Como ya todos sabemos, el Parkinson es una enfermedad compleja que compromete parte de las funciones motoras y mentales de los individuos. Por ello, no es raro que muchos de estos sientan que no pueden realizar una larga serie de actividades cotidianas que podrían ser beneficiosas para ellos.

Un ejemplo claro de esto son los necesarios ratos de ejercicio. Debido a su condición, salir a ejercitar al aire libre o ir a un gimnasio no siempre es la mejor opción. Por este motivo, muchas veces tienden simplemente a abandonar la idea.

Actualmente, no solo hemos descubierto los beneficios del ejercicio, sino que estamos tratando de entender cuáles implicaciones positivas podría tener al combinarse con tratamientos. Fue con esta visión que los miembros del Centro Médico de la Universidad de Radboud llevaron a cabo el experimento que comprobó mucho más de lo que se creía.

Se realizó una comparación entre dos grupos

Para poder hacer de estos resultados confiables, fue necesario que se trabajara con dos grupos. Ambos se trataban de individuos diagnosticados recientemente con Parkinson. Sin embargo, unos eran parte del grupo control y los otros del experimental. Eso sí, ninguno de ellos tenía idea de que el otro tenía exigencias distintas.

Para el caso del grupo control, estos solo fueron instruidos para realizar ejercicios de estiramiento en sus hogares. Por otro lado, el experimental fue encomendado con la tarea de hacer de 30 a 40 minutos de ejercicio en una bicicleta estacionaria por lo menos 3 veces a la semana.

Al inicio del estudio, todos los ambos grupos fueron sometidos a un examen completo para conocer el estado de la patología. Luego de los 6 meses de trabajo, otro examen fue realizado para comparar los resultados iniciales con los finales.

De este modo se motivó a los participantes a continuar

Si para una persona sana mantener una rutina de ejercicios constante puede ser difícil, para una que experimenta dificultades motoras lo es aún más. Por esta razón, los investigadores dotaron a todos los participantes con aplicaciones motivacionales que fueran midiendo su progreso y recompensándolos por ello con felicitaciones y refuerzos positivos.

Acá se presenta otra diferencia radical entre el grupo experimental y el control. Mientras que estos últimos solo contaron con las funciones ya mencionadas, los primeros tuvieron aplicaciones que añadían un toque lúdico a los ejercicios.

De este modo, contaban con otras motivaciones como la posibilidad de “competir” en una carrera virtual contra otros ciclistas. Asimismo, podrían incluso enfrentarse a ellos mismos al intentar superar su último mejor tiempo. Por si fuera poco, la aplicación ajustaba la intensidad a la capacidad física y frecuencia cardiaca de su usuario. Debido a esto, siempre promovía ejercicios aptos para el paciente.

Los resultados fueron mucho más de lo esperado

Al final del semestre de estudio, no solo fue posible notar que los que habían realizado ejercicio activamente tenían una mejor condición física que aquellos que solo habían estirado sus músculos. En realidad, también pudo notarse que su porcentaje UPDRS (Unified Parkinson Disease Rating Scale) hasta 4.2 puntos menor al del grupo control.

Con ello, estaríamos viendo mejores resultados en la detención de la progresión de la enfermedad en el tiempo que los presentados por otros tratamientos ya existentes. Asimismo, el uso del “exergaming” como lo llamaron, para hacer que los usuarios se comprometieran con el ejercicio, también se mostró prometedor como una forma de motivar a otros individuos con patología distintas al Parkinson. Con estos nuevos descubrimientos, cada vez estamos más cerca de comprender cómo la actividad física puede influir positivamente en la inhibición de la progresión del Parkinson a largo plazo.

Referencias:

Effectiveness of home-based and remotely supervised aerobic exercise in Parkinson’s disease: a double-blind, randomised controlled trial: https://doi.org/10.1016/S1474-4422(19)30285-6