En 1929, el psicólogo Wolfgang Köhler llevó a cabo una serie de experimentos en la la isla de Tenerife, en la cual se habla español, y observó una tendencia de la población a asociar la palabra “takete” con las formas puntiagudas, y “baluba” con las redondeadas.

Muchos años después, Vilayanur S. Ramachandran y Edward M. Hubbard repitieron el experimento usando las palabras “kiki” y “bouba” y le preguntaron a una gran cantidad de sujetos: “¿cuál de estas formas es bouba y cuál es kiki?”, presentándoles formas redondeadas y puntiagudas para que las nombraran.

Encontraron que entre el 95 y 98 por ciento de los participantes, quehablaban tanto idioma inglés como tamil, nombraron la forma redondeada como bouba y la forma puntiaguda como kiki.

Todo esto llevó a los científicos a pensar que el cerebro de los seres humanos tiene una manera de asociar ciertas formas a los sonidos, y estudios más recientes incluso han comprobado que esto se observa en niños de dos y años y medio de edad.

Ahora un equipo de investigadores ha decidido estudiar esta aparente capacidad de manera profunda, reclutando participantes con diferentes dificultades visuales a lo largo de su vida, y encontraron que existe un período sensible en la niñez en el que esta se desarrolla.

Un periodo sensible en la infancia

Sourav y sus colegas reunieron 15 participantes con ceguera congénita y permanente, 12 participantes que quedaron ciegos después de los 12 años, 30 participantes que nacieron con cataratas densas en ambos ojos y que luego recuperaron su visión luego de cirugía, 24 participantes cuyas cataratas surgieron antes de los 12 años y luego se les fueron retiradas, y 70 participantes con visión normal. Los datos fueron proporcionados por el Instituto LV Prasad Eye en Hyderabad en India, y la comunidad local en Hamburgo, en Alemania.

En un experimento, los investigadores les dieron a todos los participantes cuatro pares de objetos para que los tocaran con detalle dentro de una bolsa de tela opaca, de los cuales cada par tenía formas diferentes, ya fuera en sus bordes o a lo largo de su superficie. Entonces les pidieron que asociaran el objeto que a su parecer se asemejara mejor a una pseudopalabra que les proporcionaron.

Entonces notaron que las personas que nunca habían visto en su vida no mostraron un desempeño diferente al esperado, incluso si habían recuperado la visión posteriormente y los que desarrollaron cataratas antes de los 12 años. Estos no exhibieron una asociación sistemática de forma y sonido.

¿Cómo selecciona el cerebro humano lo que escucha entre diferentes sonidos?

El aporte visual en la niñez no se pierde aun cuando se pierda la visión

Ahora bien, los participantes con ceguera de inicio tardía y los que tenían una visión normal se desempeñaron mejor en las asociaciones de las formas de los objetos con determinados sonidos.

Suddha Sourav de la Universidad de Hamburgo y autora principal de esta investigación concluye ratifica que en su estudio no se encontró evidencia de asociaciones confiables de forma de sonido en participantes con ceguera congénita ni en aquellos con antecedentes de cataratas congénitas o de desarrollo infantil.

“Sin embargo, en individuos con ceguera permanente tardía cuya ceguera comenzó después de 12 años de visión típica, observamos una asociación típica de forma de sonido para objetos tocados que no era significativamente diferente del grupo de control típicamente vidente”.

Partiendo de ello, durante la infancia existe un periodo sensible en el que ocurren estas asociaciones de forma y sonido, sobre lo cual se resaltan dos aspectos importantes: para poder adquirir y estabilizar representaciones más adelante, es necesario que ocurra un aporte de información visual durante el desarrollo infantil. Una vez desarrollada esta capacidad de asociación, esta parece ser invulnerable incluso a cambios drásticos y duraderos, como la pérdida de la visión de hasta 39 años.

“Nuestros datos demuestran dos lados de los períodos sensibles: por un lado, la experiencia durante un período prolongado de desarrollo es un requisito previo para adquirir representaciones multisensoriales. Por otro lado, las representaciones adquiridas durante esta fase sensible no se pierden más adelante en la vida a pesar de ser dramáticas y cambios duraderos en el medio ambiente”.

Antes de esto, se sabía que las personas con ceguera congénita no podían realizar estas asociaciones y se ha confirmado. Estas asociaciones son el resultado de la experiencia sensorial, más no innatas.

Referencia:

A Protracted Sensitive Period Regulates the Development of Cross-Modal Sound–Shape Associations in Humans.http://DOI:10.1177/0956797619866625

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