En la sociedad actual todos estamos orientados a dar resultados. Por ello, cada vez con más frecuencia se evalúan detalladamente las actividades y habilidades que una persona es capaz de desarrollar.

Para algunos, esta presión puede convertirse en un motor más para avanzar, mientras que para otros puede ser un peso imposible de superar. A estos últimos, usualmente podemos encontrarlos haciendo las tareas a medias, a último minuto o evitándolas por completo. Debido a ello, llegan a ser estigmatizados con el calificativo de “perezosos” o irresponsables.

Sin embargo, la psicología podría traernos una nueva forma de ver estas situaciones. Con esta perspectiva, es posible que muchos comencemos a preguntarnos qué tan real es la pereza. Con estas reflexiones, podríamos terminar por ver que esta se trata de un calificativo dado por la sociedad, más que un comportamiento real repetido por las personas.

¿A quiénes calificamos como perezosos?

Por lo general, las personas que no cumplen con sus labores tienden acabar con este estigma. Asimismo, aquellas que repetidamente dejan sus tareas para último minuto, también terminan con este calificativo o con el de “procrastinadores”.

En todos los casos, se asume que las personas simplemente no desean realizar las actividades y por ende no las hacen. Sin embargo, esta visión tan dogmática impide ver las capas que se ocultan detrás de este comportamiento.

¿La pereza realmente existe?

Si lo vemos desde el punto de vista psicológico, podríamos a afirmar rotundamente que no. Cuando hablamos de no querer realizar una actividad, debemos notar que detrás de esta querencia se encuentra una fuerte falta de motivación.

Para poder comprenderla, es de gran importancia mirar las condiciones ambientales en las que se maneja la persona. Después de todo, según la opinión del profesor de Psicología Social, Devon Price, estas últimas pueden tener una influencia mucho mayor en el comportamiento de una persona que otras características como su personalidad, sus actitudes, sus costumbres u otras.

Asimismo, asegura que “Si el comportamiento de una persona no tiene sentido para ti, es posible que te estés perdiendo una parte del contexto”. Básicamente, si aplicamos este pensamiento a la “pereza” podemos ver que deja de ser un comportamiento aislado. De hecho, comienza a tratarse de la sumatoria de una cantidad de elementos ambientales que, seguido, pasan desapercibidos.

¿Qué es lo que se oculta detrás de ella?

Como ya lo mencionamos, “pereza” es solo la forma general y poco comprensiva que las personas han encontrado para reconocer estas actitudes. Para que podamos comprender un poco mejor las motivaciones que generan estos comportamientos, el psicólogo clínico, Leon F. Seltzer, dio a conocer los porqués más comunes.

Entre algunos de los que menciona, podemos encontrar una gran cantidad de carencias. Por ejemplo, tenemos la falta de disciplina –que se traduce en falta de autoestima y confianza en uno mismo–, la falta de interés en el trabajo –cuando este no motiva a la persona o no le gusta–; falta de apoyo emocional –que se trata de a ausencia de motivadores externos que den soporte a su motivación interna–; y la falta de un sentido de eficiencia –en el que la persona no se considera capaz de realizar satisfactoriamente una tarea y la deja de lado.

¿Cómo se relaciona la infidelidad con el comportamiento profesional?

Asimismo, también se encuentra otras situaciones como la necesidad de reconocimiento –esta se relaciona con la búsqueda de un apoyo al finalizar el esfuerzo, si este no llega, la motivación para repetirlo se ve mermada. En relación con este, también se puede encontrar la desconfianza en los resultados positivos de la tarea. Si la persona no ve que vaya a traer nada bueno para ella, ¿por qué debería intentarlo?

Por otra parte, el miedo puede tener un papel muy importante en esas actitudes también. El primero se trata del miedo al fracaso –por él, las personas prefieren no hacer nada a menos que tengan la absoluta seguridad de que todo saldrá bien y no cometerán ningún error. Sumado a ello, también se encuentra el miedo al rechazo. Por este, si considera que sus acciones serán juzgadas y que darán como resultado opiniones desfavorables, la persona prefiere paralizarse antes de tomar cualquier acción.

Finalmente, las actitudes que las personas tienen con respecto a las situaciones también pueden jugar un papel fundamental. Por ejemplo, existe la posibilidad de que se vea con pesimismo y hasta con hostilidad las tareas que se deben realizar. En consecuencia, prefieren no hacerlas ya que las relacionan con eventos negativos.

Asimismo, una de las condiciones más peligrosas es cuando las personas se paralizan por sentirse simplemente desmotivados. Es decir, cuando no ven el sentido o la utilidad de sus acciones. Esta línea de pensamiento está muy cerca de la depresión. Por ende, es muy importante que sea comprendida y tratada en lugar de señalada y criticada.

¿Cómo actuar ante la pereza?

Con el abanico de opciones que hemos comentado, es imposible pensar ahora que la pereza es solo un individuo que no desea trabajar. Detrás de esta fachada, está escondido todo un universo de motivos que, al comprenderlos, pueden tratarse.

Tal como lo afirma Price: “Es muy útil responder al comportamiento inefectivo de una persona con curiosidad en lugar de jugarlas”. Por esta razón, debemos concluir que aunque la “pereza” no es más que un término despectivo, las situaciones que causan estos comportamientos son completamente reales. En consecuencia, lo mejor sería comenzar a reconocerlas y aceptarlas, de forma que poco a poco puedan trabajarse y mejorar.

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