Desde tiempos antiguos hasta la actualidad, han sido muchos los cambios que nos han llevado a percibir el mundo como lo conocemos hoy en día. En algún punto de nuestra historia llegamos a creer no solo que nuestro planeta era plano, sino que también llegamos a considerarlo el centro del universo.

Después de años de mantener estas creencias, los nuevos conocimientos fueron revelando la falsedad de las mismas. Hace menos tiempo, llegamos a creer que nuestro sistema solar era el único de la galaxia, y adivinen qué, estábamos equivocados de nuevo. Incluso fallamos al creer que había solo una galaxia.

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Así que este constante proceso de descubrimientos nos ha hecho abrir los ojos para comprender finalmente que es casi nulo lo que sabemos sobre lo que va más allá de nuestro planeta. Sin embargo, ello, más que un problema, se han convertido en una motivación para los científicos que constantemente buscan encontrar nuevas pistas que nos revelen información valiosa sobre lo que hay allá afuera.

Aún queda mucho por descubrir

Gracias a esta mentalidad es que se pueden realizar investigaciones como esta y contribuir con nuevos conocimientos al campo de la astronomía. En realidad, es por que ello que Björn Benneke y el equipo de investigación conformado por otros 14 científicos, lograron publicar el pasado 10 de septiembre en el portal de la universidad Cornell sus hallazgos.

El título del estudio fue: Vapor de agua en el exoplaneta de zona habitable K2-18b. Básicamente, este breve título explica con claridad el resultado final de tal investigación. Pero aun así, para entender mejor el significado de una afirmación como esta es necesario profundizar más.

Más allá de lo que conocemos

El exoplaneta K2-18b fue descubierto en el año 2015 junto a su hermano más pequeño y caliente K2-18a orbitando una enana roja a unos 110 años luz de distancia de la Tierra, específicamente, en la constelación Leo. Este primero se encuentra a una distancia de la estrella un poco mayor que la de su hermano, pero sigue siendo mucho más cerca de la misma de lo que está la Tierra del Sol.

Aunque las enanas rojas tiendan a producir unos pulsos de energía mucho menores, la cercanía lo compensa y hace que este planeta reciba unas cantidades de los mismos muy similares a las que recibe la Tierra. Por ello, dentro de todo, en términos energéticos, este cuerpo celeste cuenta con unas posibilidades muy similares a las del nuestro de ofrecer las condiciones necesarias para que haya vida.

De hecho, como para corroborar esta teoría se ha presentado la posibilidad de que este exoplaneta pueda contar con agua dentro de su atmósfera. No es que este detalle que no estuviera antes en otros pocos cuerpos celestes, pero sí cuenta con una peculiaridad que hace de este hallazgo algo único en la zona habitable.

¿Qué es lo que hace K2-18b una excepción a la regla?

Representación del exoplaneta K2-18b en la constelación de Leo. Atrás el exoplaneta K2-18a orbitando a su enana roja.

En términos generales, este planeta no es el primero en demostrar que tiene una composición en la que posiblemente pudiera haber o hubiese habido agua en algún momento. No obstante, sí se trata del primero en mostrar su presencia de forma casi contundente en la época actual.

Esto debido a que en su atmósfera ha sido posible corroborar la presencia de moléculas de hidrógeno. Asimismo, los procesos de condensación y evaporación que se podrían presentar en él han demostrado la presencia de la combinación vital de los elementos hidrógeno y oxígeno, es decir, H2O –o agua.

Con ello, se comprobaría el primer planeta en tener agua en un flujo continuo y actual. Es decir, una que no se encuentra congelada o que solo ha dejado surcos como prueba de su existencia hace miles de años, más bien una que continuamente se transforma y se mantienen en movimiento, tal como en la Tierra. Así, mientras más aprendemos sobre el universo, podemos notar que estamos muy lejos de ser el centro de este y, a la larga, las investigaciones podrían acercarnos cada vez más a un lugar similar al que llamamos hogar y, con suerte, con criaturas similares a nosotros e incluso mejores.

¿Podría haber vida en este planeta?

Por ahora, muchas de las moléculas de agua en el planeta han sido identificadas gracias a los espectros de luz que capta el telescopio Hubble’s Wide Field Camera 3. No obstante, haría falta uno incluso más poderoso para captar datos que provean de una confirmación más explícita a la presencia de agua en el cuerpo celeste. Para ello, se espera con ansias la llegada del telescopio James Webb Space Telescope en el 2021.

Más poderoso y con mejor tecnología, este nuevo dispositivo se encargará de dar respuestas sobre la presencia de las moléculas de hidrógeno en el ambiente planetario de K2-18b. Asimismo, podrá contarnos más sobre otras presencias que antes el Hubble’s Wide Field no haya podido registrar.

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Por ahora, nos toca esperar hasta que en el 2021 podamos obtener un nuevo trocito de información que nos permita colocar una pieza más en el rompecabezas por resolver de los misterios que nos trae el espacio. Luego de su confirmación, podría desarrollarse una sólida suposición de que en este exoplaneta existan las condiciones para que se desarrolle alguna forma de vida. Sin embargo, ello todavía está más en el campo de la ciencia ficción que de la ciencia real.

Después de todo, hasta la fecha no se ha podido comprobar que el exoplaneta cuente con una superficie terrosa como la del nuestro. De hecho, las investigaciones indican que su centro debería ser probablemente más rocoso y con grandes concentraciones de hielo. Por ello, mientras la ciencia sigue descubriendo más sobre el vasto universo del que formamos parte, aún debemos hacernos la pregunta: ¿De verdad estaremos solos?

Water Vapor on the Habitable-Zone Exoplanet K2-18b: https://arxiv.org/abs/1909.04642

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