En la actualidad, las mujeres con problemas cardiacos constituyen un tercio del total del grupo de personas afectadas con estos padecimientos. Por ello, sería lo natural pensar que, por su recurrencia en estos espacios, los sistemas de atención médica para estas deberían ser bastante avanzados.

Para estos momentos, la medicina ha logrado detectar tanto las causas biológicas como circunstanciales de este problema. Asimismo, ha podido diseñar métodos con los cuales detectarla tempranamente y curarla.

Es en este último punto en el que ahora hay que hacer hincapié. Pues, a pesar de que existen múltiples métodos para curar esta patología, ellos no son utilizados uniformemente en toda la población.

Las mujeres tienen menos acceso al LVAD que los hombres

Para reforzar este punto la investigadora Aditya A. Joshi, junto a un equipo compuesto por otras 14 personas se dedicó, a investigar si el sexo de las personas podía intervenir en el tipo de tratamiento que recibían. Ya en otras oportunidades había sido comprobado que las personas de color, de ascendencia hispana o sin un seguro médico tenían menos oportunidades de recibir los tratamientos más avanzados.

Asimismo, en previas investigaciones se había demostrado que las mujeres tampoco tenían tanta facilidad de acceso a los aparatos de asistencia cardiovascular. En los tiempos actuales, las investigadoras esperaban poder ver que la brecha se cerraba. Sin embargo ello no pasó.

Dieron  a conocer el estudio el 13 de septiembre de este año en AHA Journals – Circulation: Heart Failure. Allí mostraron los resultados que obtuvieron después de analizar los datos de tratamientos a pacientes con problemas cardíacos tratados con la implantación del LVAD (left ventricular assist device) desde el año 2004 al 2016 en todo Estados Unidos.

En total, la cantidad de datos que se dedicaron a observar y a estudiar ascendió hasta casi 30.000 hospitalizaciones. Para el año en el que iniciaba la investigación, las mujeres recibían el 25.8% del total de implantes. Esta cifra, en lugar de hacer lo esperado y aumentar, disminuyó hasta llegar en el 2016 a un 21.9%. Esto demuestra que, a pesar de que la tecnología ha avanzado desde entonces y los dispositivos son más pequeños y eficientes, las mujeres han sufrido una baja en la calidad de sus tratamientos.

¿Por qué esta diferencia?

A pesar de que esto pueda parecer inexplicable, la verdad es que existe un motivo detrás de ello. Las primeras generaciones de LVAD demostraron ser mucho menos eficientes en disminuir la probabilidad de muerte en las mujeres que en los hombres.

Por ello, no solía acostumbrarse sugerir tanto este tratamiento a las mujeres. No obstante, ya las nuevas generaciones de dispositivos se han encargado de cerrar esta brecha que ofrecía una justificación a la diferencia de disponibilidad del dispositivo para unos u otros.

Ahora que no existe ningún motivo de salud por el que esta deba existir es momento de comenzar a hacer un cambio. La doctora Joshi, primera autora del estudio, comenta: “Tenemos que ser más conscientes del sesgo implícito que nos hace elegir diferentes terapias para hombres y mujeres”, como un primer paso para comenzar a eliminar conscientemente esta situación.

Referencias:

Sex-Based Differences in Left Ventricular Assist Device Utilization: https://doi.org/10.1161/CIRCHEARTFAILURE.119.006082