la Universidad de Texas, quien colaboró en el desarrollo de la tomografía:

“Estábamos realmente impresionados cuando lo vimos. La mayoría de los lagartos monitores solo tienen estos osteodermos vermiformes (en forma de gusano), pero este tipo tiene cuatro morfologías muy distintas, lo cual es muy inusual en los lagartos”.

La armadura solo dejaba libres algunas partes de la cabeza, como la región de los ojos, las fosas nasales, los márgenes de la boca y el ojo pineal, un órgano sensible a la luz en la parte superior de la cabeza.

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Un rasgo exclusivo de dragones de Komodo adultos

La armadura ósea se observó únicamente en el dragón de Komodo adulto, mientras que en la del bebé estaba ausente.

Los científicos también encontraron una diferencia notable entre ambos cuerpos. El dragón de Komodo adulto presentaba un prominente osteodermo, mientras que el bebé no exhibía dicho rasgo.

Partiendo de ello, se manejó la teoría de que esta armadura ósea es una característica de la adultez, momento en el cual estos animales empiezan a interactuar con otros similares y empiezan las peleas.

“Los jóvenes dragones de Komodo pasan bastante tiempo en los árboles, y cuando son lo suficientemente grandes como para salir de los árboles, es cuando comienzan a discutir con los miembros de su propia especie. Ese sería un momento en que la armadura adicional ayudaría”.

De hecho, el cuerpo adulto era uno de los más antiguos que vivían en cautiverio en el zoológico. Maisano estima que la edad avanzada puede contribuir a una armadura más extrema, como la observada.

Se trata de un descubrimiento bastante curioso, sin embargo, puede que no parezca tan novedoso en la percepción de los humanos. De manera similar a los dragones de Komodo, cuando nacemos somos frágiles y sensibles, y a medida que crecemos vamos creando corazas para evitar ser lastimados. ¡Qué hermosas metáforas nos plantea la naturaleza!

Referencia:

The Cephalic Osteoderms of Varanus komodoensis as Revealed by High‐Resolution X‐Ray Computed Tomography. https://anatomypubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/ar.24197

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