Ambas aplicaciones de viajes en auto compartidos están intentando posicionarse en el mercado a largo plazo. Sin embargo, el mantener la vista tan fija en el horizonte ha hecho que no vean las piedras que hay en el camino que ahora transitan.

No han sido pocas las quejas que han despertado entre sus conductores con respecto a las altas tarifas de comisión que les cobran por prestar sus servicios dentro de la app. Pero sí han sido realmente escasas las respuestas que ambas compañías les han ofrecido al respecto.

Originalmente, fue Uber la primera aplicación de viajes compartidos del mercado y aun actualmente es una de las más conocidas. No obstante, las características demasiado impersonales de su servicio causaron que muchos usuarios y conductores no estuvieran totalmente satisfechos.

En ese clima de insatisfacción, surgió Lyft como una alternativa más amigable e igual de buena para los usuarios. A pesar de que su llegada al mercado tuvo una muy buena acogida, pronto comenzaron a escucharse reclamos por las mismas circunstancias que enfrentaba su competidor más grande Uber.

Ninguna quiere reconocer los derechos de sus conductores

Actualmente, uno de los problemas más grandes con los que se enfrenta la compañía es su negativa a reconocer a sus conductores como empleados. Es decir, nos les dan ningún tipo de derechos laborales y se niegan a reconocer el valor del trabajo que estos realizan.

Esto último lo podemos ejemplificar claramente en el caso de Uber, que cobra un 25% de la tarifa del pago de cada viaje que realizan sus conductores. Esto tal vez no sería un problema tan grande, si las sumas obtenidas por cada travesía no fueran tan bajas.

Después de todo, tanto una como otra quieren destacar como una alternativa a las líneas de taxis preexistentes por sus precios mucho más asequibles. Sin embargo, a pesar de que ello está orientado a ofrecerle al usuario más comodidad por menos costo, también termina por volver casi insignificante el pago que reciben los conductores por su trabajo.

Uber y Lyft, en la mira por el movimiento #MeToo

Por otro lado, estas dos aplicaciones también se han metido en un gran dilema referente a sus usuarias. Gracias al avance del movimiento MeToo muchas compañías han estado haciendo movidas para sumarse a esta campaña.

Uber, por ejemplo, añadió un botón de pánico que las usuarias podían pulsar en cualquier momento durante el viaje si sentían que el comportamiento del conductor se estaba volviendo peligroso o inapropiado. Un año más tarde, Lyft se unió a esta idea y desarrolló uno propio.

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No obstante, ambas compañías –sobre todo Lyft– no han desarrollado políticas adecuadas para lidiar con estos casos. Muchas veces, sus acciones son solo evitar que la persona vuelva a ver al conductor, pero este no recibe ningún tipo de sanciones por su conducta inapropiada.

Tener la vista tan en el futuro, podría ser contraproducente

El anterior problema con sus clientes, a pesar de no tener toda la atención que merece, sí ha estado siendo tratado por las empresas. No obstante, cuando pensamos en los conductores –su fuerza de trabajo y verdadera fuente de ingresos–, podemos ver que no ha habido casi ningún cambio en sus políticas, a pesar de las múltiples protestas de estos últimos.

No es secreto para nadie que tanto Uber como Lyft pretenden mutar para ofrecer el mismo servicio a través de autos como piloto automático. Lastimosamente, hasta que las redes 5G no se vuelvan un factor común en todo el mundo, es muy poco probable que puedan implementar un sistema como este por lo menos en los próximos 5 años.

Esto los deja con un dilema, ya que han logrado crecer exponencialmente y de forma apresurada a cobrar tan altas tarifas, pero si continúan con este modelo, tendrán que ver cómo sus conductores migran a otras opciones antes de que siquiera puedan conseguir el primer automóvil con un piloto totalmente automático.

Un problema del presente

En estos momentos, una nueva compañía se encuentra saliendo de entre las sombras. Esta se encuentra principalmente radicada en los continentes europeo y africano –un par de localidades que ni Uber ni Lyft han podido abordar adecuadamente. El nombre de esta misteriosa compañía es Bolt.

Esta solo le hace un recargo de 15% a sus conductores por cada viaje –un 10% menos de lo que pide Uber. Por ello, estos son capaces de ver con más facilidad los frutos de su esfuerzo.

Asimismo, esta compañía no parece estar planeando subirse a la aún muy lejana ola de los coches inteligentes. Debido a lo cual, es muy posible que tenga las herramientas para reaccionar de mejor manera a los problemas del presente y no quedarse atorado en un limbo en el cual el ahora simplemente no encuentra cómo conectarse con el después.

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